Tecnología para crear estómagos saluda

A la biotecnología se le acusa de ser una ciencia que &#34pretende sustituir a Dios&#34. Nada más
Andrés Piedragil Gálvez

¿Las obras de la naturaleza son perfectas? Cualquier persona diría que sí. Carlos Quiros –científico de origen peruano y uno de los especialistas más respetados en el campo de la biotecnología– tampoco tiene grandes dudas al respecto. Sin embargo, el también profesor de la Universidad de California añadiría que las creaciones naturales, gracias a la ciencia y la tecnología, pueden poseer una mayor calidad. No está alardeando: desde hace tres décadas el investigador estudia los componentes genéticos de plantas y vegetales –principalmente brócoli, coliflor, apio y papas–, con el objetivo de desarrollar cultivos mejorados. ¿Cómo lo consigue? Manipulando el ADN de los productos y fijando nuevas combinaciones de cromosomas que generan frutos con las características especiales deseadas.

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Hoy, el trabajo de Quiros ya se puede reunir en una canasta de mercado: flores con capacidad para detectar suelos contaminados, vegetales a prueba de plagas, rosas negras o azules, sandías sin semillas, cultivos que producen aceites para uso industrial, frutas cosechadas en terrenos inimaginables, etcétera.

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De acuerdo con el Servicio Internacional para la Adopción de Aplicaciones Agro-biotecnológicas (organismo mundial no lucrativo), entre 1999 y 2000 los cultivos genéticamente modificados abarcaban 4.3 millones de hectáreas del planeta. Las naciones más industrializadas –como Estados Unidos y Canadá– producen una tercera parte de las cosechas tratadas. En las naciones en desarrollo –como Argentina, China y Sudáfrica–, este tipo de cultivos mostró un incremento de 84% durante el periodo señalado.

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Por otro lado, la vocación de Quiros por ayudar a la naturaleza no se detiene ahí. Actualmente, el científico latino dedica su tiempo al desarrollo de elementos nutricionales fortalecidos –extraídos de plantas y frutas– que podrían eliminar a uno de los enemigos más peligrosos de la humanidad: el cáncer. En una reciente visita a México, Carlos Quiros charló con Expansión . A continuación, un extracto de la conversación.

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Hoy se habla con frecuencia de biotecnología. Muchos gobiernos incorporan el tema en sus agendas. Los especialistas financieros recomiendan invertir en compañías del campo. ¿Las expectativas en torno a esta disciplina realmente están justificadas?

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Absolutamente. Esta nueva tecnología ofrece oportunidades prácticamente ilimitadas. Hoy es posible manipular casi cualquier cosa. Antes los científicos sólo podían combinar dos especies muy relacionadas. Por ejemplo, en el caso de animales, se cruzaba a un burro con un caballo y se obtenía una mula. Un resultado, en el fondo, bastante estéril. Ahora, la manipulación del ADN es una realidad. Es decir, se puede trabajar con el material hereditario que es común a todos los organismos: bacterias, animales, plantas, moléculas.

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Desde los años 70, la ciencia descubrió el mecanismo para cortar y emplastar trozos de ADN, sin que importara la fuente original del material. Desde ese momento la biotecnología se convirtió en un tema de gran relevancia. La creación de insulina humana fue uno de los primeros productos que se generaron. En el pasado, la insulina se extraía de cerdos y era colocada en organismos humanos; lo cual no siempre arrojaba buenos resultados: el cuerpo podía rechazar el implante y desencadenar una alergia. Actualmente, gracias a los avances en biotecnología, se toma el gen de la insulina, se introduce en bacterias que son cosechadas en laboratorios especiales y, al final, se obtiene la insulina humana. Un proceso más accesible y que brinda insulina verdadera.

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¿La biotecnología puede ser una buena oportunidad de negocios?

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Sí. Muchas compañías que producen plantas y frutas lo pueden asegurar. Estas empresas siembran productos que, en su composición interna, ya incluyen su propio insecticida; el cual –además– sólo afecta a las plagas potenciales y no a los consumidores. Al prescindir de los insecticidas se reducen significativamente los costos de producción. Imagínelo: en México se podría sembrar maíz que, al incorporar sus propios mecanismos para combatir insectos, prácticamente se cuida solo.

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Por otro lado, hay que reconocer que apenas se empiezan a aprovechar estos avances tecnológicos. Hoy sólo podemos hablar de la primera generación de productos transgénicos: cultivos resistentes a plagas e insecticidas; frutos que generan aceites de uso industrial –para fabricar jabones, por ejemplo–, vegetales que retrasan su proceso de descomposición. Estos cambios aumentan la producción agrícola, incrementan la rentabilidad de las cosechas y evitan daños al ser humano.

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Para los agricultores mexicanos, ¿qué beneficios aportaría la biotecnología?

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Al evitar factores como las plagas, la producción aumenta y se eliminan las pérdidas. En algunos cultivos, los insectos producen daños al 80%. Con la biotecnología, es posible aumentar la producción hasta en esa cantidad. Asimismo, si se cosechan productos que no se pudren rápidamente, también se eliminan las ineficiencias relacionadas con aspectos de almacenamiento. Al usar la tecnología, los agricultores tienen la oportunidad de obtener el mayor rendimiento de sus cosechas.

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En México los campesinos no cuentan con recursos monetarios y, en muchos casos, se apegan a tradiciones agrícolas milenarias. ¿Los factores económicos y culturales representan un obstáculo para la adopción de soluciones biotecnológicas?

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Hay que considerar los aspectos culturales y económicos. El reto de la biotecnología es llegar a los campesinos, al pequeño agricultor. La intención nunca será favorecer a los grandes productores. Si el campesino, por algún motivo cultural o histórico, sólo está interesado en cultivos nativos, entonces hay que trabajar para mejorar dichas cosechas a través de la tecnología. Se debe desarrollar una solución que resulte adecuada para sus necesidades. Además, la sociedad tiene que considerar otro aspecto: para el 2050, la población del mundo alcanzará la cifra de 9,000 millones de individuos. Sin embargo, el planeta contará con las mismas cantidades de tierra y agua. ¿Cómo se alimentará a ese volumen de personas? Tenemos que aprovechar las ventajas que nos brinda la nueva tecnología. Por lo menos para evitar el actual nivel de pérdidas. Si éstas se reducen en 10% o 15% el logro será sumamente notable.

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¿Qué papel debe jugar el gobierno en la incorporación de la biotecnología?

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Las autoridades tienen que entender que esta tecnología, como cualquier otra, incluye beneficios y riesgos. Así como es posible crear cultivos resistentes a plagas, siempre existe la posibilidad de que los productos tratados, al combinarse con especies silvestres, se conviertan en malezas difíciles de controlar. No obstante, en el caso de la biotecnología, es un hecho que las ventajas superan a los riesgos. El gobierno debe crear un sistema de evaluación, el cual debe apoyarse en un equipo de expertos que analice todas las circunstancias del país y que sea capaz de ponderar las condiciones ecológicas y estudiar cultivo por cultivo. La introducción de siembras transgénicas en una nación siempre representa un reto particular.

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¿Los empresarios podrían encabezar ese proceso de adopción?

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Las compañías que deseen importar este tipo de tecnología deben tener una gran capacidad de negociación. La gran mayoría de los elementos genéticos que se utilizan para desarrollar cultivos transgénicos están patentados e implican el pago de regalías. Muchas veces, si se pretenden usar los productos para proyectos de consumo interno –y así atender a los sectores más necesitados–, las empresas no exigen el pago. Sin embargo, si alguien quiere aprovechar esta herramienta para labores de exportación, entonces se tienen que liquidar las regalías. En ese sentido, las firmas interesadas deben poseer buenas capacidades económicas y de negociación.

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Usted habla de importar, ¿en México nadie está participando en el campo de la biotecnología?

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Aquí se encuentra un instituto que goza de gran reputación internacional: el Cinvestav de Irapuato. Ahí, científicos mexicanos de renombre mundial –como Luis Herrera Estrella– están trabajando en el desarrollo de resistencias a suelos ácidos. El maíz no crece en tales terrenos; es decir, donde existen elementos de aluminio. El Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional (Cinvestav) está creando semillas que soportan dichas características. De esta forma el país ampliará sus zonas de cultivo, usará tierras que anteriormente eran descartadas. No se trata de talar bosques, sino de aprovechar espacios que no se sembraban –como las sabanas tropicales– y que ahora pueden servir para cosechar maíz.

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¿Qué cultivos transgénicos podrían funcionar rápidamente en México?

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El país tiene excelentes condiciones climáticas para hortalizas vegetales. Aquí todavía no existen muchos cultivos transgénicos, pero, durante los próximos cinco años se encontrarán chiles, tomates, calabacitas, flores, rosas azules o negras. La tecnología permite hacer cualquier cosa. No hay ninguna base científica para pensar que estos frutos son imposibles de lograr o que resultarán dañinos para la población. Ya hay muchos productos en el mercado, los cuales tienen que pasar por estrictos controles de calidad.

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Sin embargo, no hace mucho se decía que los alimentos transgénicos podían dañar al organismo humano.

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Cuando se desconoce algo, la primera reacción siempre es de rechazo. Esa es la naturaleza del hombre. Hay una grave carencia de información seria, la cual es aprovechada por las asociaciones ambientalistas radicales. Asimismo, los grandes productores de alimentos tradicionales también difunden datos erróneos, ya que tienen miedo de perder la ventaja de vender sus productos a un costo muy alto. Al pensar bien las cosas, la gente tiene que darse cuenta que los frutos transgénicos son en realidad los productos orgánicos por excelencia. Sí manipulamos genes, pero ¿qué son los genes? ADN, el cual usamos para realizar otras combinaciones –que se traducen en café sin cafeína, frutos que no producen alergias, etcétera–.

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Por otro lado, existe otro tema a considerar: en Europa, la sociedad no confía en sus organismos gubernamentales para controlar problemas. Por ejemplo, con el asunto de las "vacas locas", la gente culpó a los experimentos genéticos y no a las autoridades que no han podido desarrollar un programa alimenticio que se base en otro tipo de ganado. Tampoco ayudó el comentario del príncipe Carlos de Inglaterra: "Al manipular el ADN, los científicos están jugando a Dios." Por supuesto, la biotecnología también implica riesgos: los conocimientos pueden usarse para fabricar armas biológicas. Es el mismo caso que la radiación: se utiliza para combatir el cáncer, pero también podría usarse para construir una bomba nuclear.

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En México, un "chile transgénico" seguramente despertaría suspicacias.

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Un chile así no tendría nada de malo. Podría ser un chile que no necesita de insecticidas para crecer –lo que lo hace más sano para el consumidor– y con un mayor nivel de vitaminas. Las posibilidades son inmensas. No tendría que causar temor en la población.

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¿La biotecnología será el elemento que acabará con el cáncer? ¿Esto realmente ocurrirá?

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Ya secuenciamos todo el genoma humano. Es decir, ya contamos con la información más útil, la cual se puede usar para detectar si los genes de una persona facilitan el desarrollo de cáncer o algún tipo de enfermedad hereditaria. La tecnología brinda la oportunidad de reemplazar genes defectuosos, o bien, utilizar los datos genéticos para crear medicinas que sustituyan las funciones de los elementos defectuosos. Estamos trabajando en ello y los resultados cada vez son más alentadores. Incluso, y para asuntos policiacos, hoy se puede determinar la identidad de individuo a partir de un simple pelo. Los compuestos para combatir el cáncer ya existen.

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