Prueba de alta dificultad

Es un desafío saltar del sector privado al ámbito público. Y aún más si se trata de mujeres en
Marina Delaunay

Varios blancos de un solo tiro. Eso lograron las mujeres que hoy encabezan algunas de las secretarías y dependencias estatales: están al mando, están dentro de la gestión pública y cambiaron drásticamente un puesto privado por uno en la administración federal. “El paso del sector privado al público es muy fuerte para cualquier género”, dice José Luis Newman, socio director de Amrop International, una de las agencias que reclutó candidatas para el actual gobierno.

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Más difícil todavía es para aquellas que no realizaron una carrera política previa, sino que fueron captadas por headhunters. Algunas de las ex empresarias y actuales funcionarias aseguran que debieron transformar sus hábitos, aprender desde cero las tácticas y estrategias del nuevo escenario y explotar ciertas características predominantes en el género femenino.

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La mayoría de las entrevistadas afirma que la resistencia a la frustración y la habilidad política son las virtudes más complejas que debieron aprender para moverse en el gobierno. Aunque con otro grado de exigencia, ya desarrollaban esas cualidades. “La tenacidad, la tolerancia y la atención de varios frentes simultáneamente son rasgos muy típicos del género”, resalta Mónica Graue, vicepresidenta de Korn Ferry, otra consultora caza talentos.

Aun así, el ámbito público puede turbar a la más paciente. La toma de decisiones no es directa, como en una empresa, y los resultados dependen de una infinidad de engranajes. “Puedes hacer el mejor esfuerzo en tu área, que tu equipo trabaje incansablemente, pero piezas clave como el presupuesto o una ley determinada dependen del Congreso”, relata Xóchitl Gálvez (de 39 años), directora de la Oficina para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas.

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Cambio de giro
Las experiencias han sido diferentes según si la transición fue drástica o no. “No advertí reticencias por ser mujer, simplemente se comenta esa condición porque es llamativo en cargos históricamente masculinos”, dice Consuelo Sáizar (de 41 años) directora del Fondo de Cultura Económica (FCE) desde abril pasado. Aunque es la primera mujer después de 11 directores en la editorial más importante de Latinoamérica, su pase no fue drástico porque trabajó como directiva de casas editoriales durante 22 años. Y si bien el FCE es sostenido por el Estado, funciona como una compañía.

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Aliza Chelminsky coincide con Sáizar. Ella es directora de la unidad de Vinculación para la Transparencia, dentro de la Secretaría de la Contraloría y Desarrollo Administrativo (Secodam), pero antes capitaneó la agencia de relaciones públicas Burson-Marstellers México por cinco años. El roce con diversos grupos de intereses y el clima del sector público no le son ajenos porque ha alternado entre los espacios privado y gubernamental desde los años 80.

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Pero cuando el cambio de giro es determinante la percepción es otra. Xóchitl Gálvez, Leticia Navarro (de 49 años) –secretaria de Turismo– y Laura Valdés (de 46) –directora de Lotería Nacional– migraron desde firmas particulares a la administración pública, y además sustituyeron la temática central de su actividad. La primera cambió la alta tecnología por los 62 pueblos indígenas existentes en México. Venía de dirigir una consultora de tecnología automatizada que desarrolló proyectos para el World Trade Center. Después de cinco años de apoyar a las comunidades nativas desde fundaciones, aquéllas se convirtieron en su foco principal, tarea que dista de la ingeniería. “Mi reto mayor es hacer entender, en un país altamente discriminador, que los pueblos tienen otra visión del mundo”, dice.

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Valdés pasó de la planeación y desarrollo corporativo de Grupo Visa en México y la mercadotecnia de Vitrocrisa (Grupo Vitro) por la asistencia social desde Lotería Nacional. “Cuando ingresé, un elemento impactante fue el rezago informático de la institución”, narra.

Por su parte, Navarro sustituyó los productos masivos por el turismo, puro servicio. Obtuvo el mayor cargo de una mujer dentro de Gillete a escala mundial, como presidenta de Jaffra, empresa de artículos de cosméticos que llegó a facturar $150 millones de dólares. “Quería hacer nuevas cosas en mi vida, profesionalmente alcancé un rango alto y quería participar en la transformación del país”, comenta.

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Cambio de hábito
Pasar del otro lado del mostrador implica descartar hábitos típicos de los negocios. En el gobierno las decisiones rápidas, el reajuste de presupuesto para lanzar un producto, la posibilidad de endeudarse para expandir la firma van en el cajón de los recuerdos.

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El sector público es un mundo aparte, con decisiones piramidales y en donde un proceso no se puede medir por el costo-beneficio. “No puedes pretender lograr 100% de tus objetivos, aprendes a consensuar todo y a esperar”, asevera Gálvez.

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Antes de tomar una decisión, las funcionarias deben atender a un presupuesto limitado, actuar dentro de normativas específicas, conciliar con cada partido del Congreso, pasar por el área que autoriza tal o cual acción y hasta advertir si debe mediar una licitación dado el caso. “La normativa fue lo más difícil, pero la adopté como el manual de procedimientos de una empresa”, dice Sáizar.

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La habilidad política depende de un entrenamiento diario. “Es fundamental saber los tiempos para presentar algo, el momento más adecuado, y tener una visión integral de todo: empresarios, Estado y dependencias federales”, asegura Navarro.

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En esto juega también la tolerancia, el manejo de varios escenarios y la intuición femenina, según las consultadas. Como madres y empresarias, muchas de las funcionarias desarrollaban al menos dos roles, pero ahora se convirtieron en malabaristas. “Atender el público interno, las áreas de gobierno involucradas, los beneficiarios de las asistencia social, la prensa y hasta los vendedores de billetes es una actividad de 24 horas“, enfatiza Valdés.

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Para Gálvez la paciencia femenina es lo que luego puede transformarse en tenacidad dentro del sector público. “Evito la frustración planeando escenarios A, B y C; además –dice– el tesón para lograr cosas es clave porque aquí no se rinden cuentas a jefes directos, como en las empresas, sino al pueblo de México”.

Algunas mujeres, como Laura Valdés, han plasmado lo femenino hasta en la mercadotecnia de su nuevo trabajo. El género femenino será el próximo año el nuevo público objetivo de los billetes de lotería; por lo pronto ya se apela en la línea directa de la institución a la “intuición femenina” como medio para ser favorecidas por el azar.
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