Soñar mucho, pero nunca despegar los pi

Vivir con pasión pero sin dejar de ser realistas, desafiar el <i>status quo</i> pero ser éticos, s
Alberto Baillères*

Mi mensaje está dirigido a los jóvenes emprendedores: su presencia para contribuir al desarrollo de nuestro México se reclama urgentemente.

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En primer lugar, quisiera recordarles que su actividad y sus contribuciones como emprendedores sólo son posibles en una sociedad libre, una sociedad que reconozca y proteja los derechos inalienables del ser humano a la vida, a la libertad individual y a la procuración de su felicidad. El corolario de estos derechos, en el ámbito económico, se plasma en una organización económica basada en el libre mercado. En la historia de la humanidad éste ha sido el sistema que más prosperidad ha generado y más oportunidades de desarrollo personal ha concedido. Las libertades económicas y el derecho a la propiedad privada confieren una poderosa persuasión al ser humano para estimular el desempeño voluntario de su creatividad, de la innovación, del esfuerzo, de la laboriosidad y de su disposición para asumir riesgos.

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En segundo lugar, debo decirles que ser empresario es una actividad espléndida, aunque no es fácil ni cómoda. Un empresario asume responsabilidades enormes y de naturaleza múltiple. Hoy más que nunca, la velocidad del cambio, la competencia a nivel global, los cambios tecnológicos y demográficos, y el ambiente regulativo imponen constantes retos y amenazas que deben ser reconvertidos en oportunidades para sobrevivir y prosperar. La actividad innovadora y creativa de la empresa, y sus esfuerzos por conseguir una mayor productividad son la fuente primordial de mejoramiento sostenido del nivel de vida de una sociedad moderna. Para la sociedad en su conjunto, y en el agregado, la empresa es una fuente perdurable y autosustentable de creación de la gran mayoría de los empleos y ésta es la manera de disminuir la pobreza.

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En tercer lugar, me quiero referir brevemente a los aspectos básicos en los que radica el éxito empresarial.

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La grandeza de visión
Un empresario exitoso requiere de una creativa y casi prodigiosa imaginación, como sugiere Leland Stanford, fundador de la Universidad de Stanford: “Pienso que aquellos jóvenes que están sólo técnicamente educados no resultan hombres de negocio exitosos. La imaginación necesita ser cultivada y desarrollada para conseguir el éxito en la vida. Un hombre no puede construir nada que no haya concebido previamente”.

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La grandeza de visión tiene que ser desarrollada mediante un gran esfuerzo de imaginación. La visión nos conduce, nos alienta, nos entusiasma, alimenta nuestro espíritu y nos da fuerza e inspiración para guiar a otros en nuestro empeño.  Por esto, y otros factores de la vida, considero que, contrario a lo que generalmente se piensa, el empresario debe ser romántico, apasionado y soñador.

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El realismo
Ninguna persona puede triunfar en los negocios si no es realista, si no tiene los pies en la tierra.

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En efecto, esta disposición se desarrolla en la vida con la experiencia, escuchando detenidamente, observando cuidadosamente, encontrando y verificando regularidades empíricas, evaluando las condiciones de factibilidad. Se requiere una verdadera obsesión por esclarecer y discriminar entre miles de ideas, para elegir sólo aquéllas que sean viables.

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Los jóvenes empresarios podrían sugerirme que hay una contradicción entre la grandeza de visión, la pasión, el romanticismo y el realismo como posiciones frente a la vida. Pero no es así.

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Y permítanme citar a Thomas Jefferson, uno de los padres de la patria estadounidense, cuando en un discurso arengaba a sus seguidores de la siguiente manera: “Construid, construid castillos en el aire, pero ponedles cimientos...”

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La ética y las agallas
No hay líderes y a veces ni siquiera obras perdurables sin ética. La conducta ética es la base de la confianza, es indispensable para la conducción de los negocios en todos sus aspectos. Grandes imperios industriales y estadistas han sucumbido por su falta de ética.

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Otro elemento para conseguir el éxito es el coraje, las agallas para tomar decisiones difíciles, impopulares, que desafían el status quo.

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La necesaria asunción de riesgos también requiere, ciertamente, de temple para soportar la incertidumbre y la posibilidad de fallar. Sin la fuerza de carácter no es posible sobrevivir como líder empresarial.

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La virtud
El joven empresario tiene que cultivar la virtud, que es integridad de ánimo y bondad de vida, tener claros algunos aspectos fundamentales de la vida.

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Es importante cultivar la humildad y desechar la arrogancia y la soberbia, ya que éstas conducen a la pérdida de sentido de la realidad y, en consecuencia, a errores que pueden ser fatales. La humildad consiste en tener siempre presentes nuestras limitaciones y debilidades como seres humanos. Conocerse a sí mismo no es tarea fácil, pero hay que intentarlo. También cultivar la prudencia, fuente de sensatez, de buen juicio y de moderación.

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Finalmente, es conveniente comprender que los emprendedores son depositarios temporales de riqueza y de medios, y que éstos confieren no sólo privilegios, sino también deberes y responsabilidades.

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Tampoco debemos olvidar que toda posesión es un medio y no un fin, y que hay que obrar en consecuencia.

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Éstos son algunos de los caminos al éxito que quiero compartir con los emprendedores.

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El lograr el éxito da grandes... muy grandes satisfacciones personales y contribuye a mejorar el nivel de vida de nuestro querido México.

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Pero ante todo, les recomiendo que vivan con pasión, con mucho amor, que sean entusiastas y románticos en todo lo que hagan y que disfruten de la vida y de sus logros.

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* Alberto Baillères es presidente del Grupo Bal y éste fue su discurso durante la cena de “El Salón del Empresario 2005”, que organizan Expansión e Impulsa.

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