Sin lugar para esconderse

México no puede huir de la competencia. Sólo le queda encontrar un camino por donde correr.

Uno de los proveedores de Wal-Mart se queja: venderle al gigante de los supermercados es una de las cosas más difíciles que se puedan concebir. Hay que entregar siempre con buena calidad y a tiempo, encontrar maneras de financiarse y bajar los costos para estar en capacidad de ofrecer buenos precios. Una vez adentro de las tiendas, es indispensable desarrollar una estrategia llamativa con el fin de promover los productos. Es muy complicado, insiste el distribuidor, aunque subraya que vale la pena el esfuerzo con tal de estar en ese escaparate. Los industriales mexicanos no esperaron a que llegara Wal-Mart para competir por el mercado, pero la cadena sí ha llevado la exigencia a nuevos niveles. Es el signo de los tiempos. Las empresas y los trabajadores tendrán que adquirir la costumbre de ganarse a los clientes todos los días.

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Los requisitos de Wal-Mart –en el artículo de portada de esta edición– se parecen a la advertencia que hace Jeffrey Immelt, el nuevo presidente de General Electric, en una entrevista exclusiva: "México no puede huir de la competencia." Si ya decidió abandonar la estrategia de ser un país con mano de obra barata, dice, ahora tendrá que encontrar otro camino para contender. Él sabe de exigencias. Medio mundo está atento a lo que hace para llenar los zapatos de Jack Welch, su antecesor en la corporación y uno de los directivos de empresa sobre el que se han escrito más panegíricos. Si ya no es posible ni deseable luchar con base en los sueldos bajos, entonces hay que buscar que toda la estructura de costos se reduzca.

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Eso es lo que hacen las grandes compañías triunfadoras del mundo, como los dos ejemplos de esta edición: cuidar los costos, aumentar los beneficios. Immelt tiene como prioridad lograr que su firma crezca. Cesáreo Fernández, presidente de Wal-Mart México, ha encabezado una revolución no sólo en los supermercados sino también en toda su red de proveedores. En ambos casos, la tecnología es la herramienta imprescindible para convertirse en organizaciones más fuertes, más delgadas y más ágiles.

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Una de las prioridades de GE, un gigante que vale unos $400,000 millones de dólares, es estar lo más cerca posible de sus clientes. Del total de su personal, 60% está en contacto directo con el usuario y el resto realiza actividades de apoyo. Immelt quiere que ese 40% se reduzca a 12% en tres años. Es una reestructuración quizá no vista desde los años 80.

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Sume los esfuerzos de GE y Wal-Mart, considere los que hacen otras grandes compañías y tendrá un panorama del cambio que espera a la manera de producir en tres o cuatro años.

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Trabajos más especializados, empleados más capacitados y multihabilidades. La competencia se redobla. ¿Y México? ¿Ya encontró cuál es la cualidad que le dará ventaja para competir? ¿Empezó ya a capacitar a su gente? La respuesta es a duras penas un: ¿cuándo empezamos?

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–Los editores

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