Silicon Valley a la mexicana

¿Existe realmente en México un corredor de alta tecnología comparable al californiano? Los realis
Guadalupe Rico Tavera

Cuando alguien arriba al aeropuerto de la capital jalisciense y toma la carretera que conduce hacia el centro de la ciudad, ve en el trayecto un letrero que dice: “Bienvenidos al Valle del Silicio Mexicano”. Para quien conoce el Silicon Valley de California, un sitio que concentra a 20% de las más grandes firmas globales de alta tecnología, podría juzgar que el título es demasiado pretencioso. Sin embargo, quien ha atestiguado de cerca el boom que la industria electrónica establecida en Guadalajara ha experimentado en los últimos años, vislumbra que la zona tiene el potencial para aspirar algún día asemejarse a la pujante región estadounidense.

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En realidad, la también llamada “metrópoli de la electrónica” ha seguido un modelo inverso al de Silicon Valley. A diferencia de este enclave cuya fortaleza inicial fue la investigación y el desarrollo, la perla tapatía se ha enfocado más a la manufactura, especialmente en el área del cómputo y las telecomunicaciones. “Pero vamos en el camino de cerrar el círculo, porque estamos desarrollando proveedores y tenemos la proyección de traer empresas de investigación y desarrollo”, asegura Eduardo Valtierra, presidente de la delegación regional occidente de la Cámara Nacional de la Industria Electrónica, Telecomunicaciones e Informática (Canieti).

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El origen del Valle del Silicio Mexicano se remonta a 1968, con el arribo de Motorola (hoy On Semiconductor). A esta firma de microelectrónica, que procesa el silicio para producir componentes y semiconductores, se le unirían más tarde Kodak, IBM, Hewlett Packard (HP), NEC y Lucent Technologies, fabricantes de equipo original (OEM por sus siglas en inglés), que mantuvieron una operación pequeña hasta que el Tratado de Libre Comercio les abrió las puertas del mercado más grande del mundo. “Eso nos ayudó mucho, no sólo porque nos quitó los impuestos para exportar a Estados Unidos sino también porque simplificó toda la burocracia que existía para importar y exportar”, comenta Alfonso Alva, director general de la planta de manufactura de ibm de México.

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Al ver el auge que empezaban a tener los OEM y detectar el crecimiento que la electrónica experimentaba a escala mundial, el gobierno estatal acogió a este sector como estratégico. De ahí que, utilizando como magnetos a las firmas de nombre internacional asentadas en la región, y destacando las ventajas competitivas que ofrecía Jalisco (entre ellas, su posición geográfica y una sólida infraestructura educativa que garantizaba la disponibilidad de cerebros y mano de obra), inició junto con el sector privado una cruzada de promoción, a fin de atraer inversiones al enclave y desarrollar en él una cadena de valor agregado.

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La estrategia funcionó. “En los dos últimos años y medio, nos trajimos a los 10 contract manufacturers (CM) más grandes del mundo”, presume Valtierra. Posteriormente, interviene Sergio García de Alba, titular de la Secretaría de Promoción Económica (Seproe), el volumen de fabricación que los cms generaron permitió invitar a proveedores especializados de partes y componentes (specialized suppliers), así como a proveedores de servicios. El resultado es, hoy en día, un cluster integrado por más de 300 empresas.

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El impacto que la electrónica ha desencadenado en Jalisco es tal, que nadie duda que es uno de los ejes sobre los cuales gira la economía del estado. Los números saltan a la vista. Según la Seproe, el sector electrónico y de telecomunicaciones (incluyendo los servicios de esta área) había invertido de marzo de 1995 a julio de 1999 $2,065.6 millones de dólares; esto es, 48% del total de la inversión captada por la entidad en el mismo periodo. Al finalizar el año, y dado que el sector ha crecido 20% de enero a la fecha, la Canieti estima que se sumen $350 millones de dólares más.

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Así las cosas, se ha convertido en un importante generador de empleos, pues de ocupar a 5,000 trabajadores a principios de 1995, en 1998 empleaba a 60,000 personas, con la expectativa de que al final de año lleguen a 80,000 (9,000 nada más en la planta de IBM). Ello, sin contar los empleos indirectos que genera y, que de acuerdo a García de Alba, fluctúan entre 60,000 y 80,000.

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La electrónica también ha empujado las exportaciones jaliscienses. En 1995, el ramo vendía en el extranjero productos por $2,100 millones de dólares, monto que para 1998 saltó a $6,800 millones ($2,700 millones aportados por IBM), lo que significa más de 87% del total de la facturación externa del estado. Las exportaciones seguirán en ascenso, predice Valtierra, quien calcula que éstas sumen $8,000 millones de dólares para 1999 y $9,000 para el 2000.

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Además, ha sido una vitamina para la cultura empresarial regional. “Al contar con compañías líderes en el mundo, esta industria ha permitido a muchas firmas locales relacionarse y aprender”, opina Ángel Cifuentes, director general de On Semiconductor. José Luis Macías, coordinador del Consejo de Cámaras Industriales de Jalisco (CCIJ), lo avala: “Aunque para muchas empresas primero representó un impacto, la electrónica vino a traer otros sistemas de administración, de enfoque, de competencia.”

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De eslabón en eslabón
Para el ejecutivo de IBM, uno de los factores que ha contribuido al auge de la industria electrónica de Jalisco es la base de proveedores que los grandes fabricantes han desarrollado localmente. Es más, fue gracias a que esta base ha crecido como una bola de nieve que Alva pudo convencer a su corporación de mover hacia Guadalajara la fabricación y distribución de manejadoras y librerías de cintas, proyecto que hará de la planta tapatía la única fuente de suministro para el gigante azul a escala mundial y que le representará $500 millones de dólares adicionales en exportaciones.

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Jaime Reyes, gerente general de Guadalajara Manufacturing & Solutions de HP de México, también reconoce que crear una base de proveedores propia les ha dado un factor de competitividad frente a otras filiales hermanas. Una muestra: esta unidad de negocios tiene desde 1998 la responsabilidad de producir, a través de contratistas de manufactura, impresoras de inyección de tinta para todo el continente americano.

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Para anclar a la electrónica en la región, el gremio está consciente de que debe avanzar aún más en la integración del cluster. Es por ello que el año pasado impulsó la formación de la Cadena Productiva de la Electrónica (Cadelec), un organismo que tiene como objetivo sustituir importaciones y, por ende, aumentar el contenido local del sector.

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Según explica su director general, Enrique Tamez, Cadelec ha trabajado con IBM, HP y Lucent Technologies, con el fin de detectar la demanda real de estas empresas que, por tener una decisión de compra local, son las que realmente pueden sustituir importaciones. La demanda se ha clasificado en 17 commodities, que representan una oportunidad de negocios por $2,310 millones de dólares. No obstante, “por el momento nos estamos enfocando a tarjetas de circuitos impresos (PCBS), conectores y ciertas partes metálicas, que son productos en donde vemos mayor posibilidad de desarrollar proveedores vía atracción de inversión extranjera directa o de coinversiones”, ataja.

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Atenta a los requerimientos del ramo, la Seproe dirige buena parte de sus esfuerzos de promoción al área de PCB. De hecho, su titular visitó en mayo a ocho fabricantes de Taiwan y Singapur, de los cuales uno ha confirmado su instalación en el Valle del Silicio Mexicano. Entrado en gastos, y aprovechando que ya se cuenta con una infraestructura de componentes, se está invitando a otros OEM relacionados con las áreas de autopartes, aeroespacial, médica y de automatización. “Lo que estamos tratando es de diversificar la industria electrónica para que no dependa tan sólo de la rama del cómputo o de las telecomunicaciones”, justifica García de Alba.

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¿Y cómo el inversionista de casa puede aprovechar este valle de oportunidades? “Al ser intensiva en capital y tecnología, la electrónica es una industria compleja, por lo que parece difícil que los empresarios locales puedan convertirse en proveedores de productos directos. No obstante, un nicho interesante para ellos son los productos indirectos y los servicios”, responde Tamez.

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La forma en que se desarrollará a esos proveedores, detalla, es a través del comercio electrónico. Bautizado como Cadelec Electrónico, el proyecto permitirá, mediante una renta mensual, a las pequeñas y medianas empresas contar con una herramienta que los pondrá en línea con los grandes compradores del ramo, a fin de poder realizar con ellos transacciones financieras seguras.

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Pero mientras se activa el proyecto, se observan casos de proveedores nacionales que ya se han subido al tren de la electrónica. Entre ellos se encuentra Scott, una compañía del Distrito Federal que armó una numerosa flotilla de camiones (con unidades Mercedes-Benz último modelo) para dar servicio de transporte al personal de IBM, y cuyo éxito ha motivado que empresarios locales quieran seguir sus pasos. Otro caso es el de Integra, una firma que, a decir de su presidente, Jorge Guzmán Lara, arrancó hace 12 años como proveedora de personal y que, al detectar la tendencia de los grandes fabricantes hacia el outsourcing, empezó también a ofrecer soluciones integrales de manufactura, lo que la ha convertido en un grupo que genera 3,000 empleos y factura al año $100 millones de dólares.

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Cerrando el círculo
Aunque la manufactura ha sido un buen inicio para el Valle del Silicio Mexicano, lo deseable es que este enclave diera el siguiente paso: “Sería un gran error quedarnos como un gran maquilador; hay que seguir empujando para que no sólo se emplee mano de obra sino mente de obra, porque cada vez los negocios se están yendo hacia la capacidad intelectual”, expresa Reyes.

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Eugenio Godard, vicepresidente del comité de relaciones con el gobierno de la Canieti, apoya al directivo de HP. “Llevamos 20 años tratando de ser los mejores en costo, calidad y entregas. Eso ya lo logramos, por lo que ahora debemos utilizar mente de obra para evolucionar de un centro maquilador a un centro de competencia de toda la cadena productiva”.

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Además de dar el brinco hacia los servicios –como lo ha hecho Singapur–, el otro paso que tiene que dar la Metrópoli de la Electrónica, opina Manuel Guzmán Rentería, director general del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional (Cinvestav), es el de la investigación y el desarrollo. “Aunque tener la manufactura no es una cosa trivial porque significa que hay infraestructura, que se tienen personas de nivel técnico bien educadas y que hay un semillero para hacer ingeniería industrial, debemos incrementar esta base para convertirnos en un centro de desarrollo de tecnología, de ideas, y que aparte de vender mano de obra venda mente de obra”.

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Sin poder compararse con el Silicon Valley de California, donde las firmas ahí asentadas invierten más de $17,000 millones de dólares al año en investigación y desarrollo, en Guadalajara hay empresas que le han apostado a esa área. Un ejemplo es Lucent Technologies, que alberga a un grupo de ingenieros de los Laboratorios Bell; HP, cuyo centro de diseño –también a cargo de Reyes– tiene desde 1992 la responsabilidad mundial del diseño y desarrollo de los manejadores de papel para las impresoras laser jet ; On Semiconductor, que cuenta con un centro de diseño y un laboratorio de componentes de los que, según su director, han surgido ocho patentes que han sido reconocidas en Estados Unidos; y el Centro de Tecnología de Semiconductores (CTS), una casa de diseño del Cinvestav, de cuyas filas han emergido Mixball y tdcom, dos entidades de diseño.

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Jesús Palomino, director de TDCOM, un spin-off del CTS que se formó en julio de 1998 con dos ingenieros y que ahora cuenta con una docena de ingenieros que diseñan circuitos integrados, software y tarjetas electrónicas para Transwitch y Level 1, comenta que a los talentos locales les hace falta el espíritu emprendedor que impera en el Silicon Valley e impulsa la creación de nuevas compañías. También, agrega, hacen faltan inversionistas (los famosos venture capital), que con su inyección de recursos hacen posible que esas nuevas empresas arranquen y se desarrollen.

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De cualquier forma, insiste Valtierra, el tercer paso para cerrar el círculo ya lo estamos dando, porque estamos tratando de traer o de que se hagan coinversiones con casas de diseño o de investigación y desarrollo.” Más cauteloso, el director del Cinvestav advierte, sin embargo, que un proceso de este tipo no “se da de la noche a la mañana”.

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¿Boom o consolidación?
Mientras que las 4,000 firmas asentadas desde San Francisco a San José, California, obtienen ganancias anuales por $200,000 millones de dólares, las empresas enclavadas en el Valle del Silicio Mexicano luchan por alcanzar una competitividad mundial que les asegure un crecimiento sostenido. “Es cierto –admite Reyes– que en los últimos siete años hemos tenido un boom; pero el ambiente de negocios está cambiando continuamente y los factores que nos dieron éxito en el pasado no son los mismos que nos van darán éxito en el futuro.”

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Uno de los elementos que el sector considera necesario para ir al ritmo de otros clusters competidores es la infraestructura. Y es que, aunque su líder reconoce que se han dado avances significativos en cuanto a la creación de parques industriales (ahora son 14 en la zona metropolitana) y confía en que el manejo de mercancías mejore con la licitación de la operación del aeropuerto de Guadalajara, el gremio pugna por la integración de una plataforma de logística y de telecomunicaciones más adecuada para la distribución de sus productos.

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En ese sentido, Jorge Ramírez Velasco, director general de Logistix México, una compañía especializada en la administración integrada de cadenas de suministros, apunta que se requieren de velocidades de transmisión de información más rápidas, líneas telefónicas de fibra óptica, líneas directas de comunicación satelital, así como servicios de transporte y de liberación de materiales más ágiles. Luis González Vargas, gerente de planeación estratégica de Latin America Distribution Operation de HP, va más lejos al incorporar al comercio electrónico como un factor de competitividad: “Si queremos movernos en la dirección que van nuestros competidores e integrarnos al resto del mundo, necesitamos utilizar como medio de información y de transacciones Internet o la Web .”

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La seguridad es otro aspecto que inquieta a la industriales. El punto causa controversia, pues en tanto Valtierra lo descarta como un factor decisivo para el arribo de inversiones, Reyes lo califica como un “problema grave”. Guzmán Lara tercia en el tema y, con base en datos de la Secretaría de Seguridad Pública, expone que mientras el robo a transporte ha disminuido 34% y los secuestros 40%, el robo a negocios y a personas ha aumentado 13 y 3%, respectivamente. Ello habla aún de un clima de inseguridad, el cual se refleja, según el especialista, en el hecho que 3,000 de los 60,000 empleos generados por la electrónica en los últimos años corresponden al área de seguridad.

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Con relación a la actividad promotora de las autoridades jaliscienses, el sector no tiene reclamo alguno; al contrario: “El gobierno del estado nos apoya y da más de lo que tiene para atraer la inversión”, valora el director de IBM.

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Hasta ahora, dice el secretario de Promoción Económica, el gobierno estatal ha otorgado $3 millones de dólares en incentivos a la capacitación y $8 millones de dólares en incentivos para infraestructura. “Mientras tanto, de parte del gobierno federal han sido puras promesas”.

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El sector electrónico también se queja por los nulos apoyos federales, pero sobre todo porque la falta de un programa de política industrial y de una política fiscal integral les ha restado competitividad y se ha convertido, incluso, en un factor inhibidor de inversiones. En particular, Reyes asegura que HP ha perdido dos proyectos en el último año y medio, en tanto que el director de IBM revela que, si bien en esta planta se han invertido $500 millones de dólares en los últimos cinco años, “pudiera haber sido el doble”. Cifuentes se solidariza con sus colegas, aun cuando asegura que On Semiconductor no ha resentido tales efectos. De hecho, este año la empresa invierte $80 millones de dólares para ampliar sus líneas de producción.

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El gremio, sin embargo, es propositivo. Desde el año pasado impulsa el Proyecto Vallarta, un plan en donde, de acuerdo con Federico Lepe, vicepresidente ejecutivo de la Canieti, se define “la importancia estratégica que tiene la industria electrónica sobre una fase global”. “Lo que buscamos no es una ley de incentivos, sino la instrumentación de una política industrial que restituya y mantenga la competitividad de los sectores estratégicos nacionales”, acota Godard.

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Ante la falta de respuesta de la actual administración, el Proyecto Vallarta ha entrado a un compás de espera. No por mucho tiempo, toda vez que Lepe anticipa que se preparan para reforzar su mensaje y presentarlo tanto a los candidatos a la Presidencia de la República como al Congreso de la Unión, con quienes establecerán un diálogo permanente. La esperanza es que sus propuestas sean tomadas en cuenta y lleguen a formar parte de los planes de gobierno de la gestión entrante.

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De llegar a combatir los factores inhibidores, el sector tendría el oxígeno necesario para seguir escalando peldaños. Y si bien se ve difícil que llegue a cubrir el perfil del Silicon Valley, por lo menos sí llegará a ser una metrópoli de la electrónica bien consolidada.

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