Somos lo que comemos

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Las enfermedades asociadas con la alimentación aumentan el riesgo de muerte prematura y, según la Secretaría de Salud, principalmente la población ejecutiva se ve afectada por no tener horarios fijos para las comidas. Preferir un snack o tentempié a un platillo balanceado; consumir alimentos "sabrosos" en vez de saludables; ingerir demasiadas harinas procesadas y pastas, o comer pocas frutas y verduras no es lo más recomendable.

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¿Y en la oficina?
Una dieta saludable la dictamina un nutriólogo o endocrinólogo con base en el análisis de los hábitos alimenticios del paciente; sin embargo, cada quien puede ayudarse eliminando ciertos alimentos que generan un estado de saciedad momentáneo.

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En el esquema de vida del ejecutivo es frecuente comer y beber en restaurantes de forma poco aconsejable. Si el trabajo es apremiante se comerán en la esquina unos taquitos o un hot dog; o bien se engullirá, frente a la computadora, una hamburguesa o una baguette con mucha grasa y harto chile.

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Si usted suele hacer esto, deténgase un segundo y consulte a algún médico que le ayude a crear un plan nutricional basado en su edad y condición física, con todas las justificaciones científicas. Le propondrá ejercicios adecuados a su estado de salud y, en caso de necesitar alguna vitamina o complemento alimenticio, le indicará las dosis exactas y su uso adecuado.

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