Por sus mails los conoceréis

Los correos electrónicos son un rico testimonio de quien los envía.
Javier Martínez Staines*

Es inevitable. No hay manera de ocultarlo. Por más esfuerzos de camuflaje que hagas, por más que pretendes encubrirte, tarde o temprano un e-mail te delatará y pondrá al desnudo tu auténtica personalidad.

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En el cuadro de los usos y costumbres del mundo corporativo, esta herramienta se ha transformado en un fiel retrato de las fobias, filias, obsesiones, limitaciones y hasta perversiones de los hombres y mujeres de negocios. El cotidiano y muchas veces abrumador “tienes un nuevo mail” puede ser visto, en efecto, como parte de un desfile de temperamentos que se revelan en la pantalla de una manera sorprendentemente nítida.

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Si sospechas que la exageración es un rasgo característico de quien esto escribe, te invito a abrir ahora mismo tu correo electrónico. Ahí estarán las evidencias. De hecho, es muy divertido. Encontrarás los arquetipos de tus colegas, jefes, subalternos, amigos, proveedores, clientes y uno que otro hacker, casi como en un carnaval de carros alegóricos. Podrás hallar al típico Cantinflas que esconde una misteriosa propuesta de negocios en un océano de párrafos o al desesperantemente austero (quizá la palabra tacaño acomode mejor), que responde a las convocatorias a reuniones directivas con un “no puedo”, sin tomarse la mínima molestia de plantear alternativas. Ahí estará también el maniacodepresivo que, según su estado de ánimo del minuto, responde con fanfarrias o con cólera, sin importar el motivo del mensaje. Sin duda aparecerá el siempre ocupado (y arrogante) colega que contestará tu mail varios meses después con un preámbulo de disculpas porque su abrumadora carga de trabajo no le dejó dos minutos libres para decirte si sí o si no, así como el correoadicto que segundos después de que oprimiste “enviar” te responde en detalle. Me llaman la atención estos últimos personajes: parece que están la jornada completa pegados a la máquina, a la caza de cualquier mail que ingrese a su bandeja.

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Hay más: los que copian su mensaje a media compañía para evidenciar públicamente su pleno involucramiento con todos los procesos del negocio; los incurables manda chistes; los extrovertidos electrónicos que plantean decenas de planes por correo, pero que guardan un sepulcral silencio por teléfono o en persona; los inoportunos e insolentes que añaden archivos adjuntos de tantos megabaytes que paralizan tu computadora; y, por supuesto, los entusiastas, quienes piensan que un signo de interrogación o de admiración es insuficiente para expresar sus sentimientos.
Genio y figura hasta la sepultura.

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* El autor es director editorial de Grupo Expansión y ejercita prácticas esquizofrénicas en sus correos para ocultar su personalidad. Retroalimentación: jstaines@expansion.com.mx.

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