Tlaquepaque

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Mitad trovador, mitad alfarero, Paco Padilla es uno de los personajes más representativos de este poblado. Nacido aquí hace casi 50 años, ha hecho de su lugar natal una fuente de inspiración para 30 canciones. Junto con sus hermanos, Rodo y Juan, continúa con la tradición ceramista de la familia.

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Francisco habita en una de las tantas viejas casonas de un pueblo que, en el siglo antepasado, sirvió como sitio de descanso para la aristocracia de Guadalajara. Desde ahí, montado en su inseparable bicicleta, nos lleva a descubrirlo.

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El paseo inicia en el mercado, para desayunar. Después sugiere un recorrido por los locales de artesanías. "Lo que caracteriza a Tlaquepaque son las figuras, realizadas por hábiles modelistas." En el barrio de Santa María se pueden visitar los talleres de Margarito Núñez y Honorato Panduro, ambos nietos de Pantaleón Panduro, "el alfarero más importante que ha dado la región". También convida a conocer el taller de su hermano Rodo (Progreso 290-A), famoso por sus simpáticos gordos. El propio Paco abre las puertas de su estudio (Prisciliano Sánchez 134), especializado en la elaboración de loza de alta temperatura.

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Más tarde, propone ir al Museo Regional de la Cerámica. "Vale la pena no sólo por la finca sino también por la exposición, sobre todo la sala de miniaturas." Tampoco puede faltar una visita al Museo del Premio Nacional de la Cerámica Pantaleón Panduro.

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Para admirar una muestra de la arquitectura colonial sugiere conocer el Santuario de la Soledad, de estilo ecléctico. Y tras saborear un refrescante raspado en el Jardín Hidalgo, invita a pasar por los comercios de la calle de Independencia, un verdadero muestrario de la producción artesanal del país. Sus preferidas son la Casa Canela y Antigua de México. "Son tiendas con muy buen gusto, y ahí encuentras cosas que no hay en ningún otro lado."

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