Por las dudas, un blindaje

Se acerca el cambio de sexenio y, con base en la experiencia mexicana de las últimas tres décadas,
Luis Hernández Martínez

Poner a salvo los ahorros invertidos es una tarea constante, de todos los días. Sin embargo, hay ocasiones mucho más álgidas, donde se le debe prestar una atención especial, como la transición presidencial. Antes de las elecciones del 2 de julio ya hubo un aviso, cuando moderados ataques especulativos contra la moneda nacional sacudieron los mercados financieros. Y aún restan más de cuatro meses de tensión, antes del relevo gubernamental.

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Las autoridades quieren transmitir confianza y los analistas financieros especializados opinan que no habrá crisis económica sexenal o, por lo menos, no una de las dimensiones de la que estalló a finales de 1994, con el llamado “error” de diciembre.

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Sin embargo, como reza el refrán popular, “la mula no era arisca, así la hicieron los palos”. En el fondo prevalece la desconfianza. Los expertos dicen que no pasa nada, pero recomiendan estrategias preventivas –algunas conservadoras– para inmunizar hasta donde sea posible el patrimonio individual o, en palabras más coloquiales, para “blindar” las finanzas personales.

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José García Cantera, director general de Salomon Smith Barney, en Nueva York, sugiere que “no hay que endeudarse por encima de los ingresos disponibles. Asumir deudas en hipotecas o en tarjetas de crédito hace que, en una alza repentina y constante de las tasas de interés, la situación financiera del usuario del crédito se ponga muy difícil. Hay que tener cuidado para que el porcentaje de gastos no se coma los ingresos. De hecho, 30% de gastos frente a ingresos ya representa una luz ámbar. No conviene apalancarse demasiado”.

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Por otra parte, para aquellas personas que cuenten con liquidez suficiente, es decir, con dinero disponible para “moverlo”, las sociedades de inversión representan una opción interesante. Un aspecto a cuidar sería, según García, que la sociedad elegida administre las inversiones tanto en instrumentos nacionales como extranjeros. “La recomendación es que tengan 70% de su inversión en renta fija y 30% en renta variable. Ese es un nivel conservador. Pero, lo más importante, es que se deben leer a detalle todos los contratos que se firmen con las entidades financieras para saber la sensibilidad económica que se tendrá en caso de que suban las tasas de interés”.

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La temida devaluación
Si el objetivo es prevenirse ante el embate de una crisis sexenal: ¿qué se entiende por crisis? Héctor Chávez López, director de análisis económico de Santander Investment México, hace una analogía: crisis igual a devaluación; “es la definición que todos tenemos. Aunque, claro, la inflación es otra forma en la que el dinero se esfuma. De hecho, esas son las dos maneras en las que el patrimonio pierde valor (la inflación y la devaluación). Así que, en la medida en que la gente mantenga una percepción de riesgo, surgirán ideas y estrategias para cubrirse”.

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“Si el temor es provocado por una caída del peso, la única forma de protegerse es comprando dólares, para qué nos hacemos tontos”, opina el experto. Pero, aunque no lo parezca, esa estrategia implica un costo de oportunidad, porque si se produce una alza del nivel de las tasas de interés, puede conducir a una “no ganancia”. Es decir, como estará cubierto en dólares, no tendrá acceso a los intereses generados en instrumentos pactados en pesos. “Es un costo, y la gente que apueste a esa estrategia (de comprar dólares) debe estar dispuesta a pagarlo.”

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También propone otro candado de seguridad: “Para protegerse de  la crisis se compra un seguro, esa sería la función del dólar y así se protege el patrimonio. El seguro se puede usar o no pero, en ambos casos, la prima debe pagarse. Si se adquieren dólares, y no pasó nada, el que apostó a esa estrategia perdió la oportunidad de ganar en tasa de interés pero, si la devaluación ocurre, puede ganar por la reposición cambiaria. Algo similar ocurre en las sociedades (con contratos cambiarios) de cobertura donde, fiscalmente, se está comprando una participación en un instrumento que no causa impuestos y sí tiene un rendimiento ante la devaluación del dólar. La gente puede retirar su dinero en pesos y, además, son mecanismos muy líquidos.”

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Si no se cuenta con la liquidez suficiente para invertir, la vereda que se abre para cuidar el patrimonio personal es comprar bienes de consumo duradero o pagar las deudas pendientes con los ahorros disponibles. Autos, refrigeradores, televisores, terrenos, entre otros, son objetos que pueden mantener a salvo las finanzas. Debe considerarse que el valor de todos los bienes arriba mencionados tiene sustento en las cotizaciones del peso frente al dólar, recuerdan los especialistas.

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Si la estrategia elegida es comprar bienes muebles, debe procurarse adquirir productos que, en caso extremo, tengan el mayor valor de reventa y, más todavía, puedan empeñarse con facilidad. En el caso de los terrenos o casas, haya crisis o no, la situación es más clara gracias a su plusvalía, ya que el mercado siempre se encarga de hacer que su precio se recupere.

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Por otra parte, en la opción de reducir compromisos ya adquiridos, lo más sensato es, a decir del directivo de Salomon Smith Barney, finiquitar principalmente las deudas en tarjeta de crédito, o eliminar aquellos pasivos que castiguen el flujo de efectivo personal. “Lo mejor es estar lo más líquido posible”, extiende su comentario.

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¿Y qué pasa con el oro y la plata como reservas de valor? “Son metales que tienen una función similar a la cobertura en dólares. Si la divisa estadounidense sube o baja y se tienen posiciones en esos instrumentos de intercambio, la inversión correrá la misma suerte”, responde García.

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Chaleco antiinflacionario
Para ampliar aún más el abanico de posibilidades, Chávez sugiere la utilización de las sociedades de inversión especializadas en fondos de ahorro para el retiro (Siefore) o los instrumentos pactados en unidades de inversión (UDIS). “Es una buena idea, porque las Siefore tienen una buena parte de sus recursos UDIS. Si la inflación sube, el dinero estará protegido. La UDI es una cobertura indirecta, pero de largo plazo, por ello hay que ser cuidadosos, porque si la inflación crece no incide de manera inmediata en el precio de esos instrumentos. Aunque, es un hecho, las inversiones en un pagaré pactado en UDI pueden protegerse de una devaluación y, quizás, otorguen un interés mayor que tener el dinero en dólares.”

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Sin embargo, Domingo Díaz Noriega, subdirector de sociedades de inversión de Grupo Financiero Ixe, opina que las Siefore ofrecen un poco de riesgo por la volatilidad. “Vale la pena entrar a ellas cuando las tasas de interés van a la baja; en caso contrario, no es buen negocio. En esa circunstancia, siempre será mejor estar líquido y en mesa (de operaciones de corto plazo con títulos de deuda). Vamos a suponer que hoy compro papel a una sobretasa de 1.10 y mañana, por cualquier situación, se pacta a 1.20; ahí se dejó de ganar porque, mientras el cliente está tratando de hacer un blindaje vía Siefore, esa oportunidad no la pudo concretar dado que está invertido.”

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Respecto de cómo manejar las posturas de compra o venta de acciones ante la posibilidad de que ocurra una devaluación o descalabro sexenal, el analista de la correduría neoyorquina Merrill Lynch, Roberto Berges, se pronuncia por un estrategia defensiva. “Se deben analizar los niveles de efectivo de las compañías en bolsa; que no tengan problemas de endeudamiento en dólares y que su flujo de efectivo sea igual de importante al de Wal-Mart o Modelo. También hay que tener posiciones en empresas del sector alimentos y evitar los títulos de compañías que trabajan con el ciclo económico, como las cementeras o acereras.”

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Por otro lado, “si ya les agarró la crisis con acciones del sector construcción y, claro, estamos hablando de una empresa como Cemex (Cementos Mexicanos), lo mejor sería aguantarse si la visión del inversionista es de largo plazo. No siempre en todas las crisis ha resultado tan mal negocio invertir en la bolsa”, agrega el especialista.

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García, de Salomon, recalca no obstante que las personas con inversiones financieras deben tranquilizarse: “En nuestra opinión, no va a ocurrir nada. La probabilidad del escenario (de crisis sexenal) que estamos manejando es tremendamente baja, muy inferior a 5%, de acuerdo con estudios realizados por fondos de inversión de Estados Unidos. No hay que ser alarmistas. Las personas, antes que ser expertas en finanzas, deben tener sentido común para manejar sus recursos.”

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En tanto, Chávez, de Santander, prevé que, si bien el país está sujeto a condiciones externas no muy benignas y a situaciones políticas internas diferentes, no habrá una crisis similar a la de 1994. “Los mercados pueden ponerse nerviosos, pero los fundamentos económicos deben sobreponerse a la incertidumbre política. Hay volatilidad, sí, pero no debemos confundirla con crisis.”

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Con todo y mensajes para mantener la calma, la palabra devaluación todavía retumba en los oídos de los mexicanos, e incluso los expertos financieros lo reconocen. Como Díaz Noriega, en su proyección: “En el periodo de las elecciones la gente empezó a dolarizarse y, por ahí de noviembre (próximo), intensificará su compra”. 

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