Por sus viáticos los conoceréis

Basta con revisar los comprobantes de gastos de viaje para conocer a la gente.
Javier Martínez Staines

La vida corporativa puede llegar a ser muy generosa, a veces, sobre todo si en tu empresa practican filosofías semejantes a la de la política industrial gubernamental: la mejor política es la que no existe. Si esto se aplica a los viáticos, el desfalco llegará.

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Los vacíos siempre se llenan. Y en este caso hay empleados que se sirven con la cuchara grande. Lejos de la ética y decente práctica de “cuando viajes a expensas de la empresa, gasta tal como lo haces en tu vida ordinaria”, algunos interpretan la premisa exactamente al revés: come lo que jamás comes, duerme donde nunca duermes y alquila el auto de tus sueños. Así, piden la mejor suite del Four Seasons, devoran foie gras y caviar acompañados de una botella de Petrus, rentan un Audi 8, envían toda su ropa a la lavandería e intentan pasar en su cuenta de gastos servibares completos y hasta películas pornográficas.

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En la ilusión de la riqueza efímera, estos individuos se transforman en peligrosísimos aspirantes a formar parte de la punta alta de la pirámide social. Armados con tarjeta de crédito y registro federal de contribuyentes de la empresa, compran su nuevo ajuar, DVDS, software novedoso y boletos de teatro (¡algunos hasta de table dance!), y cuando se ven cuestionados por los jefes responsabilizan de los excesos a los siempre caprichosos clientes. “Si vieras que tuve que darle la vuelta a su petición de alquilar un helicóptero para ir del aeropuerto al hotel”, comentan, dejando en claro que, antes que nada, ellos están comprometidos con las finanzas de la compañía.

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En este último punto, es donde puedes descubrir que hay directores, gerentes y supervisores con auténticas dotes histriónicas, dignas de participar en los mejores performances del mundo. Alguien me contaba que, en su compañía, descubrió que un gerente se puso a recortar algunos recibos y los camufló como desayunos, comidas y cenas, pese a que el viaje que hizo era totalmente pagado por el proveedor. A la hora de descubrir que los tickets eran de The Gap, Macy’s, Tower Records y Banana Republic, le pidió rendir cuentas, a lo que el desvergonzado respondió: “La verdad es que perdí los recibos y sentí que lo mejor era sustituirlos con algunas comprillas. Pero más o menos me gasté eso.”

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Aunque evidentemente aquel muchacho ya no trabaja en esa firma, los abusos en los viáticos se encuentran a la orden del día y las coartadas podrían ser recopiladas en un libro de relatos fantásticos:

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  • Te juro que el taxi del hotel al aeropuerto cobra $300 dólares.
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  • Se me olvidó llevar más camisas y tuve que mandarla a lavar y planchar todos los días.
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  • Aunque no lo creas, yo diariamente desayuno con champaña en mi casa.
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  • No había más que Land Rovers en Hertz.
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  • No me di cuenta de que estos recibos los pasó mi secretaria en mi cuenta de gastos.
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  • El cliente es un fanático del black jack.
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  • Sólo había cuartos en el Ritz Carlton.
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  • ¡Se me mezclaron todas las notas!

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Como decía mi abuela: “De todo hay en la viña del Señor.”

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*El autor es director editorial de Grupo Expansión y no se atreve a alquilar películas en los hoteles. Comentarios: jstaines@expansion.com.mx.

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