Recetas globales a males locales

Esta industria refleja las ventajas desventajas que significa para México la globalización. Para l
Lucía Pérez Moreno

Desde sus oficinas en Calzada de Tlalpan, a un costado de la central de Tasqueña, Carlos García, director general de Eli Lilly México, muestra los medicamentos que han hecho crecer las ventas de esta multinacional estadounidense en México. Entre ellos destacan el antidepresivo Prozac, el Evista para la prevención de la osteoporosis y el Cevalín, complemento vitamínico. Por ahora Eli Lilly produce principalmente para el mercado nacional, aunque poco a poco está cambiando de estrategia. Actualmente 30% de su producción se exporta a América Latina y a Asia y este mismo año espera obtener la aprobación de las autoridades sanitarias de Canadá para ampliar su mercado. ¿Será una nueva estrategia para convertir a México en un gran país maquilador de medicamentos, como sucede en otros industrias? García medita sobre la pregunta y responde que, hipotéticamente, se podría pensar en eso, pero que las barreras sanitarias representan un gran obstáculo en el sector farmacéutico.

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A pesar de ser una de las industrias más globalizadas, las empresas de este ramo en México están lejos de aprovechar las ventajas comparativas que les ofrece el país para exportar, tales como bajos costos, calificación de mano de obra y posición geográfica privilegiada.

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De acuerdo con un analista de la industria, que prefirió no ser citado, la razón de esto es que muchas multinacionales aún ven con incertidumbre el futuro económico y político de México. Además, la adopción de la ley de genéricos intercambiables en 1997 y del reglamento a principios de 1998 agregó confusión.

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Rafael Gual Cosío, director ejecutivo de la Asociación Mexicana de Industrias de la Investigación Farmacéutica (AMIIF), que representa en México a las 36 firmas más poderosas del mundo, afirma que desde que entró en vigor el Tratado de Libre Comercio (TLC), el sector privado ha invertido en México cerca de $600 millones de dólares, sobre todo en la modernización y expansión de la planta productiva. Si se considera que las grandes farmacéuticas invierten tan sólo en la investigación de un producto una cantidad similar, esta cifra es bastante modesta.

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Gual prevé que en los próximos tres años esta inversión podría crecer en otros $500 millones de dólares. Sin embargo, aclara que como cada multinacional define sus estrategias de acuerdo con sus planes globales, es difícil precisar en qué se invertirán estos fondos.

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Algunas multinacionales ya comenzaron a replantearse el papel de México como plataforma de exportación, pero por ahora son las menos.

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Sin dolores de cabeza
Boehringer Ingelheim Promeco, empresa de capital 100% alemán, comenzó a exportar este año medicamentos de prescripción a Estados Unidos, gracias a una estrategia largamente planeada que consiste en homogeneizar sus procesos de calidad en los tres países miembros del TLC. El plan denominado Opina (Optimization of the Pharma-Business in North America) significó inversiones por cerca de $70 millones de dólares en México para levantar una planta de sólidos orales (tabletas, cápsulas, grageas y granulados) y remodelar la que ya tenía en operación, acondicionándola para la producción de líquidos (jarabes, soluciones y ampolletas). Boehringer Ingelheim cerró una planta en Canadá y otra en Connecticut y concentró su producción en dos macrocentros, ubicados uno en Columbus, Ohio y el otro en Xochimilco, Ciudad de México. “Es un hecho sin precedente en América Latina”, dice Carlos L. Sagasta, presidente y director general de Boehringer Ingelheim Promeco.

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Lo que más enorgullece a Sagasta es que Boehringer Ingelheim aprobó sin desviaciones de norma las reglamentaciones de la Food and Drugs Administration (FDA). Sus esfuerzos serán premiados, pues esta empresa –la cuarta en importancia en México–tendrá la posibilidad de vender medicamentos a un mercado valuado en cerca de $115,000 millones de dólares anuales, mientras el pequeño mercado mexicano –$4,200 millones de dólares en 1998– es, además, volátil. Para este año, la firma espera exportar a Estados Unidos productos por un valor de casi $6 millones de dólares y a Canadá por $1.5 millones. “Estamos seguros de que muy pronto recuperaremos nuestra inversión”, dice Sagasta. La firma también exportará en 1999 medicamentos por más de $9 millones a América Central.

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Otras multinacionales están enfocando su interés en América Latina, donde las regulaciones sanitarias no son tan estrictas como en Norteamérica. Desde los 90, muchas ampliaron su capacidad de producción, con miras a ese vasto mercado.

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Roberto Rangel, director general de Searle México, afirma que su empresa está articulando una estrategia regional para surtir medicamentos terminados a sus subsidiarias del Pacto Andino y Centroamérica. “Es el tipo de regionalización que nos interesa”, dice.

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También Bristol Myers Squibb y Schering Plough han invertido en los últimos años en México para exportar a Latinoamérica. De acuerdo con García, de Eli Lilly, los tratados con el Grupo de los Tres (formado por México, Colombia y Venezuela), con Chile y con Costa Rica, entre otros, han beneficiado al sector farmacéutico por el descenso de los aranceles. Por ahora, sin embargo, las exportaciones mexicanas de fármacos están lejos de alcanzar todo su potencial. En 1998 representaron menos de 15% de la producción nacional y cerca de 80% fue comercio intrafirma de las multinacionales.

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Pero gracias a la creciente apertura comercial, el panorama está cambiando: el año pasado, las exportaciones del sector farmacéutico crecieron en 20% y sumaron casi $500 millones de dólares. De esta cantidad, 77% fueron productos terminados.

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25 saludables, 190 enfermos
Como sucede en otras industrias, el sector farmacéutico está muy polarizado. 25 empresas controlan la mitad del mercado y el resto, que son cerca de 190 laboratorios, tienen una mínima participación en el mercado privado de medicamentos. Básicamente dependen del sector de salud pública. Para muchas de estas empresas, el dilema no es cuándo comenzar a exportar, sino cómo sobrevivir.

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Miguel Ángel Valencia, director ejecutivo de la Asociación Nacional de Fabricantes de Medicamentos (Anafam), afirma que la apertura comercial, en el área de los medicamentos, no causó daño a la planta industrial nacional debido a que los precios locales todavía son muy competitivos a escala internacional. Sin embargo, contra lo que señala, muchas empresas de capital nacional desaparecieron o están al borde de la quiebra en la última década. En los 90, casi la mitad de las empresas farmacéuticas de capital nacional desapareció, mientras que sus ventas totales disminuyeron en 25%. En un estudio elaborado por los investigadores Yamila Orozco y Luis E. Montelongo sobre la apertura comercial y la nueva Ley de Patentes, se señala que entre 1993 y 1997 hubo una descapitalización de 40% de las empresas nacionales, mientras que las subsidiarias extranjeras aumentaron sus inversiones en 39%. En términos globales, la inversión total registró una reducción de 2.3% en este periodo.

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Mientras que en 1993 las empresas de capital nacional controlaban 20% del mercado de fármacos en México, para 1998 su participación cayó a 15%. Los únicos rubros en los que sus ventas han crecido es en el mercado de genéricos, donde su presencia ha aumentado ligeramente en los últimos cinco años. Hoy surten 80% de la demanda de medicamentos del sector público.

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Hay algunas empresas medianas que están haciendo ajustes y buscando alianzas para crecer y exportar. Valencia, de Anafam, asegura que hay laboratorios nacionales que ya tienen la certificación ISO 9000 y están en proceso de validar su calidad ante la FDA. “Algunas ya exportan a la Unión Americana, Canadá y a otras latitudes”, afirma. Sin embargo, a diferencia de las multinacionales, las empresas farmacéuticas mexicanas tienen que salir a buscar clientes y pelear duro para obtener los certificados sanitarios. En muchos casos ven pasar los acuerdos comerciales sin ningún provecho, pues en el sector salud, a diferencia del resto de los sectores, lo importante no son las barreras arancelarias, sino las sanitarias.

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Diagnóstico: alianzas o muerte
Uno de los mayores problemas que enfrenta la industria farmacéutica en México es que no se invierte en investigación básica.

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Otro serio conflicto es la desintegración de las cadenas productivas en este sector. A finales de los 80, había en el país cerca de 90 empresas que producían insumos para el sector farmacéutico y actualmente sólo quedan 35. De éstas, apenas unas 10 lograrán sobrevivir para el siguiente siglo. Guillermo Schiefer, presidente de la Cámara Nacional de la Industria Farmacéutica (Canifarma), reconoce que en la década pasada había un grado de integración de 70% de esta industria con la farmacéutica y que, hoy día, es de 30%.

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Esta tendencia se ha traducido en un boom de las importaciones, sobre todo de sustancias activas. En 1998, sumaron $1,100 millones de dólares y, de esta cantidad, más de la mitad correspondió a farmacoquímicos. La perspectiva es que la dependencia de México en sustancias activas seguirá aumentando en los próximos años.

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La Canifarma, que agrupa tanto a multinacionales y nacionales, enfrenta el enorme reto de conciliar los intereses de los distintos grupos. Schiefer reconoce que no siempre es fácil mediar. “Hay puntos de vista diferentes; lo que buscamos es una posición intermedia”, dice. Sin embargo, por el tamaño de unas y otras, sus objetivos no pueden muchas veces conciliarse.

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Las pequeñas y medianas empresas farmacéuticas temen a la acelerada apertura y quieren que se tomen en cuenta las grandes asimetrías al negociar tratados comerciales. Las grandes firmas, en cambio, pugnan para que el gobierno avance más rápido en nuevos acuerdos. Por ahora, el único punto de acuerdo entre ambas es que hay que defender de la competencia externa el lucrativo mercado gubernamental, valuado en cerca de $800 millones de dólares anuales. Schiefer argumenta que “esta apertura se daría a cambio de nada”, pues en otros países no existe un sector de salud pública tan fuerte como en México.

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Conforme avanza la liberalización económica, habrá empresas que se fortalecerán y otras que desaparecerán. Es la ley de la vida. Algunas como Boehringer Ingelheim Promeco recogerán los frutos de su visión de largo plazo. Otras, como Eli Lilly y Searle agilizarán su comercio intrafirma y sus exportaciones a Latinoamérica. En cuanto a las empresas de capital nacional, tendrán en teoría la posibilidad de comenzar a exportar. De hecho, este año se firmó un convenio entre la Canifarma y Bancomext para fomentar el comercio exterior de fármacos con créditos especiales. En la práctica, sin embargo, la mayoría seguirá enfrentando problemas de descapitalización y fuertes barreras no arancelarias, en forma de estrictos controles sanitarios.

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Hay quienes consideran positiva la aprobación en México la norma SSA 059 de buenas prácticas de manufactura, pues obligará a las empresas a realizar nuevas inversiones en el sector farmacéutico. Valencia, de Anafam, adelanta que la industria de capital nacional invertirá en sus plantas en los próximos años cerca de $80 millones de dólares. “Lo destacable de esta cifra es que se orienta a la capacidad e instalaciones productivas y no a oficinas e instalaciones de venta”, dice.

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Schiefer, de la Canifarma, también considera que la nueva normalización hará que a la larga las empresas farmacéuticas, tanto nacionales como internacionales, se especialicen en determinados productos y procesos, lo que ayudará a racionalizar los costos y facilitará su incorporación al mercado global. Considera que la SSA 059 mejorará las perspectivas de la industria farmacéutica en su conjunto y agilizará el proceso de alianzas y fusiones en el país. Entre las posibilidades que menciona está la de que más empresas medianas europeas se interesen en buscar alianzas locales con empresas de tamaño similar. “Algo ya se está cocinando” dice. Sin embargo, aclara que en un futuro las empresas nacionales que quieran sobrevivir en un entorno globalizado y de reducción del gasto público, tendrán que comenzar a salirse del sector gobierno e incursionar en el mercado privado. De no hacerlo, su sobrevivencia está en peligro.

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En cuanto a las multinacionales, la tendencia mundial será crear empresas cada vez más grandes. El proceso de alianzas y fusiones se dinamizará y dentro de unos años el mercado mundial estará controlado por megacorporaciones.

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