Primeros seis meses

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Alfoso Zárate

Con la presentación del Plan Nacional de Desarrollo, el presidente Fox cerró su primer semestre en el ejercicio de gobierno. En estos meses hemos visto casi de todo: un programa sabatino (Fox contigo, Fox en vivo) que bien podría rebautizarse Chiquilladas; la obsesión presidencial por el rating y algunos golpes fuertes contra la corrupción, la delincuencia y la impunidad (sobre todo en las aduanas y la detención de Mario Villanueva).

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Hemos observado la precariedad en el trabajo que rodea a la Presidencia (en la negociación de la reforma hacendaria y de la iniciativa de reforma indígena); las embestidas del primer mandatario contra sus críticos: "los pusilánimes" la reformulación a la baja de las promesas de campaña (lo mismo respecto al 1.3 millones de empleos que sobre el crecimiento del PIB) y la declinación de la aprobación ciudadana sobre la gestión de Vicente Fox.

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Poco que presumir, quizá demasiado que cambiar y poco tiempo para hacerlo. El caso es que nadie puede pasar por alto que Fox asumió su cargo inmerso en un ambiente social de optimismo y grandes expectativas.

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En descargo de las críticas se puede argumentar que seis meses son, apenas, tiempo suficiente para el periodo ineludible de noviciado o que medio año no alcanza para revertir los saldos de siete décadas de preeminencia priísta. Un semestre es poco, pero también podría haber sido suficiente para mostrar un cambio serio, no sólo en el estilo personal de gobernar, sino en el fondo.

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Por lo pronto, un recuento ponderado de las acciones y omisiones incluiría las "señales" a Chiapas, aunque a Fox le faltó darle el último empujón a su iniciativa en materia de cultura y derechos indígenas para que fuera aprobada en el Congreso. Hoy el proceso de paz se está empantanado.

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Destaca la propuesta de una "revisión integral" a la Constitución que culminaría en la reforma del Estado. Sin embargo, ahora recorre un camino incierto en los foros del Instituto de Estudios de la Revolución Mexicana, que no parece ser el espacio idóneo para construir los acuerdos entre los actores sociales que reclama la construcción de consensos que definan el andamiaje jurídico del siglo XXI.

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Sería injusto pedir al nuevo gobierno transformaciones de las contrahechuras cultivadas a lo largo de décadas por el régimen priísta. No se puede cargar a Fox la descomposición de las corporaciones policiacas, el caos en las penitenciarías, las deficiencias en la procuración de justicia y la corrupción como lubricante de nuestra vida pública, pero no dispone de mucho tiempo para dar resultados que restituyan a la sociedad la seguridad pública.

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Fox debe reconocer que ni el marketing ni el carisma bastan para gobernar. Más aún, que —como dijera Luis Spota en voz de uno de sus personajes— "para cacarear primero hay que poner el huevo". Llegó la hora de ponerlos.

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–El autor es director de Grupo Consultor Interdisciplinario, S.C.

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