Rendir cuentas, al parejo

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Ricardo Medina

Ahora sí. Bien por exigir cuentas. Bien por el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas si de lo que se trata es de no dejar pasar las irregularidades, los malos manejos o la franca corrupción en que hubiera incurrido la administración anterior en el gobierno del DF.

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El chiste, ingeniero, es que esto no sea mero pretexto, ni denuncia vaga, sin nombres ni pruebas, para excusar el mal desempeño del gobierno actual de la capital del país.

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Eso sí es democracia. Las cuentas no deben pedirse a los anteriores a nombre propio, sino en representación de los ciudadanos presuntamente agraviados, en todo el país, a causa del mal manejo de los dineros y bienes públicos.

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El día de mañana, ingeniero Cárdenas y compañía, les pediremos cuentas a ustedes. Es más: no hay que esperar a mañana, hoy mismo tenemos derecho a que usted y otros funcionarios pagados con impuestos de los mexicanos nos den puntual cuenta de su desempeño. Para eso les pagamos.

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No se valen las excusas ideológicas, ni los pretextos. La sartén por el mango no la tiene usted, ingeniero, ni su partido, como no la tiene el anterior gobierno de Espinosa Villarreal (gracias a la democracia); la tenemos los ciudadanos.

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Qué bueno que usted no pacte ni se haga cómplice de presuntas irregularidades (para usar la terminología al uso), sino que denuncie. Pero, ¿sabe qué, ingeniero?, sea puntual, no le saque: diga dónde, cuándo, cuánto, cómo y, sobre todo, diga quién. De lo contrario, la denuncia suena a pretexto, a mero ardid para distraer al respetable, a mero estratagema para dirigir las baterías de la crítica hacia el pasado y tender un púdico velo sobre las “irregularidades” del presente.

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Eso, ingeniero, es la democracia.

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También, por cierto, es democracia que la diputada local tenga la libertad de denunciar el supuesto nepotismo que, según ella, campea en su gobierno, ingeniero Cárdenas. No se vale, en este juego de la democracia, eludir la respuesta con un “sin comentarios”, ni condenar a la denunciante porque ha vulnerado la presunta “unidad del partido” o porque “mina la lucha social” que su gobierno dice llevar a cabo.

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No se trata de volver al juego de la “tenebra”, de lo oscurito, y de las complicidades con el falso pretexto de que “nosotros sí somos revolucionarios y los de antes no”.

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Tampoco se vale, señor López Obrador, hacerse la “víctima” cuando se es gobierno. No se vale inventar conjuras o conspiraciones de los medios de comunicación porque no le prestaron oídos y micrófonos a la denunciante, sobre todo si ella fue puntual y precisa: ofreció nombres y casos concretos.

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Señor López Obrador, ingeniero Cárdenas: respondan a las acusaciones concretas con explicaciones concretas, no con diatribas contra la “traidora”, ni con peroratas sobre la conspiración de las “derechas” para impedirles hacer un buen gobierno.

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Si en efecto la anterior administración del DF, en determinados casos, incurrió en “irregularidades”, ¡qué bueno que usted lo denuncie! Ahora falta que sea específico y que le entre al toro por los cuernos. No se extrañe, ingeniero, que la ciudadanía y eso que llamamos “opinión pública” también le exija a usted y lo llame a rendir cuentas. Estos no son los tiempos de la playa Eréndira, ¿verdad?

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Durante varios años, de 1987 a diciembre de 1997, le funcionó al PRD y al ingeniero Cárdenas el papel de víctimas. Ahora ya no es una estrategia válida. Se supone que la democracia es algo más que un “quítate tú, para ponerme yo”. Se supone que en la democracia no se vale que el gobierno sea víctima. En la democracia, el gobierno es responsable, de sus actos y de sus omisiones.

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En fin, ingeniero Cárdenas, señores y señoras que lo acompañan en la tarea de gobernar la capital del país, este juego de la democracia es parejo. No eludan la crítica y el juicio de los ciudadanos. Pagados y bien pagados están por el dinero (vale decir, el trabajo) de los mexicanos, no sólo el de aquellos que viven en la capital del país. Bien por denunciar lo que estuvo mal en el pasado (con pelos y señales, no con lamentos vagos ni adjetivos), que se castigue lo que se hizo mal. A ustedes también les tocará. Recuerden: “Hay más tiempo que lentejas”.

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El autor es editor de Información de TV Azteca y colaborador de El Economista

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