Trabajo infantil, un fantasma al acecho

Inmersos en el mercado laboral a edad temprana, millones de niños en el mundo forman parte de una s
Eduardo Huerta

Miguel, un payaso de ocho años que labora en los cruceros de la ciudad de México, sabe mucho de economía de supervivencia. Si después de representar –trepado en los hombros de su hermano– el rol de un desgastado político mexicano del sexenio pasado no gana más de $20 pesos, ese día no come. Él es sólo uno de los miles de niños que en México buscan sobrevivir gracias a su propio esfuerzo.

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Nadie sabe exactamente cuántos niños trabajan. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), las estadísticas existentes son inadecuadas y poco confiables. Un informe del organismo calcula que 73 millones de niños son empleados en todo el mundo. El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) indica que –incluyendo a los niños menores de 14 años y los que realizan trabajos domésticos– la cifra podría elevarse a 400 millones en todo el orbe.

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"En México existen organizaciones no gubernamentales que exageran el número de niños trabajadores en la calle", dice José Carlos Cuentas-Zavala, representante de UNICEF en este país.

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La problemática de los menores trabajadores parece ser la misma aquí que a muchos kilómetros de distancia. Viven en situación económica difícil—generalmente en una familia numerosa y con un padre alcohólico—, padecen maltrato familiar, e incluso violencia sexual, y carecen de apoyo para continuar con los estudios. Estas son algunas de las razones por las que millones de niños se ven inmersos en el mercado laboral.

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Aunque son muchas las modalidades del trabajo infantil, éstas se pueden agrupar en siete tipos principalmente: industrial, callejero, agrícola, familiar, doméstico, servil o forzoso y prostitución de menores.

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CRECER DE GOLPE
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En México, la ley reconoce como menores trabajadores a los adolescentes mayores de 14 años y menores de 18 que prestan sus servicios a cambio de un salario. Acorde con la legislación mexicana, se prohibe la utilización de la fuerza de trabajo de los menores de 14 años.

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Para Walter Fuentes, director de Procesos Participativos, una organización no gubernamental que trabaja en el barrio de Tepito desde 1986, el problema es la falta de reconocimiento del trabajo de los niños que están por debajo de la edad promedio establecida. "El que la ley no contemple las labores de menores, no quiere decir que éstos no trabajen", agrega.

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De acuerdo con dicha organización, 80% de los niños comienza a trabajar entre los cinco y los 10 años de edad.

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María, una niña de 12 años, es un dramático ejemplo. Originaria de Oaxaca, llegó a la capital del país a la edad de 10 años impulsada por el maltrato y la violación de su padre. En la central camionera Tapo realizó diversos servicios de limpia y posteriormente consiguió trabajo en una lonchería donde le permitían dormir. En este lugar era asediada por los clientes, iniciándose así en la prostitución.

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Fuentes se pregunta qué pasaría si de pronto se acata la legislación mexicana y, por decreto, los miles de menores trabajadores agrícolas en Baja California no realizaran sus labores. "Por ley no se puede acabar con el problema, hay que reconocerlo y atacarlo", explica.

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Luis Rodríguez Garrabón, doctor en Psicología y estudioso del Instituto de Investigaciones Psicológicas de la Universidad de Veracruz, afirma que el problema no es precisamente que los niños trabajen, sino más bien las condiciones en que lo hacen.

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En su trabajo Infancia trabajadora y desarrollo humano: problemas y alternativas, el investigador explica: "Con su sola presencia los niños y niñas trabajadores exigen el reconocimiento como sujeto económico y laboral, con todos sus derechos y prestaciones socioeconómicas".

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Rodríguez asevera que estos derechos y prestaciones son los motivos esenciales por lo que no se les quiere reconocer como fuerza de trabajo, pues los pequeños representan mano de obra, más que barata, regalada. El estudioso propone replantear la mejora de las condiciones materiales y psicosociales a partir de la aceptación del trabajo infantil en las clases populares como algo plenamente existente.

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Sin embargo, también existen mitos como el de la pobreza arraigados al problema del trabajo infantil. Cuentas-Zavala comenta que aunque la mayoría de los niños trabajadores proviene de los sectores más pobres de la sociedad, esto no significa que no se pueda atacar el problema.

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Y no faltan pruebas para señalar que no siempre el trabajo de los niños está ligado a la falta de recursos. El director de Procesos Participativos asegura que 70% de los menores con los que trabaja su organización realizan sus labores en puestos ambulantes de sus padres. "Y muchos de los progenitores tienen más dinero del que pueden gastar", dice.

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Por su parte, el representante de UNICEF rechaza que el trabajo infantil sólo exista en los países pobres. En el Reino Unido los cálculos más fidedignos señalan que entre 15 y 26% de los niños de 11 años y entre 36% y 66% de los de 15 años realizan algún tipo de trabajo.

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En México, según datos del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), de los más de tres millones de trabajadores agrícolas registrados en el Censo de Población de 1990, aproximadamente un millón son menores de edad –entre siete y 14 años– y aportan 15% de los ingresos familiares.

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Sin la aportación del ingreso de los trabajadores de 13 a 17 años la incidencia de la pobreza en nueve países latinoamericanos aumentaría entre 10 y 20%, indica UNICEF.

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NO SÓLO POBREZA
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Para Carlos Welti Chanes, investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la existencia de niños trabajadores –especialmente en la calle– es un problema ligado de manera indisoluble no sólo a la pobreza, sino también a la marginación. "Prestar atención únicamente a la pobreza sin reconocer los procesos de exclusión limita las acciones que pretendan enfrentar problemas como el de los niños en la calle", agrega.

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La condición de marginalidad, dice Welti, que significa exclusión de los beneficios sociales para el individuo, se refleja en la imposibilidad de definir un proyecto de vida ya que éste no tiene cabida en la sociedad dada la estructura de oportunidades existente.

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La limitación de desarrollo de una persona con posibilidades de llegar a vivir 60 años define un escenario de carencias que inicia en la niñez.

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Así, en una sociedad en la que rigen las leyes del mercado y el Estado evade sus responsabilidades sociales para regular la actividad económica y reduce el gasto social, el único proyecto de vida viable para una proporción importante de la población es la supervivencia, comenta el especialista.

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Hay que reconocer que un hogar pobre, con padres pobres y con una educación limitada, le produce al individuo una serie de desventajas que se multiplican a través del tiempo, aunque sea en términos relativos.

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Entre los hogares en condiciones de pobreza extrema, además del trabajo del padre y la madre, la captación de recursos incluye a los hijos desde pequeños, explica Welti quien comenta que estas familias responden a las crisis económicas con una estrategia de sobrevivencia que minimiza el gasto a través de la eliminación de compras de bienes no indispensables, medicamentos, material escolar y, finalmente, alimentos.

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Este plan de emergencia afecta de forma inmediata a los niños que ven reducido su consumo apenas al mínimo indispensable. En consecuencia, la integración de la población infantil a cualquier actividad remunerada es una acción inmediata, explica el investigador universitario. "La dependencia en los hogares pobres del trabajo infantil hace imposible pensar que los niños tengan la posibilidad de estudiar", añade.

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Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), en México 20% de los niños en edad escolar trabajan, por lo que pierden generalmente de uno a dos años de estudio, lo que se traducirá en un deterioro de sus ingresos futuros.

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El organismo indica que las personas que tienen sólo seis años de estudios primarios reciben, en promedio, $24 dólares mensuales más que quienes cuentan solamente con tres años de escolaridad; mientras que las personas que cursaron ocho años perciben $72 dólares mensuales más que quienes cursaron cinco años.

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JUGAR, APRENDER, ESTUDIAR
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Ante la interrogante que plantea si los niños deben trabajar surgen opiniones en diversos sentidos.

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Para Leonie Mendoza, directora de Relaciones Públicas de Ministerios de Amor, una organización no gubernamental, los pequeños están para jugar, aprender y estudiar.

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Desde la óptica del director de Procesos Participativos, lo ideal sería que los niños realizaran trabajos de apoyo en el hogar; pero, ante la realidad, se debe buscar mejorar sus condiciones de trabajo.

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El representante de UNICEF es más tajante. Los niños no deben trabajar si les implica riesgo para su salud y les impide educarse, o es nocivo para su desarrollo físico, mental, espiritual, moral o social.

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En lo que los entrevistados coinciden es en que los niños tienen un empleo porque son más fáciles de explotar. "Si no hubiera un adulto dispuesto a aprovecharse de los menores no habría trabajo infantil", comenta Leonie Mendoza.

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El trabajo que realizan los menores en la calle, preferentemente en los cruceros viales de mayor circulación, es el que se manifiesta de forma más visible ante las autoridades y las ONGs; por lo tanto, es también el que ha sido objeto de mayor atención. Pero, menos visibles están los niños que prestan ayuda en supermercados y talleres, en la construcción, en el servicio doméstico y el sector agrícola.

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Según el estudio "Niños jornaleros en el Valle de San Quintín, en Baja California", realizado por la Universidad Autónoma de Baja California y UNICEF, de los 18,000 jornaleros del área 4,000 son niños de entre ocho y 14 años de edad, que perciben un salario de entre $20 y $25 pesos diarios, por jornadas de hasta 12 horas de trabajo.

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En un trabajo titulado "Al otro lado de la calle", la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal indica que de 379 prostitutas que laboran en la zona de La Merced 58 son menores de entre 12 y 17 años que perciben un salario de $100 pesos diarios.

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Sin embargo, aunque el trabajo infantil en la calle, en el campo y la prostitución son los más reconocidos, existen otros tipos de explotación más subliminales como el trabajo de menores en centros comerciales y en el servicio doméstico.

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Juan Carlos, un adolescente de 15 años que trabaja como "cerillo" en una tienda de autoservicio, explica: "Aquí no te pagan, tu sueldo son las propinas, pero sí tienes que llevar uniforme, que no te proporcionan, y realizar mandados que te ordena el jefe de cajeras; si no, te mandan a descansar a tu casa unos días."

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El Chepo, el Perro, el Garapiñado, el Muecas y el Chorrito pertenecen a la banda de Gari, un grupo de niños de entre nueve y 15 años que laboran en la plaza Garibaldi. En la anarquía que viven, estos pequeños han encontrado su identidad y son capaces de matar por defender a otro integrante del grupo. Trabajan en lo que sea, limpian parabrisas, cargan bolsas, lavan carros, roban, piden limosna y todo para conseguir dinero para los videojuegos… o para comprar solvente.

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