Posgrados <br>¿Cerca de la empresa?

La educación será la gran exigencia del siglo XXI. ¿Avanzamos hacia la revolución del conocimien

‘‘Requerimos que los estudiantes aprendan a aprender constantemente, como un proceso de educación continua, una formación permanente en todos los campos. En este contexto, los posgrados aparecen ya no como añadidos a la formación de alguien, sino como una parte constitutiva del mantenerse actualizados y capaces de generar innovaciones productivas en sus diferentes ambientes”, dice Jesús García Garza, director de Investigación y Posgrado de la Universidad Iberoamericana (UIA).

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Ante la necesidad de un proyecto integral donde participen las empresas, el gobierno, los organismos internacionales y las universidades, García comenta: “El sistema de operación de los posgrados en el país debe definir con más precisión sus metas, estrategias y vinculaciones, no sólo con el sector económico y productivo, sino también con la experiencia mundial. Como sociedad requerimos generar un aprecio por el conocimiento, que en ciertos sectores se considera todavía como un lujo añadido, innecesario y superfluo. En esto, hasta hoy, la empresa no ha hecho un papel muy distinguido. Su apoyo a la investigación ha sido, y es, bastante discreto.”

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Para Andoni Garritz, director de la Facultad de Química de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), es necesario que la industria nacional sea competitiva y la única manera de lograrlo es a través de mejores procesos, productos y equipo. La tecnología tiene cada día más ingredientes de conocimiento; ya no se puede innovar como en la época de la revolución industrial. Es en el posgrado donde se adquiere el carácter innovador.

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Pero la industria, a pesar de todos los fantasmas del Tratado de Libre Comercio, la competitividad y la globalización, no está haciendo uso de la capacidad formativa del posgrado en el país, dado que, salvo algunas de las grandes (el Instituto Mexicano del Petróleo, Celanese, Girsa, Condumex), realiza muy poco trabajo de investigación. “Las universidades creamos ese personaje que no logra encontrar su nicho en la industria.”

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Tampoco hay que olvidar que la industria ha tenido problemas para sobrevivir y no cuenta con el dinero necesario para montar grupos de investigación o contratar a los de las universidades. “Vivimos un momento oscuro del cual espero que salgamos pronto –señala Garritz–. Las empresas que decidan invertir una pequeña proporción de las ventas para contratar la investigación van a salir adelante, sobre todo en las áreas más competidas.”

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En cuanto al doctorado, sucede que la industria se arrebata y remunera muy bien a los maestros en Economía o Administración bien formados, pero todavía no brinda salarios extraordinarios a un doctor. “Por su tipo de actividad, a la industria nacional le basta el profesional o el maestro. Mientras no dé el salto a la innovación, no va a requerir doctores. Pero lo tendrá que dar, tarde o temprano”, señala.

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En este sentido, Luis F. Luna Reyes, jefe del Departamento de Apoyo al Posgrado de la Universidad de las Américas plantel Puebla (UDLAP), encuentra que, en general, son contados los casos donde existe una vinculación real entre industria y academia cuando se desarrollan los planes y programas de estudio de las diferentes especialidades. “El problema actual es en ambos sentidos, ya que son pocas las instituciones de educación superior que buscan el contacto con la industria, pero son también pocas las industrias que recurren a ellas para encontrar soluciones a sus problemas. No obstante, cada vez se llevan a cabo más esfuerzos por estrechar esta relación.”

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En el medio empresarial sí existe un mayor contacto con el posgrado, considera Mónica Sacristán, directora de la Maestría en Administración del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), pues la alta demanda de esta especialidad es un indicador importante.

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“En el ITAM, en particular, buscamos que nuestros programas de posgrado se apeguen a las necesidades profesionales del país y respondan de manera rápida a los cambios. Hemos mantenido la sólida preparación académica que ha caracterizado a nuestros programas, introduciendo aplicaciones que permitan al egresado resolver los problemas relevantes a los que se enfrentan las empresas mexicanas. Mantenemos excelentes relaciones con el sector empresarial a través de nuestro Centro de Desarrollo Profesional (Cedepal), que nos permite incorporar sus necesidades al programa.”

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Sin embargo, la entrevistada reconoce como una de sus principales debilidades, muy extendida en los posgrados en México, “la escasez de textos y casos desarrollados por nosotros para la enseñanza de la problemática mexicana. Estamos trabajando en ello”.

- -POSGRADOS Y PROFESIONALES
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No es posible hablar del posgrado como una experiencia homogénea. Resulta necesario distinguir entre los programas estrictamente académicos y los profesionales. El propósito de los primeros es el avance del conocimiento, la investigación científica de alto nivel y la reproducción de los cuadros académicos. Son posgrados más estables, permanentes. Aquí podría encajar el nivel de doctorado que, según Garritz, es innovación, creación, investigación.
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“No siempre ocurre así en México: en áreas como Administración, Contaduría o Derecho persiste una tendencia escolarizada. De ahí derivo que las universidades privadas con debilidades en el campo de la investigación (que no practican ni siquiera en las áreas económico-administrativas, y en las duras mucho menos) ofrecen doctorados de otro nivel, donde la gente acumula información y datos, sin aportar algo. Eso, a mi gusto, no es formar doctores”, abunda Garritz, miembro de la Comisión Especial para la Elaboración del Reglamento General de Estudios de Posgrado de la UNAM.

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Volviendo a la clasificación, en otra vertiente se ubican los programas profesionales, más vinculados al conocimiento aportado por los distintos profesionistas del país y a la generación de los bienes y servicios reales que exigen el desarrollo de la economía, la empresa, el gobierno y la sociedad en conjunto. Su objetivo central es responder a una necesidad verdadera del entorno, “por lo cual deberían ser muy flexibles y con una enorme capacidad de dar respuestas ágiles a los requerimientos del desarrollo de la tecnología actual”, considera García.

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Sacristán llama a este tipo de posgrados “profesionalizantes”, y explica que están diseñados para preparar a los estudiantes a resolver la problemática que enfrenta el mundo de los negocios, a tomar decisiones estratégicas, financieras, comerciales, de manejo de personal, etcétera. “En ellos se da un mayor empate entre las necesidades de las empresas y la oferta educativa.”

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Por su parte, Garritz es contundente al afirmar que la maestría es un ente sin definición en todo el mundo, “un engendro”. Primero, la maestría formaba docentes (concepto que enraizó en México en los años 30 y 40, sobre todo en Humanidades). En los 50 y 60 aparecen las maestrías de corte profesional, típicas de los contadores e ingenieros, que se dedican a conocer más acerca de los mejores métodos para manejar una profesión y buscan dotar al egresado de una alta capacidad innovadora y metodológica, pero sobre lo ya existente. La tercera es la maestría encaminada al doctorado, que está muriendo en la UNAM: “Mejor que estudien directamente el doctorado y no hagan doble tesis. Todo esto es un embrollo conceptual, que no tiene pies ni cabeza.”

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Los expertos consultados son conscientes de que un factor fundamental para lograr la excelencia es que los alumnos dediquen tiempo completo al estudio del posgrado. He aquí lo que opinaron:

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Sacristán (ITAM): “El hecho de que los alumnos sean de tiempo parcial impide una integración al 100% a la vida universitaria, y esto hace que sea difícil dar seguimiento a algunos asuntos. A cambio de ello, el que permanezcan en contacto diario con los problemas en su trabajo permite que aporten mucho más a las discusiones grupales y asegura una vinculación entre lo que se estudia en el aula y lo que sucede en el mundo exterior.”

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Garritz (UNAM): “No se puede romper la frontera tecnológica o de la ciencia si no se investiga de 10 a 12 horas al día durante tres o cuatro años.”

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García (UIA): “Muchos de nuestros estudiantes son de tiempo parcial y no pueden dedicarse a las tareas de investigación. Queremos incrementar el número de alumnos de tiempo completo dedicados exclusivamente a esta tarea.”

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CRITERIOS DE CALIDAD
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Los criterios de excelencia establecidos por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) han dado lugar a un debate nacional sobre si son los únicos y los más adecuados, correctos y pertinentes, teniendo en cuenta la situación real del posgrado en el país. La institución oficial exige profesores dedicados 100% a la investigación científica y a la atención de los alumnos, los cuales realizan sus estudios e investigación de tiempo completo y en un ambiente e infraestructura apropiados.

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Estos criterios son muy buenos para posgrados consolidados, pero la mayoría está fuera del padrón porque se encuentran en proceso de desarrollo, apunta García. “Necesitamos hallar mecanismos que apoyen el diseño y desarrollo de los posgrados sólidos y relevantes para la vida de este país. Con respecto a los profesores, hay que revalorar la práctica profesional de un administrador de empresas que ha innovado los sistemas y procedimientos de una fábrica, por ejemplo; es deseable que participe en los posgrados, pues su experiencia no la podría suplir alguien que hizo un doctorado en Administración en Helsinki.”

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Al preguntarle cuáles son las fortalezas del posgrado en el país, Luna, de la UDLAP, responde: profesores de alta calidad, variedad en la oferta del posgrado en cuanto a las disciplinas, variedad de tipos de programas (escolarizados, a distancia, tutoriales, etcétera), investigación de calidad como soporte a los programas, el requisito de que el estudiante realice una tesis para poder graduarse (lo que no siempre sucede en otros países) y alta exigencia académica.

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Y las debilidades: falta de fuentes de financiamiento, no sólo para la adquisición de infraestructura, sino también para brindar apoyo a los estudiantes.

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Al interior de las universidades, los criterios de calidad resultan de gran importancia. Así, el proceso en que se basa la UDLAP para crear nuevos posgrados o actualizar los planes de estudio ya existentes alude a un proceso similar al de la planeación estratégica, en el que se revisan la misión y visión de cada uno de los departamentos que ofrecen los programas de licenciatura y posgrado.

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La capacidad de profesores y alumnos, y el contenido de los planes de estudio son parte de los criterios de calidad del ITAM. “Los profesores de la maestría cuentan con estudios de posgrado en las mejores universidades de México y el extranjero. Buscamos, además, que estén en contacto con el medio empresarial mexicano, ya sea a través de consultorías, tratándose de profesores de tiempo completo, o en el caso de los profesores de tiempo parcial que se encuentren inmersos en la problemática acerca de la cual imparten cátedra. En cuanto al alumnado, nuestro criterio de selección es muy estricto: primero deben aprobar un examen de selección que toma en cuenta las habilidades matemáticas, de comunicación escrita y cultura general.” Posteriormente, a través de ensayos y entrevistas, se determina el nivel de madurez, experiencia y potencial de liderazgo de los candidatos. Por último, un comité de selección elige a los mejores (aproximadamente 30% del total).

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¿ESTUDIAS O TRABAJAS?
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Resulta ilustrativo conocer las expectativas de los estudiantes con respecto a lo que un posgrado puede darles. Según Garritz, en este nivel la gente es mucho más madura y ya no persigue tanto la acreditación. A lo mejor el alumno decide estudiar un posgrado para comer mejor, pero es una decisión que sólo a él compete. “En la maestría el nivel de exigencia es muy fuerte. El estudiante trabaja mucho y explota, a veces ni siquiera la termina en vista de que en su empresa le mejoran el sueldo a pesar de no haber obtenido un grado, porque les basta lo que aprendió y no le exigen la factura de la tesis. En económico-administrativas, por ejemplo, la eficiencia terminal es muy baja.”

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“Cuando nuestros alumnos deciden estudiar un posgrado de este tipo –según la experiencia de Sacristán–, no lo hacen por obtener un papel, sino porque se dan cuenta de que en un ambiente tan competitivo sólo los más aptos sobreviven.”

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Con frecuencia esa madurez también se adquiere a lo largo de la experiencia universitaria. Luego de aplicar encuestas entre los aspirantes, los alumnos y los egresados, los evaluadores de la UIA han observado que, al ingresar, los estudiantes tienen una idea difusa de los beneficios concretos que les pueden ofrecer los estudios de posgrado. Haciendo una tipología muy irresponsable, comenta García, las respuestas van desde aquellos que quieren profundizar más, hasta quienes necesitan resolver algunos problemas en su trabajo y buscan herramientas, formas de sistematizar sus preguntas y mejores maneras de conocer y entender el mundo.

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Con tales metas, los estudiantes también podrían tomar uno o varios diplomados que, en su concepción original, pretendían ser estudios de posgrado. Hoy, la imagen de estos cursos se encuentra devaluada. El caso es que se convirtieron en tan buen negocio, que casi cualquier academia de manualidades los imparte.

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La calidad de los diplomados es de lo más variable, porque ni la SEP ni algún otro organismo los regula. En la UNAM, basta con que un director proponga un nuevo programa y ya está, asegura Garritz. “A veces resulta un fraude muy costoso.”

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En ocasiones se vincula el grado con el aumento de sueldo. En realidad, la diferencia entre un diplomado y una maestría es el tiempo, el número de créditos y el grado de esfuerzo. A decir de García, los diplomados están centrados en los cursos formales curriculares, pero alguien puede necesitar encontrarse con un grupo de profesores para trabajar un problema. Necesita el ambiente, las condiciones que le obliguen a dar un orden coherente a lo que sabe. La maestría permite a muchos sistematizar sus dudas, realizar un estudio organizado compartido con otros.

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CUANDO EL DESTINO NOS ALCANCE
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El incremento del posgrado en el país ha sido impresionante, y todo parece indicar que esta seguirá siendo la tendencia en la próxima década. En 1987 había 38,000 alumnos de posgrado; 10 años después, 87,000. Y la tasa de crecimiento del doctorado es de 16%, la más alta de todas: 1,400 estudiantes de este nivel en 1987 vs 6,200 en 1997.

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Frente a las cifras, García considera que el posgrado es el área de expansión en México. Sucedió algo parecido con las licenciaturas en la década anterior, cuando la matrícula se triplicó en un periodo muy breve y obligó a improvisar a las universidades. “Quizá ocurra lo mismo con el posgrado, pero con consecuencias mayores. Por eso, tendrá que dejar de ser un añadido al currículum, para pasar a formar parte de él, con lo cual se desmitificará la idea de que el doctorado se refiere a estudios lejanos. Las universidades tienen que encontrar mecanismos para hacer disponibles los doctorados a una mayoría, por lo que el sistema va a tener que ser muy innovador, sobre todo en el mundo del trabajo.”

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Aunque asegura haber aprendido a no hacer prospectiva en México, Garritz estima que al sistema le sobra capacidad formativa. “Según Conacyt, en los 80 teníamos cabida para preparar a 10 veces o más de los inscritos en el posgrado. Esto no ha variado mucho: si tomamos en cuenta el número de investigadores de la unam de tiempo completo, cada uno gradúa un alumno cada cinco años. Podemos irnos al doble y quizá al triple.”

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El caso es que las universidades no sólo deberán prever la atención de la creciente demanda sin que la calidad se deteriore, sino incluso deberán ofrecer una mejor y mayor oferta. Hoy por hoy, una de las fortalezas más importantes de la UIA es que se constituye en colegios académicos, un sistema de departamentos distinto al de las escuelas y facultades. Esta es una enorme oportunidad de crecimiento de los estudios de posgrado, donde un alumno tiene acceso a todos los programas, según su proyecto académico y el tipo de asesoría que recibe. Se llama currículum flexible, adecuado a las necesidades de formación de cada sujeto, según explica el representante de esa institución.

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El esquema departamental, con una clara orientación hacia la interdisciplina, se está instrumentando en la unam, donde las alianzas entre instituciones también ocurren cada vez más. En biotecnología, por ejemplo, la Facultad de Química ostenta el liderazgo de un programa iberoamericano de posgrado. Además, existen varios posgrados de carácter nacional o regional.

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En todo el país se están haciendo esfuerzos de innovación en materia de posgrado, en opinión de Sacristán. A los planes de posgrado interdisciplinarios se incorporan las nuevas tecnologías de información y se propician cada vez más los intercambios que permiten cursar parte de los programas en universidades en el extranjero y dan al alumno una perspectiva global.

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A su vez, la UDLAP inicia el lanzamiento de programas en los centros de trabajo y proyecta ofrecer programas a distancia en asociación con instituciones en el extranjero (y aquí, el ITESM es un caso aparte –ver entrevista–). Aunque Luna reconoce que no se trata de ideas completamente nuevas, “sí son esfuerzos que todavía se pueden considerar incipientes, pues establecen el reto de contar con esquemas pedagógicos que promueven una excelente preparación de los alumnos, comparable con la que se da dentro de un solo campus.”

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Finalmente, el propósito común de las instituciones de educación superior es el de incrementar la calidad en su posgrado. La inminencia de la sociedad del conocimiento es una realidad que no se puede soslayar. El siglo XXI, el de la esperanza, está a la vuelta de la esquina.

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