Telecom. Solidaridad... privada

El sistema mexicano de satélites saldrá de la órbita del monopolio estatal que actualmente lo con
María Fernanda Matus

A cinco años de su creación, Telecomunicaciones de México (Telecomm), el monopolio estatal que opera satélites y telégrafos en forma exclusiva, se enfrenta a su más grande transformación, orillada por el actual desarrollo de sistemas satelitales globales y la reciente apertura a la inversión privada en este sector.

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Carlos Mier y Terán, director general de Telecomm, comenta a EXPANSIÓN las opciones que estudia el gobierno para transformar a la empresa, cuyo valor actual es de alrededor de $1,500 millones de dólares y que cuenta con la operación y administración del sistema de satélites mexicanos, conformados por los Solidaridad I y II y el Morelos II -aunque este último deberá ser reemplazado en 1998-.

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El funcionario explica que la apertura a la inversión privada incluida en la Ley Federal de Telecomunicaciones recién aprobada por el poder legislativo, y que antes estaba reservada al Estado, exige el viraje del monopolio operador de satélites hacia una empresa que permita la participación privada mayoritaria.

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"La Ley prevé que se puedan dar concesiones para establecer sistemas de satélites en posiciones orbitales asignadas a México y abre la posibilidad de dar concesiones para que se exploten las huellas de satélites extranjeros que cubran el país", explica.

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Entre las propuestas que serán puestas a consideración de la junta directiva de Telecomm destaca la de crear una nueva empresa cuyo accionista mayoritario sería en principio el gobierno federal, aunque más adelante podría llegar a serlo una firma privada. Bajo este esquema, Telecomm, un organismo creado en 1989 mediante la fusión de la Dirección General de Telecomunicaciones y la Compañía Telegráfica, preservaría sólo su rectoría en la prestación del servicio de telégrafos.

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Mier y Terán señala que la preservación de telégrafos en manos del Estado es parte de los términos incluidos en la nueva Ley, que además regula la liberación a la iniciativa privada para establecer y operar estaciones terrenas receptoras de huellas satelitales, lo cual se hacía en la práctica desde hace unos años.

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¿Quién le entra? "Podría manejarse con participación privada mediante asociaciones estratégicas o emisión de acciones al público general en la bolsa", detalla Mier y Terán. A su juicio, bajo uno de estos esquemas el gobierno federal podría captar inversión privada tanto por la venta de acciones para el lanzamiento del nuevo satélite que reemplazará al Morelos II, como por la venta de transpondedores de los actuales. En este momento, añade, "estarnos trabajando en una separación administrativa de la operación telegráfica de la satelital dentro de Telecomm, y ya se evalúa convertir a la división de satélites en una empresa independiente".

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Actualmente, México cuenta con cuatro posiciones orbitales para satélites de televisión directa, conocidos como Direct Broadcasting Systems (DBS), que podrían licitarse a las empresas interesadas. "El Estado tendría la opción de mantener una participación minoritaria transitoria hasta que se vendan las acciones, o bien de quedarse con una acción dorada para tener cierto derecho de veto y garantizar los servicios sociales y de seguridad nacional", indica.

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Lo cierto es que ya hay varias empresas interesadas, pero todas están esperando a ver el modelo de apertura y de inversión privada que tendrá Telecomm. Multivisión, por ejemplo, en sociedad con la venezolana Venevisión y la estadounidense Hughes, ya anunciaron su plan de invertir en la construcción y puesta en órbita de un satélite propio, con cobertura en toda América Latina.

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Sin embargo, no se podría esperar una subasta milagrosa para el gobierno como las que logró con los bancos y Teléfonos de México. Mier y Terán valúa el proyecto de Telecomm en $1,500 millones de dólares. Si el organismo transformara el área de satélites en empresa, las acciones podrían sumar un mínimo de $750 millones, por lo que si una firma privada quisiera la posición mayoritaria, tendría que erogar por lo menos $400 millones de dólares.

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Eso sí, a diferencia de otros rubros de las telecomunicaciones, como la telefonía, la industria satelital no requiere de tanta inversión en estos momentos. Al menos así lo sugiere Mier y Terán, subsecretario de Comunicaciones en el sexenio pasado: "Necesita más bien tecnología, desarrollo comercial, nuevas aplicaciones en servicios y mayor participación en el mercado internacional".

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Y reconoce que los jugadores de esta industria son pocos. En Estados Unidos, por ejemplo, donde hay 35 satélites, controlados todos por Hughes Communications y General Electric. No cabría esperar nombres muy distintos en la apertura del sistema mexicano de satélites (y la alianza de Hughes con Multivisión lo corrobora).

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Otras opciones de negocios. El punto central es aprovechar los dos satélites recién lanzados (Solidaridad I y II), tanto en México como en América Latina.

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El siguiente paso es conceptuar el artefacto que, en sólo dos años y medio, deberá reemplazar al Morelos II. "Hay que hacerlo bajo un concepto moderno, con diseño de alto potencial y cobertura nacional e internacional para competir con los servicios de todo el mundo."

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Pero hay otras sendas de negocios, como el servicio móvil satelital, totalmente nuevo, y que va más allá de la operación de servicios fijos en los tres satélites con que cuenta el país. Mier y Terán habla de las oportunidades para los inversionistas: "Como operadores de servicios móviles usando la banda L, como operadores de redes y telepuertos, y como socios de los sistemas globales de satélites de órbita baja". Entre estos últimos se encuentra el sistema Inmarsat-P, con 12 satélites (10 operativos y dos de reserva), donde México participa ya desde el mes pasado.

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"Dentro de ese esquema, quizá lo más conveniente es que los tres satélites actuales formen parte de la nueva empresa satelital, se licite la venta de las acciones y también la venta en condominio de los transpondedores", subraya.

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Ya se empieza a hablar sobre estos negocios. Desde Telmex y Sprint, Banamex y MCI, y Alfa y AT&T, a través de bancos de inversión, hasta los operadores de satélites -como Hughes Communications, General Electric, Panamsat y Orión- y los propios fabricantes -Hughes Aircraft, Ariannespace y Deutsche Aerospace-.

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"Todos son socios estratégicos con los que habrá que hablar", dice Mier y Terán. Y ahora es cuando.

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