Ricardo Benjamín Salinas Pliego

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Jaime Santiago

El dueño de Televisión Azteca, Elektra y Radio Beep (entre otras) piensa que todo lo que hace es perfectamente respetable: aceptarle un préstamo de $29.8 millones de dólares al hermano del ex presidente porque, faltaba más, en 1993 era un rasgo de distinción social; mentir al respecto dos veces seguidas hasta que la prensa le puso encima un kilo de pruebas; tener un paraíso fiscal en el Caribe; llamarle “penitentes” a los que perdieron la licitación de Televisión Azteca, con ese respeto con que prometió entrar a los hogares mexicanos; hacer frente a su guerra con Televisa dirigiendo todas sus baterías en contra de Ricardo Rocha, quien aún hoy debe tener prohibido el aguacate, al verse ridiculizado en cada programa en vivo de la televisora rival y cuestionado hasta por Paty Chapoy. Por último, lanzarse de paso contra la prensa “amarillista” que se atrevió a cuestionar su honradez y sus buenas intenciones.

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Mucho de este comportamiento digno de Bart Simpson era completamente innecesario. Y es que, ante las pruebas de la existencia del fondo de inversión más poderoso de México (“Raulito y amigos, clave FONRUL”), lo mejor hubiera sido hacer como Adrián Sada: aceptarlo con un poco de pudor y callarse la boca. El pleito real es contra Raúl y su tráfico de influencias, no contra Ricardo... si el Congreso no dice lo contrario.

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Son los gajes del éxito, que le llegó temprano en la vida a Salinas Pliego, el heredero de una dinastía de comerciantes que probó ser, según un analista neoyorquino, “uno de los administradores más inteligentes que he conocido en México”. A sus 40 años, este maestro en Finanzas de la Universidad de Tulane ha elevado la fortuna familiar a $1,200 millones de dólares, a partir de 1986, cuando tomó las riendas de Elektra.

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Su mérito original fue llevar a las grandes ligas el viejo negocio desarrollado tenazmente por su abuelo y su padre, gracias a una impresionante estrategia financiera que le permitió seguir vendiendo electrodomésticos a las clases más bajas del país, en abonitos semanales.

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La historia familiar se remonta a 1900, cuando Benjamín Salinas Westrup fundó un negocio para fabricar camas de metal, usando varillas de desperdicio de Fundidora Monterrey. Terminó compartiendo el negocio con su cuñado y formando la conocida tienda Salinas y Rocha.

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En 1930 se incorporó al negocio el hijo de don Benjamín, Hugo Salinas Rocha. Esta línea familiar dirigiría el negocio hasta la llegada de la manzana de la discordia: Elektra, una fábrica de radios adquirida por don Hugo y que comenzaría a dirigir su hijo Hugo Salinas Price. Para 1959, ya desaparecido don Benjamín, las ventas de radios fabricados por los Salinas en las tiendas de la compañía enfurecieron a la parte Rocha de la familia, que armó un sanquintín hasta que logró expulsarlos de la dirección (aunque siguen manteniendo 17%).

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Ante ello, a los Salinas no les quedó otra que transformar a Elektra en una tienda parecida a SYR, con la que habrían de pasar tiempos muy duros durante 20 años. Cuando por fin habían consolidado 55 tiendas en 1981, la crisis los puso en suspensión de pagos. Entonces entró al rescate Ricardo Salinas, quien reorganizó Elektra, computarizó las tiendas, enfatizó la importación y la diversificación. Actualmente existen unas 400 tiendas en México.

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No está claro qué lo motivó entonces a dar el paso de vender televisiones en abonos a producir lo que se ve en ellas. El caso es que reunió $450 millones de dólares, pidió prestados otros $200 y les ganó a los otros “penitentes” en la compra de Imevisión. Aunque el cambio no se vio de inmediato, para 1995 Televisión Azteca se había consolidado como una competencia verdadera de Televisa. Sus tarifas publicitarias a precios de Elektra y con enormes “bonificaciones”, fueron desdeñadas al principio por “el Canal de las Estrellas” debido al escaso -rating de Azteca, pero la incorporación de una mejor programación más eficaz ha eliminado esta diferencia.

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Ese es el estilo de Salinas Pliego: le gusta ir por ahí, diciendo que no sabe nada y, ¡zas!, dar el golpe. Así lo saben bien los “corridos” de lo que fuera Imevisión, quienes de repente no pudieron siquiera entrar a sus oficinas y, afirman, les negociaron la liquidación. Lo mismo vive la Asociación Nacional de Intérpretes, a la que TV Azteca se niega a pagar regalías por la repetición de programas, con convenio firmado y todo. Y qué decir de su gente de Elektra en donde, cuentan, el señor resuelve sus problemas a gritos.

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