Sólo para ellos

Tras su éxito en Europa y EU llega a México, el muñeco gay, Billy. En el país hay 12 millones de
Jesús Hernández

Durante unas vacaciones por Costa Rica, Renné Sotelo conoció por casualidad al creador de un muñeco de acción: un año después ya tenía los derechos en exclusiva para distribuir el juguete en México, que está a la venta desde el mes de agosto. ¿La novedad del producto? Sólo una, el muñeco, de nombre Billy, es gay.

- Al igual que Barbie, Billy tiene todo un mundo a su alrededor. Durante sus 10 años de existencia, su creador, el español Juan Antonio Andrés, ha inventado una historia de glamour y sofisticación para su personaje. Billy ha participado en desfiles de moda con vestimentas de diseñadores de la talla de Kenzo, cuenta con un libro que narra su vida y sus aventuras, un sitio en internet al que acuden sus miles de fans y también –como Barbie con Ken– cuenta con su novio, un gay latino de nombre Carlos y su mejor amigo, Tyson.

- El éxito de ventas de Billy es tal que en ciudades como Amsterdam, Tokio, Nueva York y Londres, hay tiendas que distribuyen solo productos asociados con la imagen del muñeco: playeras, libros álbumes y afiches.

- Renné Sotelo y su socio, Juan Carlos Almeida, dicen que cada semana reciben al menos una docena de correos electrónicos y llamadas telefónicas de locatarios de sex shops y cafeterías gay interesados en vender el producto Billy. En México su costo es de $775 pesos. “Quizá es un precio alto, pero la comunidad gay generalmente tiene un mayor poder adquisitivo por no tener hijos o dependientes familiares”, señala Sotelo.

- David Carballo, de la agencia de investigación de mercados De la Riva, no duda que Billy encuentre en México un buen mercado, pero sin llegar al éxito alcanzado en Europa y en Estados Unidos. En este último país se estima que el valor del mercado gay asciende a $450,000 millones de dólares.

- Billy encontrará una buena acogida entre las tipologías de gays que asumen su rol de preferencia sexual, como los del tipo hedonista o las llamadas locas, que representan -según De la Riva- alrededor de 40% de ese grupo social, estimado entre 8 y 12 millones de personas en el país. En cambio, los gay de tipo intelectual o reservados (de closet) tenderán a rechazarlo.

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