Queremos tanto a Astor y otros tangos

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De la música de Astor Piazzolla –ráfaga, diablura– podría afirmarse lo mismo que Borges decía del tango: “los atareados años desafía”.

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Las interpretaciones de uno de sus devotos seguidores –el violinista letón Gidon Kremer, su Cuarteto Astor (por Piazzolla, claro está) y su Kremerata–, son una feliz manera de mantener viva la llama musical del bandoneonista nacido en 1921 en Mar del Plata y fallecido en 1992. Hommage á Piazzolla, El tango y, recientemente, María de Buenos Aires, son tres grabaciones aparecidas bajo el sello Nonesuch que reiteran la relevancia de la obra musical del argentino.

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En los dos primeros discos hay composiciones emblemáticas del maestro del Nuevo Tango, como “Concierto para quinteto”, “Buenos Aires hora cero” y “Michelangelo 70”. María de Buenos Aires, por su parte, es un experimento delicioso: la puesta al día de la “operita” (la modestia es de sus autores) compuesta por Piazzolla y por el más argentino de los uruguayos: Horacio Ferrer. Combinación de poesía y música, en María se entremezclan el bien y el mal, la seducción, la tentación y la inspiración. Dice Kremer en el cuadernillo que acompaña el par de compactos que forman la obra: “Vivo con la esperanza, incluso con la seguridad, de que tras esta grabación se revalorizará el papel de Piazzolla en la historia de la música.” Que así sea.

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