Réquiem por los accionistas minoritario

Como propietario de un solo título de DuPont, tengo acceso a las juntas de Consejo y puedo influir
Joaquín Ortiz*

En México los accionistas minoritarios no existen. Lo digo por experiencia propia. Fui uno de esos parias que creyeron en empresas como Alfa, Iusa y AHMSA, y jamás fui tomado en cuenta. Hoy mi asesor financiero me dijo: “Mejor te mando las acciones de Iusa –físicamente– porque ya no amparan tu cuenta. Si te las quedas como depósito te van a costar $400 pesos mensuales.” Compré esos títulos a $10.83 pesos cada uno. Y esperé pacientemente la adquisición de una participación importante en la firma por parte de la británica Vodafone. Había rumores de que, debido a esa operación, la acción subiría por lo menos a $17 pesos, y en mis calenturientos cálculos mi patrimonio valdría 50% más. El requisito era que la transacción se hiciera a través de la Bolsa Mexicana de Valores. Pero gracias a los demonios que permiten la evasión de impuestos o a la ley del mercado de valores o a la intención de los accionistas mayoritarios en contra de los minoritarios, el negocio se realizó fuera de la Bolsa, y de un año para acá el valor de los documentos se desplomó (al cierre de esta columna) hasta $0.17 pesos. Nunca he recibido noticia, comentario o información financiera alguna por parte de Iusa o Vodafone.

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Peor es el caso de AHMSA. Timado como los acreedores y al filo de la realización de dos asambleas de accionistas, finalmente recibí el primer informe en donde, como socio minoritario, fui tomado en cuenta, al menos por mi intermediario bursátil. Debo ser honesto: me sentí bien. Sin embargo, fui convocado con menos de 24 horas de antelación y debí elegir entre dos bandos: el de los actuales directivos o el de los acreedores. Mi asesor financiero me dijo que los primeros “son unos ratas”, por lo que me sugirió votar por los segundos. Como no soy un experto en cuestiones bursátiles y prefiero la reactivación de los títulos a tenerlos suspendidos, me decidí por ellos. No sé si mi voto servirá de algo, pero mi alma descansa un poco y tengo menos maldiciones contra los departamentos de relaciones con inversionistas y las agencias supuestamente especializadas en publirrelaciones financieras. Sus promesas me suenan tan falsas como las acciones que tengo de Iusa. Pero eso sí, cuando se trata de levantar capital, intentan hacer creer a sus clientes que son la octava maravilla.

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Estoy seguro de que para mediados de febrero recibiré, como siempre, el reporte anual de DuPont más los dividendos –centavos a mi favor–. Si quiero, puedo votar en la asamblea como si fuera mayoritario. Pero en México, los parias como yo debemos atenernos a las decisiones de otros.

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*El autor es accionista minoritario y consultor de empresas multinacionales en México y América Latina.

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