Ricardo Salinas. A mi manera

No es monedita de oro, pero ha demostrado que es un rival de cuidado en las aventuras que emprende.
Louise Guénette

Un día de 1994 Ricardo Salinas Pliego llevó a Luis Echarte, cubano americano que había sido presidente durante 10 años de Bacardí, a caminar por una playa de Acapulco. Quería convencerlo de trabajar con él. "Mira, te voy a enseñar lo que es México y lo que es la gente que yo quiero ayudar y que me va a dar la oportunidad de hacer mucho dinero", dijo el entonces presidente de Elektra y de los canales de televisión 13 y 7, recién privatizados.

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La seducción funcionó. Impresionado por la visión del empresario, Echarte asumió la dirección de Finanzas de Elektra y, en noviembre 1999, de TV Azteca. Lo mismo pasó con por lo menos dos ejecutivos más, impresionados por la visión de Salinas y su capacidad de conjugarla con la ejecución. Javier Sarro, de Quadrum, institución de banca múltiple mexicana, dio el sí en 1995 y Álvaro Rodríguez, del banco de inversión neoyorquino Violy, Byorum & Partners, lo hizo en 1998.

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Rolando Calderón, analista del sector de ventas al detalle de ABN Amro, Casa de Bolsa, resalta la capacidad de Salinas de ganarse a sus trabajadores: "Ha logrado que en todos sus negocios muchos empleados realmente hablen muy bien de él." Sabe motivar a la gente y recompensarla por un trabajo bien hecho, con bonos para vendedores y gerentes, y participación accionaria para los altos ejecutivos. El año pasado dos empleados con el mejor desempeño de cada tienda Elektra, incluso las de Centroamérica y Perú, asistieron a una convención anual en Orlando, Florida, con pases para entrar en Disney World y los estudios MGM.

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Esa aceptación de Salinas dentro de sus empresas contrasta a menudo con la percepción general que hay afuera respecto de él. Es agresiva su manera de hacer negocios, de tomar posiciones en el mercado, coinciden analistas financieros. También lo son las broncas que ha tenido con algunos socios y su reacción cuando es atacado. En la comunidad financiera le persigue la reputación de "hacer olas" con prácticas poco ortodoxas. Ha sido capaz de crear una dinastía de empresas, sacándole todo el jugo posible a cada negocio y utilizándolos como trampolín para financiar nuevos proyectos.

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Sus mismos detractores se ven obligados a admitir que es un hombre que logra, aunque a veces lo haga a duras penas, lo que se plantea.

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Vorágine empresarial

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Con el restablecimiento del crédito a principios de los años 90, Salinas empezó a transformar las tiendas Elektra –heredadas de su padre y abuelo– en plataformas de servicios para la clase media baja. Luego vendrían la radiolocalización, transferencia de dinero y otros productos.

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Pronto se fijó en la licitación del paquete de medios del gobierno federal. Salinas explica que si bien recibió en préstamo $29 millones de dólares de Raúl Salinas de Gortari y la participación por $160 millones de sus socios Alberto y Moisés Saba (padre e hijo), el negocio familiar le sirvió de garantía para conseguir $420 millones de dólares en préstamos bancarios. Así pagó buena parte de los $640 millones de dólares que había propuesto en la licitación. Las siguientes operaciones financieras de Elektra, es decir la primera oferta pública de acciones en diciembre de 1993 y la segunda en septiembre de 1994, ayudaron a la familia Salinas a pagar ese crédito. Luego, cuando Elektra vendió los flujos a futuro de su asociación con Western Union –la empresa estadounidense de transferencia de dinero–, aquélla utilizó los $120 millones de dólares, producto de la operación, para comprar 35.8% de Casa (vehículo de inversión en TV Azteca), lo que le permitió a los Salinas liquidar la deuda.

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En 1999 le tocó a la televisora financiar un proyecto en el que se había obsesionado Salinas: la telefonía inalámbrica digital. Él lo había concebido como negocio personal pero no pudo ser así. Álvaro Rodríguez, a quien había encargado su financiamiento, narra que cuando estaba en plena gira promocional (roadshow), con la cual pretendía colocar $350 millones de dólares en bonos, la economía rusa se derrumbó. Por ser México también un mercado emergente era imposible pararse frente a un gerente de fondo o un banquero de inversión y hablarle del nuevo proyecto.

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A pesar de las protestas de los accionistas minoritarios, Salinas recurrió a TV Azteca y a sus antiguos socios, los Saba, para pagar la licencia de operación de las frecuencias y conseguir que Unefon diera los primeros pasos.

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Haber comprado los canales 13 y 7 y, después, embolsarse las licencias para la telefonía fueron saltos cualitativos en la carrera empresarial de Salinas. "Cuando compramos TV Azteca recibimos un papel, unos activos, unos fierros y un edificio que no eran gran cosa", explica Pedro Padilla, brazo derecho del empresario. Con eso intentarían romper el monopolio que fue Televisa durante 43 años.

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Salinas Pliego alentaba a su gente, la convencía de ponerse la camiseta, escuchaba, comentaba la programación y aprendía rápidamente, según cuentan varias personas que han trabajado con él. También les exigía. "Yo necesito gente con capacidad de respuesta inmediata", solía decir a Santiago Martínez, productor ejecutivo del programa Hola México, entre 1996 y 1999.

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Sigue dedicando 30% de su tiempo a TV Azteca, tal vez debido a su fascinación por el medio y porque, según dice, descubrió lo complicada que es su operación. Pero Unefon, primero por haber sido un parto difícil y después porque nació grande –con un capital de $400 millones de dólares–, también requirió de su tiempo, al igual que sus nuevos proyectos: Todito, Azteca América y Telecosmos (ver recuadros). Hoy su función en las seis empresas donde tiene participación accionaria es la de ser estratega. Junto con Pedro Padilla, vicepresidente del recientemente creado Grupo Salinas (una especie de entidad de consultoría para las empresas de la familia), verifica su organización o estructura y colabora en la selección del personal.

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Lo anterior fue lo que la plantilla ejecutiva explicó el 18 de enero de 2001, durante el evento "Grupo Salinas Day", organizado para informar sobre el funcionamiento de las empresas a la comunidad financiera, la de Wall Street en particular. Aunque ahí ven con buenos ojos a los empresarios agresivos, también les exigen docilidad en cuanto a las reglas del juego… lo que Salinas no siempre ha demostrado.

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Recelo mutuo

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El origen del antagonismo con los analistas y accionistas minoritarios parte de la decisión de involucrar a TV Azteca en Unefon. En varias ocasiones el empresario había asegurado que no haría tal cosa y, cuando la hizo, desató un fuerte recelo que todavía se refleja en el precio de acción de la televisora; de hecho, disgustó a peces gordos de la comunidad financiera internacional que habían invertido con él, como por ejemplo los fondos institucionales estadounidenses Fidelity Management, Capital Internacional y Genesis Investment.

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Además, firmó un acuerdo en el cual la televisora ofrecía publicidad a cambio de un pagaré por 3% de las ventas de Unefon, diferido a tres años. Ello suscitó preocupación sobre la sinergia que caracteriza al grupo de empresas y que se logra con las transacciones entre ellas mismas, lo cual podría oler a subsidios disfrazados.

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Desde entonces los analistas escudriñan los movimientos de Salinas en todas sus empresas. Vociferaron contra la participación de Grupo Elektra en TV Azteca a través de Casa. Pero también vieron con recelo la forma en que Elektra pretende deshacerse de la inversión con un contrato opcional de venta a Salinas. Whitney Johnson, analista de la correduría Merrill Lynch, encuentra sin embargo que el mercado considera muy barato el precio total de la compra. Observa incluso que sólo después de que se anunció la escisión de Unefon, los accionistas de TV Azteca –quienes pensaban que la televisora era dueña de 50% de la telefónica– se enteraron de que tal participación había bajado a 44%, debido al reparto de acciones a altos ejecutivos de la empresa. "Regalaron parte de la compañía y no está claro cómo fue divulgado. Si se hizo, la difusión de la información no fue muy extensa", dice la analista.

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No le quedó otra a Salinas que hacer varios cambios en las prácticas y la estructura de sus empresas para mejorar su imagen. En enero de 2000 invitó a hombres de negocio independientes a los consejos de administración de TV Azteca y Elektra. La mayoría de los consejeros siguen siendo familiares o ejecutivos de Salinas, pero los estatutos exigen ahora la aprobación de los miembros independientes cuando se trata de transacciones entre empresas del grupo, inversiones, auditoría y compensaciones.

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Las nuevas disposiciones gustaron, al igual que la separación de los negocios de telefonía y televisión, con la escisión de Unefon y su probable venta. "Los cambios son el reconocimiento de que había un problema –dice Lars Schonander, analista de ING Baring–. Hoy se aseguran que haya una clara división entre lo que hacen las compañías y lo que hace Ricardo Salinas, el accionista mayoritario. La dirección ha aceptado la idea de que los inversionistas prefieren encargarse ellos mismos de la diversificación de sus inversiones y que quieren compañías de puro comercio, televisión o telefonía."

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El mejor argumento de Salinas frente a las críticas es la valuación de Unefon el día que colocó 6.23% de la compañía en la Bolsa Mexicana de Valores: la empresa se cotizó en $1,700 millones de dólares.

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"Todos los analistas me dijeron que estaba loco. Yo quisiera que los que hicieron críticas revisaran sus comentarios de hace dos o tres años… ahora ¿qué dicen? Es un negocio que ya tiene un valor impresionante para los accionistas de TV Azteca... mi responsabilidad número uno es dar resultados."

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Nunca ha sido cuestionada su inteligencia o astucia en los negocios. El murmullo que se distingue es de duda: ¿realmente Salinas está convencido de que no debe arriesgar el interés de una compañía y sus accionistas por el bien de otro proyecto suyo? "Lo que quieren los inversionistas es poder comprar una acción y un equipo ejecutivo sabiendo que, cuando éste genera ganancia, lo hace para los inversionistas también", dice Johnson.

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Broncas: modus operandi

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Es un hecho que el desamor con la comunidad financiera persiste. Y la desconfianza es mutua. Salinas todavía se queja de los analistas que "hablan sin saber". Pero ha tenido y sigue teniendo muchas otras disputas en las cuales ocupa su tiempo. Por una parte las controversias que suele provocar se deben al estilo personal de conducir sus negocios.

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Epigmenio Ibarra, fundador y director general de Argos Comunicaciones, recuerda que se conocieron peleando: "Tuvimos un enfrentamiento e inmediatamente un acuerdo. Ha sido una relación sabrosa de confrontación y encuentro porque somos muy distintos, pero también muy similares en la audacia y los planteamientos." Ambos rompieron, no por alguna diferencia en el manejo del contenido que Argos producía para TV Azteca, sino por razones de negocio: Salinas no quiso reconocer los derechos de Ibarra para vender en otros países los programas transmitidos por el Canal 13.

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Moisés Saba cuenta que cuando era socio de TV Azteca, Salinas y él tenían que convencerse mutuamente para tomar decisiones. Discutían hasta que uno u otro entraba en razón. Los Saba tampoco rompieron por algún conflicto, afirma Moisés. Debido a que no les interesan las participaciones minoritarias, vendieron su propiedad cuando la televisora salió al mercado público, cosechando una buena ganancia.

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Pero con otros socios Salinas Pliego ha tenido relaciones saladas, y hasta amargas. Libró batalla durante seis años contra la National Broadcasting Company (NBC), con la cual firmó un contrato en mayo de 1994. También sostiene con Javier Moreno Valle, accionista mayoritario del Canal 40, una disputa en la cual está en juego el control de la licencia para operar la emisora (ver recuadro, página 50).

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El asesinato del conductor de TV Azteca Francisco Stanley, el 7 de junio de 1999, engendró una guerra entre Salinas y el Gobierno de la ciudad de México, en particular con el exprocurador general de Justicia del Distrito Federal, Samuel del Villar. La cobertura extensa del acontecimiento vituperaba el desempeño de las autoridades, mientras que ellas detectaron cocaína en el cuerpo de Stanley y $7 millones de dólares en sus cuentas bancarias. Salinas tuvo que comparecer ante la autoridad judicial dos veces.

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Inmerso en la polémica, Salinas vio la necesidad de demandar por difamación a por lo menos siete periodistas, entre los cuales estaban Juan Ruiz Healy, Joaquín López Dóriga (con quienes se llegó a un arreglo), además de cinco reporteros de La Jornada. Acusó a Demos Desarrollo de Medios, la empresa que publica este periódico, por el tratamiento dado a una nota publicada el 27 de enero de 1997, sobre las declaraciones del médico Héctor Hernández ante la Procuraduría General de la Justicia del Distrito Federal. El fisioterapeuta afirmó que Salinas había contratado el asesinato del periodista de Ricardo Rocha, director de la agencia de información Detrás de la Noticia.

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Una demanda más, contra otro periodista de La Jornada, Carlos Fernández Vega, impugna una nota del 25 de septiembre de 1996 en la cual el reportero cita documentos de investigación de la Procuraduría General de la República sobre transferencias de dinero en 1993, las cuales sumaban $190.9 millones de dólares en dos cuentas de Citibank, que pertenecían a las compañías de Salinas. Aún están vivos los juicios contra los periodistas, aunque Demos Desarrollo de Medios no ha agotado todos los recursos legales a su alcance.

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¿Por qué está involucrado en tantos líos? Salinas contesta que si bien "cada uno de estos conflictos se puede explicar por una circunstancia, en términos generales lo que pasa es que nosotros somos agentes del cambio. La incursión de todas nuestras empresas en la economía mexicana, en la política mexicana, ha generado muchos cambios y muchos resentimientos y resistencias."

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Varios altos ejecutivos describen a Ricardo Salinas como el David que se pelea contra Goliat, es decir el establishment del país. Álvaro Rodríguez, director de Finanzas de Elektra, explica que TV Azteca compitió contra Televisa, Unefon contra Telmex y Elektra contra importantes detallistas y bancos, puesto que es el más grande acreedor de gente con pocos recursos en el país.

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Este es claramente el tipo de argumento que agrada a Salinas, quien se complace al asegurar que no sólo acabó con el monopolio de Televisa, sino que trajo mejor calidad a la televisión mexicana.

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Algunas declaraciones parecen avalar el argumento. Aunque muchos atribuyen a Ibarra el realismo retador de las telenovelas Nada Personal y Mirada de Mujer, que Argos produjo para TV Azteca, éste asegura que las obras son producto de la imaginación de ambos. Salinas "es responsable de muchas de las ideas más subversivas de nuestro trabajo," dice. Por ejemplo, cuando Argos planteó en Nada Personal que un penalista importante fuera la víctima de los narcotraficantes a través de un agente corrupto de la policía, fue Salinas quien dijo que tenía que ser el Procurador de la República.

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Esa característica de rompe-esquemas ha sido una constante en la carrera de Salinas. Dio crédito a la gente de los barrios populares cuando los bancos los rechazaban; les llevó comunicación móvil inalámbrica; conocimiento en computación a través del Colegio Nacional de Capacitación Intensiva; un portal, Todito, para acceder a la información por internet y pronto les brindará acceso de banda ancha con la nueva empresa, Telecosmos. Hasta la colocación de Unefon en la Bolsa abrió la posibilidad para que pequeños inversionistas compraran participación con tan sólo $10,000 pesos.

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Le gusta innovar, tomar riesgos, escandalizar. Y aunque muchos se alteren, la mayoría de las veces el esquema le funciona.

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