Ramón Galindo, Alcalde de Ciudad Juáre

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Dino Rozenberg

El gobierno municipal de Ciudad Juárez, chihuahua, tiene un antecedente único en México: es el primero donde se han alternado presidentes municipales panistas y priístas, comenzando por el ahora gobernador del estado, francisco barrio terrazas. Desde octubre pasado, el cargo es ocupado por el panista Ramón Galindo Noriega, un personaje que algunos han calificado como “folclórico” debido a sus llamativas declaraciones, sus demandas en favor del municipio (“solicito un trato preferencial para esta región”) y sus innovadoras decisiones administrativas. A continuación, un resumen de la entrevista que ofreció a expansión.

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¿Qué tan compleja es la administración de una ciudad como Juárez?
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Es un reto que se puede identificar como el reclamo de miles de mexicanos que buscan un mejor nivel de vida. No le pueden reclamar eso al gobernador del estado ni al presidente de la república, sino al alcalde. A veces esas demandas van más allá, e involucran la macroeconomía, la justicia y el empleo. Somos el nivel de gobierno más accesible para la gente y seguramente el más importante, porque es el único que se enfrenta al reto de la vida diaria. Para estos asuntos el estado y la federación no existen, son papeles.

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¿Qué significado tiene la alternancia de gobiernos priístas y -panistas?
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Esta comunidad va a la vanguardia de las posiciones políticas. Primero estuvo el Partido Acción Nacional (PAN), luego dos veces seguidas el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y ahora dos veces el PAN; es la primera vez que hay seguimiento a una administración panista. El alcalde anterior inició un ordenamiento de las cosas públicas y a mí me toca asentar esas novedades, hacer redefiniciones y ajustes.

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Muchos observadores señalan que Ciudad Juárez tiene graves problemas de infraestructura y delincuencia, y que los ingresos son insuficientes para corregirlos. ¿Concuerda con esa visión?
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Uno de los retos más graves que enfrentamos es la inseguridad pública. Esto se vincula con el desarrollo económico, que no es sólo la generación de riqueza sino su distribución. En Ciudad Juárez hay empleo y crecimiento de la economía, y esto nos hace atractivos para muchos mexicanos. La gente llega buscando mejores ingresos, que para el caso de las maquiladoras significa salarios de entre $800 y $1,000 pesos al mes, y nos pide agua, patrullas, drenaje, escuelas y pavimento, servicios que no está en condiciones de pagar. Esto significa que el crecimiento económico genera problemas sociales, porque la riqueza no es compartida en beneficio de la comunidad.

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La derrama económica de la ciudad se convierte en tres cosas: impuestos, salarios y utilidades. Las utilidades de la maquiladora salen principalmente a otros países. Los salarios son esos $800 ó $1,000 pesos que las familias necesitan para vivir. Los impuestos se van a cualquier parte menos a esta ciudad. El que da el servicio aquí no es el gobierno federal ni el estado, sino el municipio. Sin embargo, el gran impuesto que se genera por la actividad industrial va al gobierno federal.

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Se ha firmado un acuerdo para que las maquiladoras reporten parte de sus utilidades en México. ¿Cuánto de esa recaudación se quedará en la ciudad? Nada. Ni un cinco. ¿Qué interés puedo tener en que haya más maquiladoras, si cada una que se abre me trae más rezago social? Por eso soy muy enérgico con el gobierno de México y con el de Estados Unidos, y solicito un trato preferencial para esta región. Se lo dije a Carlos Rojas y se lo repetí a Ernesto Zedillo.

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¿Cómo se resuelve el problema de los recursos municipales y las participaciones federales?
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El esfuerzo a nivel local no está siendo respaldado por el gobierno federal. Su mensaje es terrible: “Aunque ya estén bien amolados, sube los impuestos y cárgales la mano. Síguelos exprimiendo.” Y lo que hemos hecho es que 80% de la población, la de condición más humilde, pagará este año menos impuesto predial que el año pasado.

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En cambio, generamos un impuesto local sobre las nóminas de las empresas para obras viales, infraestructura y equipamiento, que irá directo a la ciudad, no al gobierno. Los mismos empresarios dirán cómo se gastará. ¿Quién hace eso en el resto del país? ¿Ernesto Zedillo les consulta a los contribuyentes en qué gasta el dinero? Yo no sé que lo haga.

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¿Cuál es su visión sobre el futuro de la ciudad?
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El futuro de esta ciudad depende mucho de la industria. ¡Qué no darían Alemania, España o Japón por tener la parte más pobre de Ciudad Juárez, pegada al río! ¡Qué no dieran por tener la más humilde de las colonias, como la de Anapra, que está pegada a la principal fuente de divisas en el mundo. Aquí estamos nosotros y la tenemos gratis. Pero tiene que haber un proceso de diversificación hacia otros sectores de la economía, como el turismo, la industria textil y otras más avanzadas. No deberíamos depender tanto de los ciclos económicos de la industria maquiladora y de la economía de Estados Unidos.

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¿Qué siente sobre la comunidad fronteriza y sobre el endurecimiento de la política migratoria de Estados Unidos?
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Estas dos ciudades integran una región y una comunidad. En México y Washington es El Paso y Ciudad Juárez, a secas, pero para nosotros es un mundo aparte, con amigos, familiares e intereses a ambos lados de la línea. Cuando viene el gobierno estadounidense y dice que van a poner una malla para separarnos, digo que no sabe de qué está hablando; no sabe a quienes se está refiriendo, porque aquí estamos unidos.

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