Por favor: ¡bajen los salarios!

¿Habrá que modificar la constitución para que sean los asalariados los encargados de conservar la
Ricardo Medina Macías

El clamor es impresionante: ¡bajen los salarios, que los mexicanos ya están ganando mucho! Tres voces ilustres, al menos, han encabezado esta patriótica cruzada contra los altos salarios en México.

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Primero fue el gobernador del Banco de México, don Guillermo Ortiz, quien suplicó moderación en los incrementos salariales debido a las “presiones inflacionarias” que la ambición de los trabajadores por ganar más, más, más (míralos qué ambiciosos) está causando.

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Tras escucharlo propuse que se modificara la Constitución para aclarar que, antes que al Banco de México, corresponde a los asalariados el mandato constitucional para conservar la estabilidad de los precios. A ver si me hacen caso.

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Después me encontré con unas luminosas declaraciones de Andrés Manuel López Obrador (con ese nombre sólo puede ser el futuro jefe de gobierno de la Ciudad de México o protagonista de telenovela exitosa) acerca de la necesidad de que los próximos funcionarios del gobierno del DF ganen menos.

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Algún periodista le objetó a don Andrés Manuel que si los funcionarios ganan menos que sus similares de otros gobiernos locales, o de las empresas privadas, podrían verse orillados a la corrupción o se ahuyentaría a profesionales competentes de esos puestos.

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Con santa indignación, y con la elocuencia que lo caracteriza, don Andrés Manuel refutó: “Esa es una visión de derecha; la idea de que si son reducidos los salarios habrá malos funcionarios es un manejo muy de derecha, muy de empresa”.

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Y, en beneficio de los tardos de entendimiento como un servidor, explicó: “Un gerente de Coca-Cola puede ganar mucho, pero no es lo mismo ser gerente de Coca-Cola que servir a los ciudadanos”.  Más claro ni el agua de Chalco.

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De paso, don Andrés Manuel aportó a la ciencia política una crucial precisión sobre las “derechas” y las “izquierdas”. En la “derecha” creen que también los funcionarios públicos son seres humanos de carne y hueso, con intereses y ambiciones personales. En la “izquierda”, por el contrario, “saben” que los “servidores públicos” son de otro plumaje, seres angelicales, muy por encima de las mezquindades terrenales y los egoísmos de esos pobres mortales que son gerentes de Coca-Cola.

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Si no me creen ahí tienen a don Andrés Manuel como ejemplo viviente de que sí existen esos seres sin intereses personales, ajenos a la baja pasión del egoísmo, nacidos para servir al pueblo.

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Otra razón, pues, para bajar salarios. Ganar mucho es un “manejo de derecha” y ¿quién, fuera del Gordo Basurto y el autor de esta columna, quiere ser hoy día de derecha?

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Tercera voz. Un hombre de empresa, forjador de un imperio de la panadería industrial por más señas, ilustre ideólogo que vela por la moral y las buenas costumbres de los televidentes, escribe un corto artículo pidiendo a las autoridades: “¡Por favor, devalúen!” Como se sabe, una devaluación es el método más efectivo para bajar los salarios reales de golpe y porrazo. (Los economistas le dicen: “Romper la inflexibilidad a la baja de los salarios”.) Con ello, argumenta el ideólogo, las empresas podrían recuperar márgenes de utilidad.

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Así pues, estimado lector, nada de quejarse por los bajos salarios. Al contrario: ¡están muy altos! Se necesitan bajar para: 1. Que el Banco de México no batalle con la inflación, 2. Situarse en un correctísimo “manejo de izquierda” y eludir un detestable “manejo de derecha” y 3. Ayudar a las empresas a mantener o acrecentar sus márgenes de utilidad.

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Precioso. Tanta unanimidad en contra de los altos salarios es conmovedora.

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Pero conmigo no cuenten.

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