Quebec: lo viejo y lo moderno

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Socorro López Espinosa

A quienes la visitan, Québec ofrece en verano o invierno un amplio abanico de atractivos. Lo que distingue a esta pequeña ciudad fortificada es que no rompe con su pasado, pero al mismo tiempo es muy moderna.

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Con un aire francés y de la vieja Europa, Québec (capital de la provincia canadiense del mismo nombre) se erige en una pequeña colina, en un punto donde se unen las aguas del Atlántico con las de los Grandes Lagos, desde Le Havre y Southampton hasta el corazón de Norteamérica.

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El río San Lorenzo -vital para la vida de esta ciudad- es la entrada al continente desde el Atlántico, el mismo por donde entraron los primeros inmigrantes de Inglaterra, Escocia e Irlanda y otros más en su tránsito hacia Estados Unidos, además de los franceses que se dirigieron hacia Canadá. Durante los siglos XVIII y XIX, fue la principal vía de comunicación y comercialización y a la fecha es el río más navegado del mundo por los transatlánticos.

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Defensas americanas. La ciudad amurallada cuenta con un sistema de defensa único en su época en el continente. Sus iglesias y casas destacan por ser construcciones bien conservadas. Todo este tesoro arquitectónico y cultural le valió, hace 10 años, ser declarada por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.

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Para entrar a la villa de Québec, hay que cruzar el puente Pierre-Laporte, circular por el boulevard Laurier y alojarse, por ejemplo, en el Cháteau Frontenac, un lujoso hotel de estilo renacentista francés, construido hace 102 años, que guarda las tradiciones de la antigua ciudad francesa, aunque cuenta con todos los servicios de la época moderna. Desde cualquiera de las habitaciones puede admirarse el paisaje de la ciudad. 0 si se prefiere, ahí mismo se puede abordar el funicular que lleva a Petit-Champlain, una calle estrecha que además es la más antigua de Québec. Las construcciones levantadas a su vera albergan diferentes tipos de tiendas; el visitante puede encontrar desde objetos de arte realizados por los propios quebequenses o por los indios, hasta alimentos, ropa y joyería.

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Después de una mañana dedicada a las compras y a admirar el paisaje, puede disfrutar de una excelente comida. Hay restaurantes de todos los estilos y para todos los gustos. Por ejemplo, en la céntrica avenida Cartier, se encuentran varios locales pequeños, de estilo bistro. Los hay italianos o franceses, con un mezcla de elementos antiguos y modernos, y sus platillos están adaptados al gusto americano.

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En Chanoine Kir, quizás uno de los bistros más parisinos de la ciudad, sirven platillos de acuerdo con la temporada del año. Uno de los más populares es la carne tártara, acompañada con papas a la francesa y cubierta de mayonesa.

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Otro restaurante peculiar es Cóte in Vieux Québec, que diariamente presenta un menú distinto, aunque basado en la cocina mediterránea. Los platillos siempre se preparan junto a la mesa del cliente.

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Los cafés al aire libre proliferan en la ciudad y, como lo señala Jean-Luois Tremblay, gastrónomo popular en Québec, hay para todos los gustos. Para los exigentes, el Chez Bahüaud á la Bastille -discreto negocio ubicado en una casa, en el corazón viejo de la ciudad- ofrece su excelente cocina francesa y una oferta variada de pescado fresco que puede satisfacer al más exigente paladar.

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Québec tiene en realidad poca oferta de platillos típicos, aunque la carne con queso tipo roquefort, o el filete en una cama de espinacas son una buena elección.

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Si quiere un restaurante más clásico y servicio estilo europeo, puede acudir al Michelangelo o al Marie-Clarisse. El primero se caracteriza por su cocina clásica, consistente en carnes, pescado y pasta de tradición europea; el segundo, por sus pescados y mariscos, aunque el menú también incluye algunos platillos propios para carnívoros.

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Viajeros invernales. Quien quiera visitar Québec, deberá hacerlo preferentemente en invierno, pues entonces podrá disfrutar de diversas pistas para patinar o esquiar, pero sobre todo podrá cruzar patinando el corazón del parque de Los Campos de Batalla o hacerlo por el río Saint-Charles. Todos los años, del 2 al 12 de febrero, se realiza el Carnaval de Invierno, en el que participan artistas de 20 países en un concurso nacional e internacional de escultura de nieve. Además, durante esos días se verifican el clásico desfile que pasa por las principales calles de Quebec; la tradicional competencia de canoa en el congelado río Saint-Laurent, y (el máximo atractivo) la iluminación multicolor del palacio del Bonhomme (símbolo de las festividades), que es una estructura a base de hielo y considerada como una de las más importantes en su tipo en el mundo.

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Pero si prefiere un clima más agradable, podría efectuar un tour cultural y viajar a esta ciudad durante julio, cuando se realiza el Festival Internacional. Similar al Festival Cervantino de Guanajuato, esta celebración conjuga diversos eventos musicales, de danza y de teatro, con grupos y artistas de todo el mundo, quienes demuestran su arte en las plazas públicas o en recintos destinados para ello.

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En fin, cualquiera que sea la estación, para el turista Quebec ofrece diversión y cultura que conjugan lo mejor del Viejo y el Nuevo Mundo.

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