Satélites <br>Negocios de otra órbita

Los gigantes de las telecomunicaciones están al acecho de lo que será uno de los más apetitosos n

Cuando Neil Amstrong pisó la luna por primera vez, el destino de la telecomunicación dejó el orden público y se convirtió en un jugoso negocio para las multinacionales enfocadas al desarrollo de sistemas personales de comunicación.

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El astronauta estadounidense jamás imaginó que la salida del hombre al espacio sería el inicio de una carrera sin fin por la colocación de satélites, en un principio justificados con argumentos militares y científicos, pero que a partir de 1990 los créditos hubieron de ser compartidos con intereses comerciales. Apenas en 1993, sólo en materia de lanzamiento, el mercado mundial tenía un valor de más de $7,000 millones de dólares.

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En esta sofis­ticada industria, el área comercial —que se duplicó en 1990 y otra vez entre 1991 y 1994— ha desplazado a los objetivos militares y gubernamen­tales. El último reporte registra 458 transpondedores o espacios dentro de los satélites en órbita, de los cuales más de 50% son de uso comercial.

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Es en esa arista en la que las telecomunicaciones han tomado partido. De los 144 satélites cuyo lanzamiento está programado para este año, 125 están destinados al área de telecomunicaciones. La gran ganadora, en este rubro, será Ariannespace, la firma gala que lanzará 60% de estos satélites.

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Es evidente que las telecomunicaciones no se limitan actualmente a las redes telefónicas.

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También son las redes de datos e imágenes, las especializadas de multiservicios, públicas, móviles de telecomunicaciones, nacionales o internacionales las que constituyen un fructífero negocio para la industria de los satélites.

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América Latina no escapa a las tendencias mundiales determinadas por el avance de las telecomunicaciones. La existencia de nuevos proyectos de televisión de paga (DTH) y de redes de transmisión de voz y datos vía satélite lo demuestran. Tal vez la única diferencia la establece la escasez de nuevos productos y sistemas.

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Operadores, constructores, lanzadores, arrendadores y comercializadores de la industria satelital intentan competir por tan apetitoso mercado, que en Latinoamérica liderean México y Brasil. En la contienda pueden verse gigantes como PanamSat —cuya propiedad se debate actualmente en Estados Unidos, tras haber pasado por los tentáculos de Televisa— Orion e Inmarsat. Estos competidores, al lado de otros de matrícula europea, están al acecho, esperando la desestatización del sistema satelital mexicano y las oportunidades de operación desde puntos como Brasil.

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¿Gladiadores del espacio?
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Hoy existen cuando menos cuatro proyectos para el desarrollo de la televisión directa al hogar (DTH, por sus siglas en inglés), donde participan Televisa, MVS Comunicaciones (DirecTV Latin America), Grupo Acir -(DirectTVI) y Corporación Medcom (Telered). Y es que para el año 2001, según cálculos de estas compañías, habrá 3.2 millones de usuarios de estos sistemas en América Latina.

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Con la aparición de los controvertidos convenios de reciprocidad, los tres satélites mexicanos podrían extender su cobertura hacia algunas ciudades de Estados Unidos, como San Francisco, Houston, Dallas, Atlanta, Miami, Washington DC, Pittsburgh, Detroit, Chicago y Nueva York.

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Conformado por tres satélites en órbita (Morelos II, Solidaridad I y Solidaridad II), la red mexicana vive una -evolución, aderezada con la desestatización de Telecomunicaciones de México (Telecomm), que podría constituir un modelo para otros países de América Latina.

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Aun cuando en el mercado se habla de la incapacidad de estos sistemas para satisfacer las necesidades de nuevos servicios de telecomunicaciones, como el DTH y -Video on demand , en realidad esto se dice por otras razones. Las autoridades enfrentan la -disyuntiva que implica anclarse a las tendencias internacionales de utilizar buena parte del espacio para servicios comerciales antes que otros de orden social. Solidaridad, por ejemplo, tiene capacidad para difundir señales en diferentes países de la región latinoamericana. A través de Telecomm, el gobierno mexicano se comprometió a ofrecer el uso de su infraestructura satelital, en el espacio y en tierra, luego de acuerdos concretados con autoridades internacionales. “Como Telecomm, el país no ha atacado comercialmente con toda la fuerza porque siempre se apoyó de manera -institucional”, explica Dionisio Arras, cabeza de Redsat, una empresa que también funge como asesor y -comercializador de los servicios proporcionados por los satélites mexicanos.

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Arras confirma que la lucha en el mercado nacional será difícil, pero que los niveles de seguridad en el lanzamiento, de más de 98.5%, garantizan a la empresa una posición competitiva frente a sus rivales: Lockheed Martin y The Grat Wall -Industries.

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Desde 1987, cuando inició sus operaciones, has­ta fines de 1995, Ariannespace había puesto en órbita 89 satélites de telecomunicaciones. Hoy, con el nuevo lanzador -Arianne 501, la compañía pretende elevar sus niveles de confiabilidad, además de que podrá transportar satélites con mayor peso. No obstante, en la primera prueba realizada hace algunas semanas en la Guyana Francesa, el lanzamiento terminó en explosión.

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¿Qué busca el gobierno mexicano con la privatización del sistema satelital? La propuesta de Telecomm es que los tres satélites se integren a un sistema único, se vendan a empresas con capacidad tecnológica y de inversión y se vendan los transpondedores en condominio.

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“Las nuevas tecnologías fuerzan a las anteriores a tomar nichos de aplicación, pero no los sustituyen en su totalidad”, dice Arras, quien representa comercialmente a Ariannespace en México.

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A decir de los expertos, la privatización de Telecomm es -fundamental para asegurar el desarrollo de un jugoso negocio que en el mundo se ha constituido en un complemento sustancial para la cobertura de las necesidades de telecomunicaciones. “Si se pulveriza la propiedad de la paraestatal, habrá más empresas pequeñas, pero se garantizará poco la cobertura a nivel nacional; lo fundamental es tener la oportunidad de participar en el proceso”, asegura el empresario, quien precisa que Ariannespace sólo actuará como lanzador y no como constructor. “Vendemos boletos de ida pero no de regreso”, dice.

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El satélite que sustituirá al Morelos II, de más de tres toneladas de peso, tendrá un costo para el gobierno de más de $300 -millones de dólares. El satélite de comunicación geoestacionario, con estabilización triaxial, tiene 24 transpondedores en la banda C y 24 en la banda KU, con una vida útil mínima de 15 años.

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Hasta ahora, son cuatro los compradores oficiales de las bases de licitación para la construcción de este satélite. No es difícil adivinar de quiénes se trata: Aeroespatiale, Lokheed Martin, Space -Systems Loral y Hughes.

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De acuerdo con los tiempos, se esperaba que el 28 de junio pasado se entregaran las propuestas de negocio de los interesados y que sea este 7 de julio cuando se determine el nombre del vencedor. Según las bases oficiales, se estableció un plazo de hasta nueve meses a cambio de una contra­prestación de $15 millones de dólares, a fin de que el nuevo dueño de Telecomm garantice al constructor el capital invertido en las obras iniciales de manufactura. Es cosa de días.

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