Ética... hoy, hoy, hoy

Un nutrido número de empresarios en este país viola la ley todos los días. El problema es que nad
Carlos Mota *

Ni hablar. Los mexicanos estamos exhibidos internacionalmente como corruptos y será difícil revertir la imagen creada en el exterior. Sin embargo, el vergonzoso incidente de corrupción del ex dirigente perredista René Bejarano, ventilado el 3 de marzo pasado en televisión nacional, ha tenido un limitado análisis, que se enfoca más a la falta de ética de los actores políticos.

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Es cierto que éstos se hallan en crisis, pero igual lo están los actores corporativos. El caso de Carlos Ahumada como empresario corrupto –beneficiado por contratos millonarios en obras públicas de la capital mexicana y hampón en su comportamiento de negocios–, no es el único, ni el primero. El argentino es acaso la punta del iceberg en materia de opacidad en el sector privado, tema pendiente en las discusiones cuando hablamos de un México que requiere cambiar.

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Un nutrido número de hombres de negocios en este país viola la ley todos los días. El problema es que nadie los graba ni hace públicas sus fechorías. Hay de todo: dobles o triples contabilidades, discriminación rampante, omisiones en el pago de impuestos, violación de los derechos de los accionistas minoritarios, triangulaciones comerciales, entre muchos otros actos ilícitos.

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Es cierto que hay muchos empresarios que se empeñan en sacar adelante sus firmas, pero también lo es que este país cuenta con una masa crítica de actores transparentes muy pequeñita. Hay cientos de compañías que, no siendo públicas, no tienen obligación de declarar de quién son, cuáles son sus ventas, qué esquema de responsabilidad social tienen o si sus empleados están compensados adecuadamente.

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No lo sabemos y quizás a las firmas no les interese comunicarlo. En cualquier caso, muchas son organizaciones por todos conocidas. ¿No sería momento de que supiéramos qué calificación obtendrían en una escala de transparencia y ética?

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Las corporaciones que cotizan en Bolsa tienen el deber de comunicar su estrategia y resultados financieros al público, y a veces lo hacen mal. En ese pretexto se escudan los dueños de empresas privadas, no obligados a ser transparentes. Pero el caso del señor Ahumada es precisamente ese: un hombre de negocios privado, impregnado hasta el tuétano de corruptela, arreglos oscuros, activismo político bajo y dinero sucio. ¿Cuántos más habrá como él?

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Este individuo desprestigió al sector corporativo, pero no lo hizo como resultado de la casualidad. Si el mundo de la política es corrupto, es gracias a que existen numerosos empresarios que pueden echar a andar brazos financieros poderosos que alimentan esa corrupción.

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No nos hagamos tontos. Hay tanta corrupción en el gobierno como en las compañías. Por eso la nube gris de la promesa supuestamente incumplida de Fox no se despeja. El famoso “hoy, hoy, hoy” no debería ser una exigencia para el Presidente, sino para nosotros mismos, para denunciar la falta de ética y la violación de la ley en las empresas. Las acciones más atroces probablemente están ocurriendo en la oficina de al lado.

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*El autor es columnista de Milenio Diario. Comentarios: motacarlos@aol.com.

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