Se solicita personal de limpieza corpora

En un mundo que acumula capitales mugrosos, las compañías que los asean se están volviendo altame
Gabriela Ruiz

Para Felipe González, ex presidente español, la gente con maestrías y doctorados es prescindible, pero las mucamas no. Llevado eso a escala macroeconómica, otros ámbitos de higiene son igualmente indispensables: hay demasiados negocios sucios en el mundo. No es de extrañar, por tanto, que las organizaciones que aseguran que las cosas se hacen limpiamente estén en auge.

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“La transparencia está de moda –dice Charles Carr, country manager en Kroll, firma dedicada a la administración de riesgos, y aclara–: pero nada más de dientes para fuera.” El directivo relata numerosos ejemplos de agrupaciones mexicanas de todos los tamaños que siguen pagando sobornos para ganar millonarios contratos públicos y privados. No menciona nombres, porque sus servicios se prestan bajo la condición de confidencialidad. Sus clientes pagan para que investigue las condiciones de consorcios que buscan fondeo en el exterior, alianzas o que están a la venta, entre otras actividades. ¿El resultado de las prácticas dudosas? Perder oportunidades de negocio, pues al final, todo se sabe.

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A río revuelto, ganancia de auditores
El lugar común es decir que México es un país corrupto; sin embargo, en todo el mundo las prácticas corporativas públicas y privadas suelen aceitarse con trámites ilícitos –no nada más el país–. Philip Urofsky, fiscal especial para el litigio internacional del Departamento de Justicia de Estados Unidos, asegura que en algunas naciones esto se tolera más que en otras: muchas compañías multinacionales –cuyo origen suele ser la unión americana o Europa– han pagado sobornos en países del tercer mundo para penetrar sus mercados. Y, por supuesto, no se admite que ellas también son corruptas. El adjetivo se queda en el tercer mundo.

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Reiner Geiger, director adjunto de la Dirección de Asuntos Fiscales, Financieros y de Empresa en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), dice que esta tendencia está cambiando. Las naciones desarrolladas ya asumen su responsabilidad en prácticas indeseables porque han salido a la luz una serie de escándalos que constatan que la voracidad por el dinero supera la moral y las nacionalidades.

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Un ejemplo claro fue la desaparición de Andersen tras la revelación de su colusión con compañías sin integridad. A partir de entonces se desató una ola de acciones para que esa historia no se repita. De haber sido –junto con aquélla– the big five (las cinco grandes), ahora Deloitte Consulting (Braxton), Ernst & Young, PricewaterhouseCoopers y KPMG son ahora the last four (las cuatro restantes). Este fenómeno abrió oportunidades de negocio para Kroll. En un año de recesión económica la firma, que cotiza en Nasdaq, reportó un incremento en sus ventas netas de 61% en el tercer trimestre de 2002 y un ingreso neto equivalente a $5.4 millones de dólares durante el mismo periodo. Si antes se traficaban millones bajo el agua, hoy se detecta quién lo hace, cómo y dónde.

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Los apetecibles resultados de la organización se anunciaron al poco tiempo que la OCDE y la Secretaría de Contraloría y Desarrollo Administrativo (Secodam) ofrecieran la Convención para Combatir el Cohecho de Servidores Públicos Extranjeros en Transacciones Comerciales Internacionales. El evento se llevó a cabo en el Distrito Federal durante septiembre. Ahí se habló de reglas claras y negocios transparentes; mientras tanto, por investigar brechas de honestidad y seguridad, el precio de las acciones de Kroll se iba a los cielos… ¿Qué tanto más paradójica se podía poner la situación?

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Acciones, no palabras
Cuestionados sobre la utilidad de estos encuentros para el combate a la corrupción, Geiger y Urofsky guardan por segundos un gélido silencio. Carr deja escapar una risita. Urofsky finalmente admite: “Mientras no se castigue a la gente sin escrúpulos, este tipo de evento no sirve de mucho.” Su compañero añade: “Estas convenciones son para que los participantes se den cuenta de los riesgos que involucra incurrir en prácticas corruptas haciendo negocios en otros países.”

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Tampoco se pueden descalificar los esfuerzos que se realizan para mejorar los ámbitos público y privado. Desde 1977 se aprobó en el vecino país del norte la Ley de Prácticas Corruptas en el Extranjero (FCPA, por sus siglas en inglés) para investigar y procesar a cualquier persona o empresa estadounidense que ofrezca, prometa o proporcione pagos a servidores públicos, partidos políticos o candidatos foráneos con el objeto de recibir algún beneficio económico a cambio. Fue el primer intento por frenar la corrupción y logró hacerlo al responsabilizar criminalmente a quien diera sobornos en el extranjero. Sin embargo, la legislación tenía defectos: no incluía a las multinacionales europeas. Así, cualquier ciudadano del viejo continente podía ganarles ilícitamente los contratos. Además, las prácticas corruptas en otros países que no fuesen los emisores de los cohechos estaban en cierto modo avaladas por las autoridades, ya que en algunos casos el dinero ilegal podía deducirse de impuestos.

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¿Fue este el fin de la corrupción en Estados Unidos? “No –responde sin chistar Frank Holder, presidente de Kroll en América Latina–. Pero la creación de reglas por parte de la OCDE sí sirve.” En noviembre 21 de 1997, la organización decidió retomar algunas partes de la FCPA para aplicarlas en la Comunidad Europea a través del establecimiento de la Convención. El directivo acepta que así la vasta mayoría de las multinacionales quedan cubiertas por la ley: “¿Están respetando las reglas? No todas. Por muchas décadas la cultura fue pagar mordidas, siempre y cuando no fuera en su propio país. Sin embargo, los esfuerzos de la OCDE en naciones en vías de desarrollo como México hacen que las firmas corran el riesgo de que se les persiga criminalmente y paguen multas muy altas si incurren en actos de corrupción.” Esto no quiere decir que las corporaciones de todo el mundo estén ávidas por observar las reglas, pero sí sugiere que hacer trampa se hará más complicado que en el pasado.

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Las empresas tienen muchos más recursos que los gobiernos para conducir investigaciones cuando algo huele mal. El experto augura que las compañías levantarán denuncias si detectan un pago de soborno de otra firma competidora. En cierta forma, harán de policía entre ellas mismas.

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Tapar el sol con un dedo
En México, desafortunadamente, las acciones en pro de la transparencia son limitadísimas. Existe la intención de establecerlas, pero no se llevan a sus últimas consecuencias. Carr explica: “La Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) pide cada vez más información a las empresas que cotizan en Bolsa. Éstas la entregan, pero la CNBV no procesa este material muy bien. Los reportes de actividades sospechosas se quedan en el escritorio y nadie los investiga. El problema es que no tienen recursos, preparación ni conocimientos. Es algo que se tiene que organizar mejor.”

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Las agrupaciones extranjeras se fijan mucho en estas deficiencias. Antes de estructurar los tratos con las compañías locales, están dispuestas a contratar los servicios de firmas como Kroll para que hagan investigaciones independientes de due dilligence –análisis exhaustivo de la empresa–, inteligencia corporativa, lazos entre compañías y políticos, entre otros aspectos. “No confían en que el sistema legal mexicano haga las cosas como se debe –observa–, así es que prefieren hacerlas por su lado.” Los resultados financieros y el nivel de crecimiento de Kroll en el país reflejan tal desconfianza por parte del exterior (que, por cierto, comparten los clientes mexicanos). Esto significa que las corporaciones nacionales deben adoptar mejores prácticas si están interesadas en conseguir financiamiento, crecer y competir. Carr se ha hecho cargo de varios casos donde, tras las investigaciones, las organizaciones foráneas prefieren no tener acuerdos con consorcios que presentan altos niveles de opacidad, en los que la corrupción es el modus operandi.

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Puede que lo anterior suene a la típica arrogancia respecto a México, pero en la medida que no haya cambios de cultura empresarial y se sigan tolerando las prácticas ilícitas, compañías como Kroll seguirán enriqueciéndose. Por cierto, ésta no tiene un competidor de su tamaño en el país. Sus principales rivales son the last four, que actualmente se preocupan por separar sus servicios de consultoría y auditores.

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La tendencia hacia el futuro es clara: la falta de honestidad dejará de ser negocio. En cambio, la transparencia cada día será más redituable.

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Sherron S. Watkins, la ejecutiva de Enron que alertó a los altos directivos sobre los problemas de contabilidad meses antes del colapso del elefante blanco, ha decidido abandonar la corporación para darle un giro a su carrera. En una carta advirtió que las prácticas contables impropias podían llevar a una ola de escándalos. Su renuncia se dio a mediados de noviembre y fue voluntaria. Ella se convertirá en consultora de gobierno corporativo. De las palabras hay que pasar a las acciones para lograr un verdadero cambio.

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