Sigue vivo el corporativismo

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¿Qué clase de compromiso tiene con el gobierno de Ernesto Zedillo el aún presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE) para hacer público su respaldo al Partido Revolucionario Institucional (PRI)?

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En momentos en que hasta los candidatos del PRI tratan de disimular sus vínculos con correligionarios ayer encumbrados y hoy caídos en desgracia, la expresión de apoyo al partido oficial pronunciada por Héctor Larios Santillán el pasado 16 de mayo en Veracruz es francamente sorprendente. Lo es, en primer lugar, porque demuestra una absoluta falta de madurez política e ignora la imparcialidad que cabría esperar de un líder empresarial frente a la difícil transición política del país.

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Pero, ante todo, las declaraciones de Larios sorprenden en sí mismas por su ligereza. Según el presidente del CCE, la propuesta económica del “partido que representa el presidente Zedillo” es la que más satisface a la iniciativa privada, porque garantiza el crecimiento y desarrollo del país.

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¿De qué iniciativa privada habla? ¿Lo dice realmente en nombre de todos sus representados? Aquí hay dos posibilidades: o bien todos los miembros del CCE simpatizan con el priísmo, o bien Larios desprecia a sus representados que se inclinan por otras opciones políticas. Sea como fuere, el hecho de aprovechar un cargo de elección para manifestar las preferencias políticas personales muestra una incapacidad para desenvolverse en un país que desde hace mucho se quiere democrático.

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Como si hiciera falta, ahora resulta que tenemos a otro Fidel Velázquez, pero éste de signo empresarial, justo cuando parecía que la dinámica política de la sociedad estaba logrando debilitar el largo reinado del corporativismo mexicano.

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Larios parece haber olvidado que los “baches económicos” y “el desempleo que tuvimos en 1995” –que tanto le asusta que se repitan bajo gobiernos de oposición– ocurrieron durante la administración que ahora defiende con tal desenfado. Esta falta de coherencia es el estigma del líder corporativista tradicional que privilegia el “arreglo” político con el poder, dando la espalda a quienes lo eligieron para defender sus intereses.

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No sería la primera vez que un líder empresarial concediera su aval al gobierno, cuando está a punto de abandonar su cargo, a cambio de un futuro cómodo rodeado de “amigos” y “lealtades” en los círculos de decisión.

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Muy saludable sería que el próximo presidente del CCE, Eduardo Robinson Bours, pensara en sus representados antes de emitir un juicio de valor que los comprometiera de tal modo; pero, sobre todo, que entendiera que la democracia pasa necesariamente por el respeto a la pluralidad, dentro y fuera de las organizaciones sociales.

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