Sillas del Titanic

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Aparentemente sólo dos sillas sobrevivieron a la catástrofe del mítico barco. Según testimonio de un cocinero del Titanic, Charles Joughin, durante el hundimiento, él y otros arrojaron muchas de las sillas al océano con la esperanza de que sirvieran como tablas de salvación a quienes no encontraron lugar en los insuficientes botes salvavidas. Un barco de los que acudieron al rescate recogió una de las sillas y hoy la exhibe en el Museo Marítimo del Atlántico, en Halifax, Nueva Escocia. La otra fue adquirida en una tienda de antigüedades por unos empresarios que también la exhiben –en Orlando, Florida, en la exposición Titanic, Ship of Dreams– pero sobre todo la aprovecharon para hacer negocio. En 1998 fundaron la Titanic Deck Chair Company of Nantucket que ofrece –por $1,295 dólares– reproducciones exactas de las sillas de cubierta del barco. Cada pieza es hecha a mano en madera de caoba, lleva en su cabecera la insignia de la White Star Line y tiene en el respaldo el portatarjeta que servía para que los pasajeros de primera clase pusieran su nombre en él. Los pedidos pueden hacerse vía electrónica (www.titanicdeckchair.com) o en tiendas específicas ubicadas en territorio estadounidense (en la página web está la lista de establecimientos).

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