Sitios seguros y un mito genial

Unas cuantas precauciones pueden evitar el robo de identidad y terminar con la creencia de que el us
Antonio Puertas

Una de las mayores amenazas que enfrentamos todos los usuarios de internet son los fraudes en línea, particularmente los que involucran el hurto de nuestra identidad y de datos confidenciales para llevar a cabo fraudes bancarios y con tarjetas de crédito. Según cifras de la Comisión Federal de Comercio, organismo del gobierno federal de Estados Unidos dedicado a la protección de los consumidores, durante 2002 más de 10 millones de estadounidenses fueron víctimas de robos de identidad, con un costo total de $47,000 millones de dólares. Muy pocos parecen estar a salvo de los delincuentes cibernéticos y la lista de víctimas incluye a usuarios de todo tipo de empresas: desde bancos y prestadores de servicios de acceso a internet hasta servicios de pagos o de correo.

- En México, no sólo carecemos de cifras actualizadas que den una idea del tamaño del problema. Estamos por generar un aumento explosivo del telemercadeo en línea o directo, pero todavía no existe una estrategia común de todos los involucrados como bancos, comercios, organismos de protección al consumidor y Procuradurías de Justicia. Recuerdo que hace menos de un par de años, en su página web, BBVA-Bancomer recomendaba a sus clientes que se abstuvieran de utilizar su tarjeta de crédito para hacer compras en línea. Ante lo nuevo, la reacción más normal (la más instintiva, diríamos) es el rechazo.

- Por ello, parece natural que uno de los mitos más extendidos sea que el uso de internet y de los servicios en línea fomente el crecimiento de este tipo de fraudes. Pero la realidad es bien distinta: el empleo de estos servicios puede ayudar a reducir el número y frecuencia de los fraudes, pues la enorme mayoría de quienes los realizan recurren, por lo regular, a información que obtienen “fuera de línea”, por medio de terceros o incluso –ya conocemos esta paradoja– a través de los propios empleados de las instituciones.

- Sin embargo, no está de más insistir en unas cuantas medidas de precaución básica para evitar el robo de nuestra identidad cibernética y, muy probablemente, un desfalco mayor. El primero, evitemos transmitir por correo electrónico o por mensajero instantáneo datos confidenciales como números de tarjetas de crédito, de cuentas, de seguridad social y de la curp y direcciones. El texto de un correo electrónico y de los mensajes instantáneos no está encriptado, por lo que cualquier hacker más o menos amateur podría interceptarlo y descifrarlo.

- Segundo consejo: utilice páginas seguras (encriptadas) para enviar información confidencial. Es fácil identificar dichas páginas: las seguras siempre comienzan con las letras: “https://…”, mientras que las páginas no encriptadas inician con el tradicional: “http://…”. En efecto, la “s” viene del vocablo secure, seguro. Si tiene dudas, podrá verificarlo en el propio navegador, pues en sitios seguros despliega un icono de candado.

- Si recibe un correo sospechoso –por lo regular piden verificar su dirección electrónica, contraseña y su identificación de usuario, por mencionar algunas, y nunca le escriben por su nombre–, no haga clic en ninguna de las direcciones. Llame a su banco o envíe copia del correo y denuncie el fraude. Si hizo clic en la dirección, deténgase, verifique que en la barra de dirección el nombre del sitio aparezca con su nombre normal y no con números, y que la dirección sea segura (https).

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- Por último: intente utilizar sólo sitios de comercio o de servicios con marcas establecidas, que incluyan un número de teléfono y una dirección física. Cambie con cierta frecuencia sus contraseñas y exija que su banco tenga un sitio seguro.

- Comentarios: apuertas@expansion.com.mx

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