Revisión de la izquierda

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María Antonieta Barragán

El libro de Adolfo Aguilar Zinser ¡vamos a ganar! La pugna de Cuauhtémoc Cárdenas por el poder, ocupa hoy el centro del debate de la izquierda y de gran parte de la intelectualidad mexicana, por tratarse de un testimonio del vocero de Cuauhtémoc Cárdenas durante la pasada contienda electoral, y por el contenido autocrítico y la audacia con que está escrito. Este testimonio, a juicio del propio ex candidato perredista, "contiene inexactitudes, pero es preferible escribir libros, a derramar sangre". Por su parte, Profirió Muñoz Ledo, dirigente del Partido de la Revolución Democrática (PRD) piensa que contribuye a poner fin a una "cultura de secrecía", a ampliar el debate y el juicio ético que hace de Cárdenas "revela una gran admiración al dirigente civil, al ciudadano, al amigo".

- EXPANSIÓN platicó sobre el libro con el autor, quien puntualiza los aspectos más polémicos de su obra y otros que han merecido un curioso silencio.

- Un libro-crónica de una campaña presidencial, visto con autocrítica y desde la oposición, es como abrir una descarnada disección de la derrota, ¿qué lo animó a escribirlo?
Fue escrito con la idea de avanzar en el reconocimiento de nuestras deficiencias, errores, concepciones equivocadas de la estrategia política e incluso hasta de la realidad del país. Lo que más le ha hecho daño a México es atribuir siempre al gobierno el fracaso de los intentos de cambio de la oposición. Perdimos la perspectiva de que la población mexicana percibía los escenarios políticos a través de los medios de comunicación. No podemos culpar a la gente de no conocernos si no nos comunicamos con ellos por estas vías. Tuvimos oportunidades y espacios, pocos, pero no los supimos aprovechar.

- El perfil que hace de Cárdenas es el de un hombre integro con principios y una ética inamovible, pero a la vez, cautivo de ciertas cualidades que lo llevaron al fracaso electoral. ¿Conocía a este Cárdenas o lo fue descubriendo en la contienda?
A las personas se les conoce en los momentos en que emplean a fondo todo su potencial. Por tanto, ese era el momento de conocerlo. Un hombre tomando decisiones políticas y escuchando diversos puntos de vista, debatiendo y reflexionando; al mismo tiempo inmerso en una contienda política de esta intensidad. Todo esto le da a uno una dimensión muy humana de la persona, tanto en su grandeza como en sus vulnerabilidades, sus rigideces. En la política demostró ese cautiverio, pero en lo humano no se le puede reprochar.

- Pero estaba en juego la presidencia...
Claro, y él no está solo, está acompañado. Es parte de un proceso; simboliza lo que los mexicanos queríamos: cambio social, integridad, vinculación con nuestra historia. Entonces, al ser sometido a los tremendos embates de una realidad política tan conflictiva, difícil y desigual como es la mexicana, mostró sus cualidades y defectos. Es un libro que, aun critico, no descalifica. La crítica que hago no está destinada a restarle nobleza a su causa ni a él como líder. Desgraciadamente, ésta se ha tornado en el PRD como una crítica para destruir. Será porque no estamos acostumbrados a practicarla para fortalecernos.

- En su libro usted señala que Cárdenas actuaba en ocasiones "por instinto".
En efecto, el ingeniero muchas veces actuó así. Decisiones tomadas en congruencia con sus principios y motivadas por ese instinto. Teníamos la expectativa de que algunas sí funcionarían. En 1988 sí funcionaron. Las cualidades de un líder son eficaces en un momento y dejan de serlo en otro. Eso nos habla de la necesidad de renovación de nuestros líderes, de la actualización de las estrategias, del uso de nuevos instrumentos para la política.

- El libro deja la sensación de que el equipo de campaña sólo jugó un papel operativo puesto que Cárdenas siempre decidía todo solo. De haber sido presidente, ¿esta forma de ser no lo hubiera llevado a un distanciamiento con su gabinete?
El comportamiento de un candidato en campaña tiene una dimensión distinta a estar en el gobierno. Probablemente este patrón de toma de decisiones se habría repetido de haber llegado a la presidencia, pero también, y de seguro, habría sido receptivo a que las decisiones estuviesen sustentadas en un proceso democrático. Esto, porque la oferta de Cárdenas era una presidencia en un régimen democrático, es decir, con un Congreso y una prensa libres, más plurales, y una genuina división de poderes.

- Es muy dura su afirmación de que Cárdenas compitió para perder mis que para ganar...
Yo no afirmo que Cárdenas compitió para perder; digo que estaba mejor preparado para perder que para ganar. Anímicamente había anticipado todos los trucos, todos los fraudes y, conforme se le manifestaba su percepción de que el gobierno iba a cometer un fraude inexorable, se anticipaba a lo que él haría en esa situación, concentrándose menos en su propia acción para consumar su victoria. Tenía una idea más formada e interna de lo que iba a hacer en caso de una derrota. No es que no hubiera peleado para ganar; incluso el libro documenta cómo, con un inmenso honor, se sobrepone a todas las adversidades y va con la decisión de ganar.

- Después del debate, Cárdenas, en lugar de ir por el voto de los indecisos, pareció emprender una campaña autocomplaciente, de ir a convencer a los de antemano convencidos.
Esa es mi critica al trabajo de la campaña. Fuimos muy complacientes con la idea de que teníamos el respaldo de un sector de la población, de la cual extrapolábamos que tras ella se iría el resto de la ciudadanía. La confianza que teníamos en esos sectores nos aisló de otras capas de la sociedad. En el debate, las simpatías por Cuauhtémoc no variaron, a pesar de la derrota en el debate; las antipatías crecieron y se consolidaron y los que antes del debate tenían una imagen del ingeniero ya desprestigiada por los medios de comunicación, encontraron ese día una opción en la persona de Diego Fernández de Cevallos. Ahí estuvo el desenlace de la elección, que nos mandó al tercer lugar.

- ¿Realmente llegó Cárdenas a configurar un modelo económico viable, alternativo al salinismo?
Cuando se presentó en el ITAM él mostró un cambio en sus concepciones ideológicas y aceptó la naturaleza de una economía abierta. Pero no quiso aterrizar todo esto, porque tenía que hacer una selección de a quién satisfacer. Tenía tantas demandas, desde los campesinos hasta los pequeños empresarios que, como todo político, quería recoger todas las peticiones y elaborar una respuesta atractiva. Sin embargo, cuando logra hacerlo, lo hace tarde, creo que con una propuesta razonable y aceptable. Era un Cárdenas que tenía claro cuáles eran los dilemas económicos y que no se podía gobernar con una política dispendiosa, ni de espaldas a la economía internacional.

- Pero, ¿cómo lo iba a hacer?
Mediante una reestructuración económica que atendiera el crecimiento dentro de las limitaciones financieras que enfrentaba el país. Cambiándole el curso a la economía hacia una economía dirigida a satisfacer necesidades sociales y, a partir de ello, crear empleos. No era un viraje radical, sino un movimiento que redimensionaría la economía en lo social. En algunos discursos lo manifestó la economía abierta, la empresa privada y el papel del Estado, no deben ser temas ideológicos tabúes, sino instrumentos flexibles que permitan conseguir determinados objetivos.

- ¿Cómo percibía Cárdenas al sector empresarial?
Fue siempre un tema difícil. Sin embargo, llegó a reconocer que el empresariado mexicano tenía que ser una pieza clave de la economía y de la política. No se les puede excluir de la política porque sus decisiones afectan este campo. Era un aprendizaje reciproco, ya que el sector empresarial empezó a intuir la posibilidad de Cárdenas como gobernante y tendría que aprender a vivir con él. Creo que se habría dado un proceso de acercamiento acelerado después del 21 de agosto: con un antagonismo con los empresarios hubiese sido difícil gobernar.

- ¿Y qué puede decir sobre el distanciamiento de Muñoz Ledo y Cárdenas durante la campaña?
Argumento en el libro que Porfirio tiene tal percepción de su momento político que no llevó esa contradicción al enfrentamiento. Supo que su papel era reubicarse, tomar distancia e insistir en sus posturas pero sin llevarlo al encono, porque eso hubiera provocado una fractura a la candidatura en una etapa culminante de la contienda. Actuó con gran sentido de responsabilidad y prudencia; eso le dio un gran espacio de beligerancia a Samuel del Villar, que sabía los extremos de prudencia a los que Muñoz Ledo era capaz de llegar a pesar de su gran temperamento. Se aprovechó de ellos.

- Es curioso que entre los que opinan de su libro, nadie toca el asunto de la "emboscada propagandística", como la define usted, del subcomandante Marcos a Cárdenas, en mayo, días después del debate...
Hay muchas partes de mi libro que no han sido descubiertas por la opinión pública. Se han centrado en la personalidad de Cárdenas, nada más. En el capítulo que llamo "Apocalipsis ll” hay un filo muy crítico, aunque respetuoso, de Marcos, reconociéndole su contribución y su talento político. Pero en el momento en que nosotros como movimiento aspirábamos a la presidencia, fuimos victimados por las estrategias audaces del subcomandante. Hago una proposición de discusión de cuál es su papel en el concierto de las luchas democráticas. Es sano discutir y no deidificar a Marcos; en el libro lo desmitifico y lo ubico como un hombre astuto y pragmático, con un sentido utilitario de la escenografía. Describo cómo Marcos está tras de la escena dirigiendo, no a los soldados en combate, sino a los actores en una representación teatral que sirviera como escenario para recibir al ingeniero Cárdenas en la selva lacandona, ese 15 de mayo. Pero imagino que si se descubrieran esos filos críticos aumentarían los linchamientos -alguien desde la izquierda se atreve a describirlos en esos términos-, ya que narro, cómo caímos en una celada. También hablo de cómo se intentó evitar que cayéramos en ella, pero Cárdenas no quiso que se cambiaran las condiciones de su visita y caminamos inexorablemente a esa emboscada. Esto, en mi opinión, hizo un grave daño a la perspectiva electoral del ingeniero, pues con ello se confirmó y verificó la imagen de radicalidad, que injustamente se le había atribuido.

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- Lo que mostró una fragilidad de la izquierda...
Más bien una ingenuidad de la izquierda: iba al encuentro con el ídolo, no a la discusión sustantiva de posturas políticas. Se cayó en las debilidades de la izquierda de generar ídolos, de crear símbolos, en vez de ver estrategias y crear propuestas de construcción de una alternativa política. Estábamos allí para ver a Marcos, con el propósito de, aclarar las posibilidades de una paz en Chiapas, y en ese punto debimos habernos concentrado.

- En el libro se aprecia un apartidismo de su parte, sobre todo cuando al final propone la creación de una nueva fuerza de centro que aglutine diversas manifestaciones democráticas.
Ante todo, el libro es un testimonio de independencia. Reclamo la independencia aun habiendo sido vocero de Cárdenas. Lo hago para poder seguir diciendo lo que pienso. Para mí no tiene sentido participar en la política si voy a sacrificar mi independencia por un silencio cómplice que no sirve a la causa. Por otro lado, me parece importante construir nuevas propuestas políticas. El libro tiene un sentido propositivo. Si yo hago esta reflexión crítica es porque hay alternativas, y las pongo a discusión en todo momento. Una de ellas es la creación de una fuerza política en la que converjan los liderazgos nuevos y gente convencida de que las viejas estructuras de hacer política y los partidos tal como están no satisfacen las necesidades de un cambio democrático, ni las expectativas de la sociedad. Y la otra cuestión fundamental del cambio tiene que ver con los propios partidos de oposición. Dejémonos ya de la crítica como, razón de ser de nuestro movimiento y pasemos a la construcción real de una alternativa.

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