Rudolf Lennkh

Embajador de Austria en México

La principal razón por la que se hizo diplomático fueron las ganas de conocer el mundo y entender realmente cómo piensa y funciona la gente en distintas naciones. Por eso, cada país es una nueva aventura para él y se prepara para habitarlo comprando libros sobre la historia, cultura y ciudades de su futuro hogar.

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En todos los sitios encuentra algo que de algún modo sintetiza el entorno. El gran descubrimiento mexicano es sin duda el tequila, del que afirma que "es comparable al vino, no lo había probado correctamente y estoy aprendiendo a gozarlo".

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Otro gran placer que se puede dar en México es comer su platillo favorito: trucha de agua dulce hervida con un poco de mantequilla. "Cerca de Valle de Bravo descubrí un criadero de truchas, mismas que están en constante movimiento, por lo cual no tienen grasa y saben deliciosas." Para acompañar el pescado, nada mejor que su vino preferido, el Riesling del Valle del Danubio.

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Casado con una italiana, no ha de extrañar que este rubicundo embajador sea amante de la fiesta brava. También le gusta la pesca y jugar tenis. Su mayor ambición, "ver a mi esposa e hijos felices y realizados en sus distintos proyectos y retirarme un día, repartiendo mis horas de ocio entre Italia, España y Austria".

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