Seguridad social, problema de voluntad

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Ángel de la Vega U

Convocada por el Centro Interamericano de Seguridad Social (CISS), recientemente se llevó a cabo en el país la Conferencia Interamericana de Seguridad Social. En ella participó Dalmer D. Hoskins, secretario general de la International Social Security Association, uno de los especialistas con mayor reconocimiento mundial sobre la materia. En entrevista exclusiva para EXPANSIÓN, se refirió a la situación de la seguridad social en el mundo y a sus perspectivas.

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¿En qué medida se encuentra rezagada la seguridad social de los países en desarrollo, frente a los países considerados del primer mundo?
El nivel de desarrollo de la seguridad social no está necesariamente vinculado al desarrollo económico. Tenemos el caso de Costa Rica, con un sistema muy avanzado, comparado con Malasia, en donde el ingreso per cápita es mucho más alto, y sin embargo se cuenta con un sistema de seguridad social muy modesto. En este aspecto, resalta la importancia que los gobiernos de cada país quieran dar a la seguridad social; es un problema de voluntad política, así como de consenso de los elementos de la sociedad que intervienen en este proceso (patrones y trabajadores). Un proceso que tiene que estarse renegociando constantemente entre dichos sectores.

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¿Cuál es, en su opinión, la tendencia actual de la seguridad social en el mundo?
Es indudable que la mayoría de los países se cuestionan en estos momentos sobre el futuro de sus programas de seguridad social, sin importar que se trate de países industrializados o en desarrollo. Particularmente, se cuestiona el papel del Estado en estos programas, en cuanto a su capacidad para plantear soluciones a la problemática actual en la demanda de mejores servicios. Debemos decir que la seguridad social del mundo está entrando a una edad madura, y por lo tanto empieza a mostrar los síntomas propios de ésta: le están empezando a salir arrugas.

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Pareciera que uno de los problemas graves es la falta de credibilidad en el sistema de seguridad social.
Ciertamente. Lo que ocurre es que la población se ha vuelto cada vez más exigente con estos servicios, sobre todo porque los compara con otro tipo de servicios, a veces muy sofisticados, que se ofrecen en diversas instituciones y empresas del sector privado; de hecho, nadie quiere ya formar largas filas para ser atendido. No cabe duda que la población asegurada está esperando un mejor servicio, a lo que las instituciones tienen que reaccionar aceleradamente.

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¿Qué tan válida resulta la privatización de estos servicios?
Existen ya diversas experiencias, calificadas como satisfactorias, aun cuando para calificar en este proceso se requiere abrir el diálogo entre todos los sectores interesados: sindicatos, empleadores, banca, seguros y demás actores participantes. La apertura del diálogo es fundamental en esta materia; no debemos temer al mismo, como ocurrió en Italia, en donde dicho temor ha provocado una parálisis de seguridad social. Reitero que es muy importante no retardar el diálogo, so pena de entrar a una situación crítica.

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¿No existe realmente una carencia de profesionales en esta materia, que impide un adecuado avance de las instituciones gubernamentales y empresas?
Uno de nuestros propósitos es promover esta especialidad, ya que efectivamente existe un gran vacío profesional en cuanto a investigadores, abogados, economistas y demás especialistas que pudieran incursionar en esta materia. Existen muy pocos egresados de las universidades, cuando resulta fundamental el papel de los asesores, ya que ellos pueden observar la problemática desde fuera.

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En cuanto a riesgos de trabajo, ¿qué tendencia se observa a nivel mundial en cuanto a su incidencia?
En la mayoría de los países, tal y como es el caso de México, el progreso es alentador, considerando que se atiende cada vez con mayor interés la previsión de los accidentes. Cabría señalar, sin embargo, que las estadísticas mundiales arrojan incidencias mayores en materia de accidentes de trabajo, como ocurridos fuera de la empresa, esto es, que se dan más en el trayecto hacia ésta, particularmente con motivo del transporte, en el ámbito familiar, y hasta por los diferentes hábitos del trabajador. Es de reconocerse que a nivel mundial todavía no se cuenta con una infraestructura adecuada como para prevenir tales siniestros.

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¿Dedica el sector empresarial parte importante de sus erogaciones a capacitar para prevenir tales riesgos?
No pareciera que esté ocurriendo así, y esto es una tendencia a nivel general. Los especialistas opinan que este problema es más bien de carácter educativo; esto es, se capacita a la gente para que trabaje pero no se le prepara para prevenir los riesgos. En países como India o China, en donde se reconoce una excelente mano de obra, resulta difícil encontrar un trabajador "calificado" en el uso de un montacargas en cuanto a los riesgos que esto implica.

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Finalmente, ¿existe una tendencia empresarial tendiente a formular planes jubilación en las empresas, complementarlos a las pensiones que ofrecen las instituciones de seguridad social?
En varios países los empleadores establecen tales planes con objeto de conservar a los mejores trabajadores, ya que estos garantizan la estabilidad laboral. Para los empresarios representa una inversión, más que un gasto. También resulta importante que se promuevan incentivos fiscales para tal efecto y, en su caso, participación de organismos financieros internacionales en el otorgamiento de créditos destinados a tal objeto. El punto central se traduce en determinar el nivel de seguridad social que, vía consenso, se pretenda alcanzar en el país en cuestión.

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