Toda la tierra es una mesa

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Los regiomontanos saben desde hace mucho que en su ciudad se puede comer bien sin tener que ir al cabrito. Un ejemplo del boom de buenos restaurantes internacionales es el Pangea. El bar a la entrada, con sillones bajos, paredes de madera y un rincón para fumar puro, lo confirma. Aunque el restaurante tiene algo de minimalista, el bar es de un colorido que sólo puede darse bajo el famoso sol de Monterrey. A las 14:00 horas el salón está lleno de gente de negocios. Ahí se encuentran muchos de los políticos y de los nombres relacionados con los grandes grupos industriales.

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No hay que perderse las creaciones del chef Guillermo González, como el filete de atún fresco al grill, sobre verduritas orgánicas y emulsión de vino tinto ($116 pesos). Tampoco se trata de olvidar que uno está en Monterrey, así que también se puede pedir una arrachera ($140). Para las 15:30 lo más decente es tomar un coñac o un pastelito de chocolate, de esos que cuando se parten se derraman las calorías. La conversación puede alargarse hasta el atardecer con toda naturalidad. Otro mito que se rompe: en esta ciudad no todo es trabajo.

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