Prepare su swing

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Algunos dicen que el golf, además de aburrido y elitista, es para viejitos. O para personas que no tienen más distracción que agarrar unos palos y caminar como loquitos tras una pelota. Quizá tengan razón. Sin embargo, el “quizá” obedece más a una suerte de tolerancia a la pluralidad de ideas que a la concesión –ciega y absoluta– de la razón. De hecho, estoy seguro de que su percepción sobre el deporte de los bastones cambiará en el instante que lo conozcan un poco más.

En varias ocasiones –con cámara fotográfica y grabadora en mano– capté las maldiciones y berrinches de algunos que calificaron el golf como una actividad sin chiste. En esos momentos, durante su loco intento por siquiera pegarle a la pelota, descubrieron que todas sus argumentaciones en contra carecían de fundamentos.

Existen cientos de casos –documentados todos ellos– en los que gente que se autocalificaba como antigolfista terminó adoptando este deporte como su distracción favorita. Más aún. Hay universidades que incluyen en sus programas de estudio una materia en la cual se explica cómo cerrar un negocio durante un juego de golf.

En fin, sin más preámbulo, a partir de este número, Expansión ofrecerá a sus lectores –pero sobre todo a los que gustan del golf– un espacio que tiene como ambición principal satisfacer sus inquietudes, dudas o cualquier otro asunto relacionado con este deporte.

Quizá Max Clip no coincida conmigo, pero el golf permite practicar la filosofía y reconsiderar nuestra actitud frente a la vida. ¿Por qué no podemos ser políticamente correctos?

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