Pronósticos y realidad

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Juan Carlos Orozco

La tradicional falibilidad de los pronósticos económicos se ha visto magnificada durante este decenio por los múltiples cambios en la economía mundial. La falta de propuestas válidas para remediar los males que aquejan al mundo es evidencia de que la globalización ha tomado por sorpresa hasta a los más reconocidos teóricos de la economía.

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Ésta toma rumbos completamente opuestos a los esperados. No sólo los economistas del sector público se equivocan; también los analistas privados son víctimas del incesante movimiento de los capitales especulativos. Los resultados de 1998 son una clara muestra de que cada vez es más difícil predecir la evolución de la economía y los mercados financieros. Como se sabe, al término de 1997 las autoridades vaticinaron que la inflación de 1998 sería de 12%, mientras que el crecimiento del país alcanzaría una tasa de 5.2%. Sin embargo, en ese año el avance del índice general de precios fue de 18.6% y lo más probable es que la economía haya crecido 4.8%.

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Los pronósticos privados eran similares a los oficiales: la Encuesta sobre las Expectativas de los Especialistas en Economía del Sector Privado, elaborada en diciembre de 1997 por el Banco de México, indica que los pronósticos de inflación para 1998 promediaban 13.02% –sólo un punto porcentual más que la meta oficial–, mientras que la expectativa de crecimiento era de 5.49% –ligeramente más alta que la estimación del gobierno–.

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¿Cuáles fueron los factores de tan importantes desviaciones? Existe consenso en que las presiones cambiarias iniciadas en el último cuatrimestre de 1998 –por la salida de capitales extranjeros, temerosos de una debacle mundial– fueron la causa del cambio de escenario. Esta explicación reconoce la importancia que adquirieron las variables exógenas en la economía nacional a raíz de la apertura de los mercados. Son los inversionistas extranjeros quienes, en buena medida, determinan el tipo de cambio, las tasas de interés y la inflación, variables fundamentales para el avance, estancamiento o retroceso de la economía.

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Aunque la política monetaria intenta controlar las variables, poco puede hacer ante una salida súbita de capitales. Ante las presiones cambiarias, las autoridades responden con una restricción de la liquidez para reducir la demanda de dólares, lo cual provoca alzas en las tasas de interés. Pero la restricción no siempre funciona y la economía tiene que enfrentar altos costos del dinero, elevada inflación y una gran volatilidad del tipo de cambio.

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El reciente estallido de la crisis brasileña provocará nuevas desviaciones en los pronósticos que no consideraron esa eventualidad. No obstante, siempre es mejor contar con algún escenario, o varios, que andar por el mundo de los negocios sin tener la menor idea de lo que puede pasar en México o en el mundo.

El autor es editor de Tendencias Económicas y Financieras.
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