Telecomunicaciones <br>Los días contado

Los grandes consorcios de telecomunicaciones buscan un trozo del negocio que ha tenido Telmex en exc

A Telmex le ha llegado la hora de compartir. Y competir.

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Pero para Carlos Slim Helú, presidente del consorcio, y sus socios mexicanos y extranjeros, el handicap de cinco años es valioso: la empresa privada más importante del país es muy distinta a la de fines de los 80; sus mecanismos de defensa frente al embate de las multinacionales de las telecomunicaciones están mejor afinados.

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Los gigantes ya hacen antesala. De la mano de socios mexicanos, AT&T -con Grupo Alfa-, MCI -con Grupo Financiero Banamex Accival y GTE -con Grupo Financiero Bancomer-, entre otros más que pudieran llegar de último momento, buscan ofrecer servicios de larga distancia nacional e internacional, integrando todos los ingredientes que se requieren para hacer realidad la "supercarretera de la información": la transmisión digital de voz, datos y video, con la fibra óptica como arteria.

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Por su parte, Motorola -con Grupo Protexa-, y Bell Atlantic -con lusacell- buscan implantar con mayor eficacia la tecnología inalámbrica, para servicio local y nacional (de último momento, se sabe que Pulsar ya no participará en la industria), haciendo uso intensivo de las frecuencias que se asignen y de una apertura que llegará incluso a los satélites Morelos II y Solidaridad I y II. Hay quienes dicen, no obstante, que la industria de las telecomunicaciones en México es como un desierto donde todos cabalgan, en medio de la polvareda, en busca de un oasis que quién sabe si realmente exista. Por supuesto, la densidad telefónica actual, de 9.6 por cada 100 habitantes, parece un señuelo irresistible en cuanto a la potencialidad que representa en términos de mercado. Pero no todos comparten la idea de que el mercado mexicano, constituido en buena parte por comunidades rurales marginadas, sea el plato tan apetitoso que algunos esperan.

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La inoportuna crisis. Hace escasos siete meses ninguno de los jugadores de esta industria visualizaba un escenario de crisis como el que vive actualmente la economía mexicana. Según Jorge Arredondo, director de Telecomunicaciones de la firma consultora Select-IDC, a partir de diciembre de 1994, este sector empezó a experimentar "un desaceleramiento de su expansión y una contracción en los servicios diversificados que venía ofreciendo" hasta antes de esa fecha.

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Agrega: "La caída de 40% en el ritmo de crecimiento anual de Telmex para 1995, y su pérdida neta de poco más de N$390 millones de nuevos pesos durante el primer trimestre del año, son sólo un reflejo de lo que está pasando en la industria de las telecomunicaciones. El hecho de que para mayo Telmex aún no hubiera anunciado los volúmenes de sus pedidos a sus proveedores de sistemas, indica que a partir de este segundo semestre se observará una contracción no sólo de la demanda, sino también de la oferta de infraestructura".

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Dadas las características de inversión en este sector -es imposible tender redes de fibra óptica en unos cuantos meses-, y considerando que las bases para el concurso de las concesiones para los nuevos operadores podrían darse hasta fines de este año, difícilmente los nuevos prestadores de servicio podrán poner en marcha sus sistemas antes de enero de 1997.

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Pero hay quienes son más optimistas. Es el caso de Stan Robitaille, presidente de Northern Telecom de México: "Con la nueva Ley Federal de Telecomunicaciones (LT) se creará un extenso sistema de comunicación con grandes inversiones en México. Compañías operadoras de televisión por cable entrarán al negocio de las comunicaciones de voz; habrá tres o cuatro nuevos operadores en el país; las compañías de telefonía estarán compitiendo con Telmex en telefonía local a través de sistemas inalámbricos; habrá una creciente demanda de transmisión de datos..."

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Lo que eso significa es que las inversiones comenzarán ya muy pronto, con la consiguiente economía de escalas que generarán. Y no es cualquier cosa: aún sin concesiones en las manos, los planes de algunas de las empresas interesadas suman, de entrada, unos $3,000 millones de dólares. Si se ve a más largo plazo, en la siguiente década podrían desfilar hasta $7,000 millones.

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"Ningún sector se acerca a lo que sucederá muy pronto en las telecomunicaciones. Aparte de la mejoría en disponibilidad de redes y líneas telefónicas y la baja de precios para el consumidor, también significará una serie de interacciones que involucran a la política, que van a ser fascinantes", comenta Gabriel Székely, investigador de El Colegio de México y coautor del libro Teléfonos de México: Una empresa privada.

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La LFT, al parecer, ha resultado satisfactoria para los contendientes, ya que dejará actuar con total libertad a los concesionarios. Atendiendo a lo que dice Carlos Casasús, subsecretario de Comunicaciones de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), muy pronto comenzarán a fluir noticias.

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¿Se dará el "descreme"? Los requerimientos empresariales son cada vez mayores. Cualquier negocio exige ya servicios diversificados como intercambio electrónico de datos, correo electrónico, comunicaciones móviles, transmisión de datos, tele y videoconferencias, etcétera.

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Palabras más, palabras menos, se trata de la multicitada "supercarretera de la información", que ya es más que posible por la elevada digitalización de la planta telefónica en México y la proliferación de la Red Digital Integrada (RDI) de Telmex. Y esta es la integración global de la industria, donde las telecomunicaciones se fusionan con la informática.

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Y hacia esta autopista, el negocio de la información, es hacia donde están dirigiendo los carriers (operadores) típicos de la industria, mucho más allá de la propia integración vertical de sus operaciones (servicio local-larga distancia rural-nacional-internacional).

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Pero detrás de este panorama de ciencia ficción, que ya es una realidad, muchos mexicanos podrían quedar decepcionados a corto plazo. Si algunos consultores y analistas de esta industria están en lo correcto, el fenómeno de la banca extranjera se repetirá en las telecomunicaciones. Es decir, más que llegar a un negocio de masas, las multinacionales tenderán sus redes de fibra óptica principalmente para atacar un apetitoso segmento del mercado: el de los "clientes premier" de Telmex, un selecto club de 50 empresas y organismos públicos "que representan un ingreso mínimo de $200 millones de dólares sólo en larga distancia", dice uno de los analistas consultados. Eso se denomina "descreme", y significa que se daría una guerra selectiva de tarifas y calidad en los servicios de mayor valor agregado.

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Los de cerca y los de lejos. En servicio local será prácticamente imposible observar que empresas corno lusatel (de lusacell) y Protexa-Motorola, entre otros que se apunten, tiendan una red paralela a la de Telmex en las ciudades. La tecnología inalámbrica será la que dominará la escena.

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Sin embargo, la ausencia de alambres tiene sus limitantes, si como dice Daniel Pineda Cortés, consultor en telecomunicaciones, no se asigna el espectro correcto. "Aquí las claves son la calidad y los costos." Cualquiera que tenga un teléfono celular podrá constatar las deficiencias en la transmisión de voz, por lo que resulta todavía difícil pensar en servicios de datos y de video. Por supuesto, la rapidez e la asignación de una línea y la portabilidad del equipo son las ventajas competitivas innegables de esta tecnología. Y si bien el boom de la telefonía celular (más de 570,000 usuarios a la fecha) ha sido bruscamente detenido por la crisis, el crecimiento se detonará en cuanto la economía otorgue muestras de alivio.

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En larga distancia nacional, la competencia sí será titánica, aunque todo apunta a que Telmex se mantenga corno la carrier dominante. Avantel (Banamex-MCI), Alfa-AT&T, Bancomer-GTE, lusacell y Domos serán los grandes rivales de Telmex, sobre todo en el llamado "triángulo de oro" (México-Monterrey-Guadalajara). Y no hay que olvidar que existen más interesados, si bien con planes menos ambiciosos: Enlaces Radiofónicos, Tricom y Geotel, entre otros. "Estos últimos son los típicos pequeños carriers que aspiran a ser medianos. El negocio está en crecer y consolidarse, o crecer y vender", señala Pineda.

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En este rubro, la que quiso tornar ventaja sin avisarle a nadie fue lusacell que, desde la década de los 50, tiene asignada una banda de frecuencias. De ello habla Székely: "La tecnología ha evolucionado tanto que, lo que comenzó corno un teléfono fijo en el automóvil, ahora son aparatos inalámbricos que pueden instalarse en casas y oficinas, con un costo de instalación de menos de $100 dólares, por la ausencia de cableado. Esa es parte de la estrategia de lusacell, y de su alianza con Bell Atlantic, pero corno el gobierno no le ha reconocido esa posibilidad de tener una cobertura nacional con ese tipo de servicio, se fue al amparo y está en la espera de ganarlo. Es posible que, por parte del gobierno, se le asigne otra banda de frecuencia".

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Lo demás es silencio. En larga distancia internacional, la historia será distinta, y más difícil para Telmex. Según Pineda, "el negocio de los carriers de carriers (o trasatlánticos de la información) se decidirá fuera de México". La razón: los que marcan las pautas tecnológicas son unos cuantos: AT&T, MCI, Sprint, France Telecomm, Deutsche Bundespost, British Telecom y Nippon Telegraph & Telephone.

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Lo cierto, agrega, es que en este terreno “Iusacell está perdido”, luego de que Sprint, por su abrupta sociedad con France telecom –propietaria de acciones en Telmex-, le presentara el divorcio y se casara de inmediato con la firma de Slim. Sin embargo, todavía tiene opciones: Pineda habla de Willtel, la cuarta o quinta carrier de larga distancia en Estados Unidos, que incluso alguna vez intentó cortejar a Telmex. Consorcio Red Uno la hizo de celestina.

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La visión de competencia llega a tal grado, no sólo en Iusacell, que en las oficinas de la empresa de Banamex y MCI (Avantel), en un muro puede observarse un logotipo de Banamex escenificado una sierra que le corta la cabeza al logo de Telmex.

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El reto del todavía monopolio telefónico no es, pues, sencillo. Uno de los consultores entrevistados señala que muchos de los directivos de la empresa reconocen que no saben hacia dónde van. Aunque al seno de Telmex, la visión es distinta: los directivos hablan de un rumbo más comercial que técnico y, por ejemplo, hoy ya no existen los "abandonados", sino los "clientes".

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Por otro lado, los proveedores de equipo y tecnología serán parte esencial de la lucha. Ericsson y Alcatel, con todo y su derecho de piso por antigüedad, ya han debido ceder parte del mercado a Northern Telecom, Motorola y AT&T por la vía del Tratado del Libre Comercio.

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La contienda está por comenzar.

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