Romper el maleficio

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Carlos Ramírez Fuentes

México tiene una nueva cita con el destino. Y no es una cita menor. Se trata de un año que sin duda determinará el futuro económico del país. El que México pueda poner fin al ciclo perverso de crisis sexenales, contribuiría a que se abriera el horizonte de un crecimiento sostenido durante la próxima década.

- Haciendo un recuento de las crisis sexenales que han plagado nuestra historia económica reciente, pareciera que éstas se han originado por la combinación de tres factores: errores en la conducción de la política económica, debilidades estructurales en la economía y el efecto perverso que ha jugado la política mediante la ineficacia de nuestro marco institucional. ¿Frente a ello, cómo se ve el 2000?

- Respecto al primero, dos han sido los problemas recurrentes: una política monetaria incongruente con un tipo de cambio fijo y un endeudamiento de corto plazo excesivo. De la política monetaria, a la par de contar con un tipo de cambio flexible, parecería que finalmente la autonomía del Banco de México empieza a ser una realidad. Ello sería crucial. Del endeudamiento, el nivel de vencimientos y amortizaciones de este año, particularmente los del sector público, lucen acotados, diferencia no menor con sexenios anteriores.

- Del segundo factor, el de las debilidades estructurales, hay motivos para el optimismo moderado. En tres crisis sexenales, uno pareció ser el factor predominante: el excesivo desequilibrio de la cuenta corriente. Hoy, a pesar de que el problema estructural no está resuelto, el desequilibrio será manejable. Además, y en contraste con 1994, dicho desequilibrio será financiado principalmente con flujos de inversión dirigidos a fábricas y no al mercado de valores y de dinero. En ese frente, nuestra vulnerabilidad luce menor. Igualmente menor luce el riesgo de nuestro nivel de ahorro interno. No será suficiente para sentar las bases de un crecimiento sostenido con tasas superiores 5%, pero tampoco es un foco inminente de riesgo de crisis.

- Finalmente, nuestro marco institucional. Con todo lo que disgusta en ocasiones el “espectáculo” de la democracia, el país vive hoy una división de poderes inédita que sin duda reduce el riesgo de tomar decisiones discrecionales y arbitrarias que pongan en juego la viabilidad económica. Es cierto, nuestro marco institucional es un referente en transición que todavía se muestra incapaz de otorgar certidumbre a futuro. El endeble estado de derecho es muestra manifiesta. Empero, el avance de nuestra democracia estos últimos años es irrebatible y representa un cambio fundamental respecto a experiencias políticas pasadas que tanto contribuyeron al desmoronamiento de la economía.

- En conclusión, parecería que el año 2000 puede ser el momento propicio de romper el maleficio pernicioso. Los diferentes indicadores así parecen corroborarlo.

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