Termina la era del Concorde

El avión que cruzaba el Atlántico en menos de tres horas y media deja su lugar a naves más grande
Javier Peñalosa

Casi 28 años después de iniciar operaciones, el 24 de octubre de 2003 un Concorde propiedad de British Airways cubrió por última vez la ruta Nueva York-Londres. Unos días antes, dicha aerolínea nos invitó a realizar el recorrido en esta mítica aeronave.

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Desde las siete de la mañana, en la sala de espera especial para los pasajeros del Concorde en el aeropuerto JFK de la gran manzana, que mantiene el mismo aspecto que en la década de los 70, estaba listo el buffet del desayuno para los madrugadores (huevos revueltos, tocino, salchichas, salmón –por supuesto–, bollos, pan de dulce, café, jugo de naranja y champaña).

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En las últimas semanas, a los nombres de magnates como Rupert Murdoch y George Soros, y celebridades como Paul McCartney y Claudia Schiffer, se sumaron viajeros que querían vivir la experiencia del Concorde al menos una vez y adquirieron uno de los paquetes de la aerolínea que incluían un boleto sencillo con regreso en clase económica por $6,500 dólares (el viaje redondo costaba más de $12,000 dólares).

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Con un retraso de casi media hora, poco antes de las 9:30 de la mañana, despegó uno de los últimos vuelos del célebre avión con rumbo a la capital inglesa.

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A bordo, algunos detalles, como la falta de un sistema individual de sonido, teléfonos y monitores, delatan la edad de la aeronave. Sin embargo, sus asientos de piel son tan cómodos como los de la clase de negocios en cualquier aerolínea, y la atención de las azafatas –que no cesaron de consentir a los pasajeros y de servirles champaña, buenos vinos y platos de alta cocina– consiguió que el tiempo pasara aún más rápido.

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Al frente de cada una de las dos secciones en las que se divide la cabina, están desplegados paneles en los que se indica la velocidad (en este vuelo se llegó a 2,172 kilómetros por hora), la altitud (cercana a los 18,000 metros) y la temperatura exterior.

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A diferencia de lo que ocurre en otras aeronaves, en esta prácticamente no se siente el movimiento, aunque sí un fugaz dolor de oídos. Por sus diminutas ventanillas (de 25 por 25 centímetros) se veían las nubes muy abajo, tres tonalidades de azul en el cielo y una línea que anuncia el fin de la atmósfera.

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Tres horas y 16 minutos después –el récord para esta ruta es de dos horas con 52 minutos y 59 segundos–, este aparato, que ha sido la admiración del mundo durante poco menos de tres décadas, tocó tierra en el aeropuerto Heathrow, en Londres.

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Con el último vuelo del Concorde termina una era dentro de la aviación comercial, pues no existe ni se tiene previsto, al menos en el corto plazo, un sustituto capaz de viajar al doble de la velocidad del sonido.

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Y aunque ya no podrán viajar a semejante rapidez, las celebridades tienen la opción de utilizar el servicio First de British Airways –el cual se ofrece en el segundo piso de los modernos Airbus– en el que el pasajero tiene acceso a un asiento que se convierte en cama, pantalla de video personal y una excelente carta de vinos, licores y platos de alta cocina.

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