Rafael Rangel Sostmann, rector de ITESM:

En el principio, preocupado; hoy, ufano de comandar los destinos del &#34Tec&#34
Valdemar de Icaza

“Me cayó una piedra encima...!” Así describe Rafael Rangel Sostmann lo que sintió cuando, en 1985, fue nombrado Rector del Sistema Tecnológico de Monterrey. A pesar de la magnitud de la encomienda, este ingeniero mecánico-eléctrico no se dejó intimidar y comenzó un trabajo que llevó al ITESM a ser considerada como una de las principales instituciones educativas en América.

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De sonrisa fácil y lenguaje directo (característico de la gente del norte de México), Rangel Sostmann es considerado el más innovador de los rectores que han pasado por esta institución. Fue creador de los Centros de Competitividad Internacional, de Estudios Estratégicos, de Calidad Ambiental y de Innovación Educativa.  Con ello, el ITESM se ha ganado el reconocimiento de institución productora de conocimientos al más alto nivel de exigencia.

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No contento con estos logros, el regiomontano con maestría y doctorado por la Universidad de Wisconsin emprendió una cruzada al interior del ITESM para darle un rostro más humano, y acercar a la institución a valores comprometidos con el desarrollo social de México.

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Ya engolosinado con su espíritu reformista, el también Doctor Honoris Causa por la Universidad de Florida, quiere llevar el sistema del “Tec” más allá de las fronteras mexicanas, así como fundar la primera universidad virtual del continente.

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¿Cuál es su diagnóstico del panorama educativo en México?
Creo que el principal problema es la educación básica. Un país, si no tiene una sólida educación primaria, no puede desarrollarse y sólo podrá hacer cosas de poco valor agregado, por no decir con las manos. Así, el estándar de vida del mexicano está condenado a nunca incrementarse. Es un problema con dos grandes oportunidades, porque a mí, más que hablar de problemas, me gusta hablar de oportunidades: una es la deserción. Sólo 60% de los mexicanos terminan el ciclo básico de la educación. Esos jóvenes no tienen futuro. Y, la otra, es que los que no terminan ese ciclo deben ser incorporados a un sistema paralelo que les abra las puertas al sistema productivo.

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¿Por qué no han sido tan fructíferos los sistemas técnicos que ya se han experimentado?
El problema de estos sistemas técnicos es que los tratamos de hacer demasiado formales y demasiado largos. Necesitamos sistemas intensos y de corta duración.

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Usted ha mencionado que un problema en la educación básica son los sindicatos, ¿qué propone al respecto?
Tenemos un programa  para entrenar a profesores de primaria en 27 estados. Y, para sorpresa nuestra, nos hemos dado cuenta de que, cuando uno les da a los sindicatos las cosas de una manera generosa y honesta, el sindicato es muy noble. Los maestros de México son gente muy dedicada y muy noble. Lo que necesitamos es un sistema de más incentivos.

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¿Qué ocurre cuando todos coinciden en que el futuro de México pasa por la educación y, sin embargo, se tiene a un profesorado mal pagado y un nivel educativo de cuatros años de instrucción básica? ¿Qué está fallando?
Es que lo decimos, pero no lo creemos. Cuando hablamos del plan de desarrollo, siempre hablamos de las telecomunicaciones, de las carreteras, del agua, de los edificios, de la seguridad... Y al área  de educación, a la hora de actuar, no le damos importancia. Todo sale sobrando si no existe el sistema educativo básico. Es una falta de conciencia.

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¿Es algo similar al desinterés de la empresa por la capacitación?
Exacto. Estamos gastando 0.4% de la nómina en capacitación, cuando deberíamos gastar 1%. Hay países que llegan a destinar hasta 10%. Pero, si usted no cree en eso, si usted cree que capacitar a su trabajador sólo provocará que se lo pirateen, entonces siempre tendremos una mano de obra mal preparada.

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Si los problemas educativos están claramente identificados, ¿por qué no se ha hecho algo al respecto?
Pues mire... yo también me hago esa pregunta todos los días. Es un problema de recursos, estoy de acuerdo, pero es un problema de deseo, de querer hacerlo. Todos dicen que la educación es un problema, pero a la hora de asignar recursos no se traduce esa preocupación... Yo tampoco lo entiendo. Pero, el día que nos llegue un Presidente que diga: “Aquí la educación es lo primero”, le aseguro que todos nos vamos a alinear. No digo que Zedillo no le dé importancia, pero me gustaría que sus secretarios vieran a la educación como el elemento básico para el desarrollo.

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¿Cuando dejó de existir en México la figura del gran educador?
Cuando tratamos de ampliar la cobertura educativa se perdió esa figura. A la hora de masificar la educación, desgraciadamente la calidad bajó. Comenzamos a ver a la educación como un sistema de permear clases sociales, pero descuidamos la calidad. Allí se perdió el sentido de la figura idealista del maestro y del alumno. La masificación era necesaria, pero lo que no estuvo bien es que cayera la calidad.

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¿Cuál es la diferencia que ofrece el sistema del ITESM con respecto a los demás?
Lo que pasa es que a nosotros nos llegan personas de alto nivel económico. Y ofrecemos un sistema bueno, pero no creo que sea justo compararlo con un sistema público donde faltan muchos recursos. Nosotros nos tenemos que comparar con programas de países desarrollados, no porque seamos muy buenos, sino porque no sería justo compararnos con los bachilleratos nacionales. Todos nuestros maestros (96% del nivel licenciatura) tienen posgrado. Pero somos una isla. En México todo son contrastes. Encuentra usted industrias del primer mundo y empresas que apenas están en los años 30. Escuelas de primer mundo y escuelas rurales sin recursos.

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¿La universidad sigue siendo en México el motor de la movilidad social?
En general, sí. Aunque a veces no lo es debido a la mala preparación. Una buena universidad propicia la movilidad social, pero si no es una institución de calidad genera más frustración que movilidad. La universidad es buena, pero no milagrosa. El problema está, como le he dicho, en la parte básica.

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El ITESM es un proyecto con 55 años de vida. ¿Cuáles son las claves de su éxito?
Una es que logramos convertir nuestro sistema en una universidad nacional. Todo sin recursos gubernamentales. En ese sentido, somos un ejemplo en todo el mundo. Básicamente, nuestra filosofía es que si vamos a muchas partes de México, a la larga nuestros egresados promoverán el desarrollo del país. Tenemos 104,000 egresados y poco a poco vamos a ir influyendo de forma positiva en el desarrollo. No nos quedamos en Monterrey porque esta es una ciudad que, en general, va bastante bien. La idea es llevar la educación a ciudades donde es difícil que llegue. Tenemos muchos programas educacionales, hemos comenzado la universidad virtual... En suma, estamos creando todo un sistema educativo no sólo para una clase social alta, sino para llevarla a muchos niveles. Participamos en el desarrollo del país, no sólo de la empresa mexicana, como originalmente nos concebimos.

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El ITESM revisa cada 10 años su misión. En la última revisión se incluyeron conceptos como desarrollo comunitario, democratización, empleo...
En 1985 nuestra misión era preparar profesionistas excelentes. Hicimos una consulta muy grande que incluyó a empresarios, líderes sociales, ex alumnos... Ellos nos mandaron un mensaje importante: que estábamos creando excelentes profesionistas, pero que a nuestros educados les hacía falta un compromiso con el desarrollo de su sociedad. Y llegamos a la conclusión de que lo que hacíamos estaba bien... para el pasado. Para el próximo siglo tenemos que ser más inteligentes y hacer mejor las cosas. Lo primero que cambiamos es nuestro enfoque: ahora nos dedicamos a formar personas que cambien a su país. Dimos un giro de 180 grados.

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¿Cómo fue el proceso de cambio?
Es un rediseño. Replanteamos nuestra práctica docente, de cómo debemos formar al alumno. Hacíamos mucho énfasis en darle muchos conocimientos al alumno. Eso es importante, pero, al final de cuentas, no es tan relevante como enseñarle ciertas actitudes y valores, como la honestidad, por ejemplo. Creemos que el alumno debe conocer bien a su sociedad para poder transformarla.

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¿Ya se perciben cambios?
Es un proyecto al año 2005, pero hasta ahora los resultados son muy positivos. Los alumnos son idealistas por naturaleza y todas estas visiones le agradan.

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Entonces, ¿la universidad privada debe sacudirse el estigma de ser una mera proveedora de estatus social? 
Hay mucho de eso, sí. Y, a veces, la universidad pública peca del otro lado... Se sienten los salvadores del mundo, pro no enseñan cómo. Nosotros les enseñamos cómo conseguir trabajo, pero no les decimos cómo salvar al mundo. Creo que tenemos que encontrar un justo medio.

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Uno de los valores que el ITESM quiere ver en sus alumnos es el liderazgo. ¿Cómo lograrlo en un país donde es un valor muy devaluado?
Participando. Muy sencillo. No confundir liderazgo con demagogia. Liderazgo es participación ciudadana, hacerse responsable de que las cosas cambien.

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¿Cómo surgió la inquietud del ITESM por traspasar las fronteras mexicanas?
Si nuestro país se va a desarrollar, tiene que hacerlo en un contexto internacional. Vale más que nuestros alumnos tengan la experiencia de vivir en otro país. Y porque tenemos el interés de desarrollar proyectos educativos en todo el continente y también en Europa, queremos un red de oficinas en todo el mundo que nos permita un intercambio masivo de alumnos. Todavía nos llegan muy pocos alumnos de fuera y sólo 30% de los nuestros tiene oportunidad de salir. Los profesores están incluidos.

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¿Qué se persigue tras el envío masivo de alumnos al extranjero?
En las pláticas del Tratado de Libre Comercio se llegó a la conclusión de que si un país no envía alumnos en forma masiva al extranjero, ese país no se relacionará a largo plazo. Las relaciones comerciales se hacen entre personas.

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Algunas personas se quejan de que los gobernantes educados en universidades estadounidenses no han sabido arreglar los problemas nacionales...
El que no hayan resuelto los problemas no es por educación, es porque no hemos sido lo suficientemente honestos. No hay que confundir conocimientos con honestidad. El no mandar a nuestros gobernantes a universidades de Estados Unidos no solucionará el problema de falta de compromiso y de honestidad que existe en nuestra sociedad.

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Proponga algo a la universidad pública para salir de su bache económico...
Hay que repensar el sistema de presupuestos de las universidades. Un sistema que funcionaría es el de vouchers. Que a cada alumno destacado le entreguen la cantidad que teóricamente el gobierno se gasta en él y que sea el propio estudiante el que elija su universidad. Verá cómo nos cambia la mentalidad a todos. Y aclaro: esto me parece viable en el nivel universitario. No lo recomiendo para el nivel primario.

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