Su majestad, el traje

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José Ramón Huerta

Al igual que la energía, hay gustos que no se destruyen, sólo se transforman. Basta observar alguna película mexicana de los años 50 para comprobar, la popularidad de la que gozaba la exacta combinación saco-pantalón del traje: hasta para ir a una función - de box la mayoría de los varones de ese tiempo se ajuareaban con él. A pesar de que en nuestra época se mantiene vigente la exigencia social de vestir Formalmente" en muchos ámbitos, la seducción que el traje ejerce va más allá de obligaciones.

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Más que un condicionamiento de tipo social, el traje sigue considerándose paradigma de elegancia. Contra los embates de algunos "relajados" que lo acusan de solemne, los estrategas de la moda se ponen a tono y dotan al traje de la carga de novedad que le permite no sólo dejar de ser el reflejo de una personalidad "acartonada", sino que, incluso, es habilitado como bandera "paraguas" de las nuevas tendencias.

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Explicar qué tanto impacto ejerce el traje sobre el hombre mexicano resulta digno de --por lo menos- curiosidad. Es un hecho que una multitud de varones de nivel socioeconómico medio y alto lo consideran una herramienta funda mental para cubrir las necesidades de sus relaciones laborales. Por ello, aunque la conformación del guardarropa ejecutivo tiende aún hacia lo clásico e, incluso, conservador, también existe en México un sector de consumidores dispuestos a arriesgar en propuestas de moda contemporáneas las cuales, dadas las características del mercado local, tienden a penetrar en el gusto generalizado hasta cuatro o cinco temporadas después de su aparición en Italia, Francia y algunas urbes de Estados Unidos.

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De este modo, los enterados (sastres, fabricantes y comercializadores) resaltan por lo menos tres grandes segmentos en cuanto a las preferencias del usuario. Uno, en efecto, se distingue por ser moderado, actitud simbolizada por una predilección hacia los trajes oscuros, azules marinos o grises... es decir, los "básicos". Este segmento no precisamente está conformado por personas de edad madura. Una segunda tipología en cuanto a la conformación de guardarropa se distingue por preferir las "combinaciones" (o sea, un saco distinto del pantalón), opción que muchos prefieren por su versatilidad y posibilidad de variedad. Este segmento no es excluyente de poseer unos cuantos trajes completos para las situaciones -"clave".

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El tercero de esta clasificación es el que reúne la menor cantidad de adeptos, pero con una importancia radical en cuanto a que ayuda a "fijar moda" que después tiende a ser aceptada por la generalidad. Lo conforman aquellos que utilizan trajes de colores más claros o con tenues estampados, gente susceptible a las propuestas novedosas. Este último segmento suele conformarse por profesionales independientes, cuya actividad les permite mayor "relajamiento" en su atuendo.

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Y, a todo esto, ¿qué tipo de traje sugieren los mandones de la moda para la temporada de este fin de año y principios del próximo? Aunque las propuestas dependen de las marcas y sus diseñadores, éstos al parecer han montado en nostalgia y apelan a cortes más bien estrechos, ajustados -(sueño revival de los años 60 y 70) para un saco que rehúsa ser cruzado y en el que predominan ya no dos sino tres o cuatro botones --los muy atrevidos elegirán sacos de ocho, incluso-, y que dejan para después las solapas anchas. Se vale, debido a las amplias aberturas al frente, jugar con prendas usadas por debajo.

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Los buenos casimires son bien aceptados no importando la época o moda, aunque la lana ha llegado a competir con un atrevido lino que reclama su legítimo lugar en el gusto mexicano. Así como las "rayas de gis" se mantienen vigentes, los hombros cambian para ser más acentuados sin llegar a la artificiosidad. Los pantalones soslayan las pinzas y en cambio coquetean con ligeras campanas. Todo esto es combinado con camisas de cuellos terminados en punta, un poco más ceñidas al cuerpo (respondiendo a la filosofía de subrayar lo "atlético", hoy tan en boga).

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Los expertos opinan que, sea cual fuere la predilección del portador --tradicional o ultra novedoso- lo importante es adq9irir trajes de una marca que le garantice calidad en sus acabados, forros, costuras, tela, y que además le permita desenvolverse con comodidad tomando en cuenta la complexión y el clima. En el mercado existen marcas nacionales y foráneas que permiten conseguir lo anterior --es decir, todas las variantes de estilo- desembolsando desde menos de $2,000 -(v.gr., un Conti, Sidi) hasta $12,000 (Zegna, Armani, Boss).

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En fin, independientemente de modistos y demás dictadores de tendencias, sólo a usted le compete decidir su look. Como ya se sabe, en gustos se rompen géneros. Y eso siempre es válido mientras no remita al forro del pantalón recién adquirido.

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