Reinventar el modelo

México está en condiciones de convertirse en una de las grandes potencias exportadoras. Para ello,

La buena noticia: hace apenas cinco años, las exportaciones mexicanas significaban 14% del Producto Interno Bruto. En 1998, éstas alcanzaron 28.7%. ¿Otra cifra? En 1980 exportábamos $18,000 millones de dólares; el año pasado llegamos a $117,500 millones. El salto es realmente notable.

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La mala: por desgracia, las importaciones han crecido a un ritmo similar. En 1980 importábamos poco más de $21,000 millones de dólares; en 1998 llegamos a más de $125,000 millones. Es decir, sale más dinero del que entra, por lo que así se demuestra que el sector externo no ha cumplido a plenitud con su papel de generador de recursos para financiar el desarrollo, en vez de recurrir sistemáticamente a las volátiles corrientes de inversión financiera.

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Esos son los límites actuales del modelo exportador. Pero detrás de esta realidad se encuentran alternativas reales de generar mayor valor económico y convertir a México en una potencia exportadora de los más diversos productos manufactureros. Es cuestión de trazar las rutas necesarias para enganchar a los pequeños y medianos empresarios dentro del club de proveedores de las grandes exportadoras del país.

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Mucho se ha hablado del modelo italiano, por ejemplo. En esa nación, las autoridades asumieron como misión dotar a sus micro y pequeñas empresas de herramientas competitivas para desarrollar una cadena productiva sólida, en la que estas son proveedoras estelares de los mega consorcios exportadores.

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Y eso es lo que hace falta en México. La estructura productiva del país tiene muchas similitudes con la de Italia, por lo que habría que estudiar con profundidad las medidas e incentivos llevados a cabo en ese lugar con el fin de adaptarlos a las condiciones nacionales. ¿O acaso pretendemos sustentar toda nuestra competitividad internacional en los bajos salarios y en la política monetaria?

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No es un comienzo de cero. Existen varias historias de éxito que permiten afirmar que en México existe la capacidad de enviar mercancías y servicios a cualquier rincón del mundo, con buenas condiciones de precio y calidad. En esta edición presentamos varios testimonios que fortalecen esta idea. Ahí está, como una excelente muestra, el caso de Desc, empresa a la que dedicamos nuestro artículo de Portada. Apenas hace cinco años, la firma que encabeza Fernando Senderos generaba $300 millones de dólares en divisas; en este 1999 traerá $1,000 millones.

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Asimismo, unas páginas después, en la sección A Fondo, encontrará información muy completa sobre el desempeño de las 100 exportadoras e importadas más importantes de México, una radiografía que documenta con claridad los pesos y contrapesos del actual modelo económico. A este informe le siguen dos reportajes sobre casos tan exitosos como distintos: Volkswagen, una empresa de capital externo que recién arrancó sus estrategia exportadora tomando a México como plataforma de manufactura, y  Muebles Rústicos Segusino, una pequeña firma regional que ha hecho verdaderos milagros para enviar su mercancía al exterior.

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Al buen entendedor, pocas palabras.

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