Qué esperar de Fox

La transición política está en marcha en un ambiente de colaboración nunca antes visto. Es el mo

Momentos y situaciones inéditas en la vida de este país: el equipo de transición del gobierno que toma las riendas en unos meses comienza a trabajar ya, a todo vapor, con los funcionarios de la administración actual, en medio de un clima de colaboración y profesionalismo. Sí, señoras y señores, este es el México democrático de fin de siglo.

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¿Qué sigue? Ahora que las campañas políticas y la mercadotecnia electoral terminaron, el siguiente paso, obligatorio, es que el Presidente electo y su equipo realicen un trabajo impecable de análisis para leer eficazmente la realidad: dónde estamos parados, para de ahí trazar planes mucho más concretos que contengan los qué y los cómo. El próximo 1º de diciembre, todos los que ocupen sus puestos como servidores públicos, deben tener ya una idea clara de los asuntos prioritarios por atender y resolver, porque ha quedado clarísimo que el voto de los mexicanos, favorecedor del cambio, exigirá resultados rápidos.

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Y ahí está el enorme reto para Vicente Fox. Al haber convencido a la población de ser “el agente del cambio”, queda establecido el compromiso de ejecutar soluciones efectivas, de fondo, para los problemas más importantes del país, en todos los sentidos. Su habilidad de convencer a los votantes debe ahora convertirse en capacidad de buen gobierno. Como bien lo expresa Lorenzo Zambrano Treviño, presidente de Cemex, en entrevista con Expansión: “El éxito de la nueva administración dependerá de la eficacia con que se ejecute lo que se prometió durante la campaña.”

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Los retos, repetimos, son inmensos, casi inagotables. Por circunscribirnos casi exclusivamente a los que más atañen a hombres y mujeres de negocios (nuestros lectores), no podemos dejar de citar los siguientes, en donde coinciden muchas voces: instrumentar una política industrial incluyente, que propicie el desarrollo regional y que integre al tren de la modernidad a las pequeñas y medianas empresas; realizar una reforma fiscal que estimule la inversión y el crecimiento; promover una revolución educativa que eleve, en forma contundente, la calidad del conocimiento de los mexicanos; resolver añejos conflictos sociales, como el de Chiapas… La lista es interminable, pero en la medida en que se avance, con la mira fija en la competitividad de la nación y en la mayor creación y distribución de riqueza, en un plazo razonable podríamos vernos situados dentro de una serie de círculos virtuosos.

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“Nuestras expectativas son inmensas. Esperamos mucho, quizás demasiado”, escribe Jonathan Heath dentro de nuestra historia de Portada. ¿Podremos ver nuestros sueños realizados con el nuevo gobierno?, él mismo pregunta. El paquete completo de las promesas es muy ambicioso. Ningún gobierno tiene la capacidad de desarrollar milagros, pero más vale que, desde ahora, presionemos para contribuir con el cumplimiento de las ofertas. De ese modo habremos dado el primer gran paso.

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