Subsidio o estímulo

Existen desacuerdos semánticos, pero todo indica que la empresa mexicana requiere estímulos direct

Son numerosos los empresarios que consideran que la administración pública debería acompañar la apertura económica con medidas de apoyo que incentiven la inversión productiva y el ahorro interno: desde estímulos fiscales hasta créditos baratos, pasando por una variada gama de posibilidades.

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Sin embargo, la respuesta del gobierno ha sido unívoca. Sergio Fadl, coordinador de asesores del Banco Nacional de Comercio Exterior (Bancomext), e, contundente: "No habrá más subsidios. Desde hace un tiempo, la estrategia ha sido eliminar subsidios. Los subsidios han demostrado en la historia ser nocivos y nunca se sabe si realmente fueron canalizados a la gente o a los sectores que en verdad los necesitaban".

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Pero ¿de qué subsidios se habla? ¿O acaso estímulo y subsidio son lo mismo? Y si así fuera: ¿no entonces naciones tan desarrolladas y librecambistas como Alemania y Estados Unidos, estarían subsidiando su planta productiva?

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Al respecto, Juan Autrique, presidente de la Asociación Nacional de Importadores y Exportadores de la República Mexicana (ANIERM), señala que si bien probablemente se cometieron excesos y errores en la aplicación de los subsidios, en su momento facilitaron el rápido crecimiento de muchas industrias (la petroquímica, por ejemplo). Luego se quitaron. Y mientras Estados Unidos, los países de la Unión Europea, los de la Cuenca del Pacífico, instrumentaban (como siguen haciéndolo) medidas de apoyo para la instalación y el crecimiento de sus actividades productivas y comerciales, México cambió su política y no hubo, para compensar, alguna otra clase de estímulos directos o indirectos. "Este fue uno de los grandes contrasentidos del sexenio pasado: no haber promovido una mayor inversión", dice Autrique.

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Y da un ejemplo: "En los países asiáticos, si usted quería desarrollar una industria le daban créditos blandos. También existía la depreciación acelerada, esto significa que sus resultados contables no van a estar muy bien, pero usted siempre está en la disyuntiva de invertir para crecer o pagarle al gobierno federal un impuesto. Entonces, en 96% de las veces la gente prefería reinvertir, empezaban como empresas muy chiquitas y ahora tienen dos, tres, cuatro veces la capacidad de una de nuestras grandes firmas. ¿Por qué? Porque invirtieron e invirtieron."

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Dar la mano, sin que se tomen el pie. Las reglas vigentes del comercio internacional castigan cualquier forma de subsidio o mecanismo que dé origen a una competencia desleal o discriminante. Sin embargo, Luis Bravo Aguilera, subsecretario de Comercio en el sexenio de Miguel de la Madrid, considera que existen muchos modos de alentar y cuidar la planta nacional sin transgredir la reciprocidad exigida por los acuerdos comerciales, ni subvencionar ineficiencias: desde la aplicación selectiva de barreras no arancelarias hasta la instrumentación de planes maestros de infraestructura, pasando por un tipo de cambio adecuado, e incluso ligeramente subvaluado".

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Para el ex funcionario es factible y conveniente, "si queremos proteger la industria y frenar ciertas importaciones, bajar a cero el arancel para maquinaria y equipos intermedios que no produzcamos y que sean necesarios para aumentar nuestra producción y poner en cambio el arancel máximo que tengamos negociado (de hasta 35%) a aquello que queramos producir en México (excluyendo a los países con los que tenemos acuerdos específicos, como los del Tratado de Libre Comercio y el Grupo de los Tres)". "Esto puede ser transitorio, pero en todo caso debe ser concertado", añade.

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El doctor León Bendesky, socio-director de la consultora Economía y Política Internacional (Ecopi), considera que para aprovechar las ventajas competitivas existentes y potenciales de la economía nacional, es necesario que el fisco "deje de ser un mecanismo que dificulta la capitalización y la gestión de las entidades empresariales; que las operaciones de comercio exterior salgan del laberinto burocrático en el que todavía se encuentran entrampadas; que se reduzcan los trámites y los prolongados plazos para la apertura e instalación de nuevos negocios, y que se eliminen o reduzcan efectivamente los elevados costos de transacción que existen en el mercado y que son un obstáculo para la eficiencia de las empresas".

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Con él coincide, ciertamente sin saberlo, Francisco López Barredo, ex presidente del Consejo Empresarial Mexicano para Asuntos Internacionales (CEMAI), para quien es necesario, además, concertar alianzas estratégicas para la promoción de las exportaciones, atrayendo capitales y tecnología foránea directamente a la planta productiva, e incorporar a las empresas medianas y pequeñas a través de empresas integradoras y comercializadoras, a fin de alcanzar economías de escala y elevar su capacidad de negociación en los mercados internacionales.

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López Barredo sugiere utilizar para ello "las medidas fiscales" que se ofrecen "a través de programas como el Programa de Importaciones Temporales para la Exportación (Pitex), el Programa de Apoyo a Empresas Altamente Exportadoras (Altex), etcétera, y otras medidas de desregulación que es necesario trasladar al nivel estatal, pues hay que tomar en cuenta que entre 70 y 80% de las exportaciones proceden del interior de la república".

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