Tradición de un año

Después de huelgas y crisis, el Prendes atiende otra vez a políticos y artistas.
Silvia Ansorena Coyne

La familia Álvarez vuelve a regentar desde el año pasado el restaurante Prendes. Enrique Álvarez padre, dueño del negocio familiar, cuenta con cinco hijos que son socios, que a su vez tienen hijos que se preparan para continuar la vena restaurantera de la familia. Y es que la reapertura del restaurante no ha hecho más que devolver a la familia un negocio que comenzó a fines del siglo pasado Lázaro Álvarez cuando se hizo dueño de la casa fundada por Manuel Prendes.

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A lo largo de su historia, este restaurante, que es considerado patrimonio de México, ha sufrido dos huelgas fruto de malas gestiones administrativas. La primera fue en los años 70 y retiró a la familia de las riendas del negocio. Pepito Prendes, sobrino de Lázaro Álvarez, llevó a cabo una administración nefasta del local, lo que conllevó una huelga y la posterior compra del restaurante por parte de un prestanombres del gobierno. En 1994, el Prendes no puede sostenerse y una nueva huelga cierra sus puertas al público. Cuatro años después, Enrique Álvarez compra el negocio que iniciara su padre y se pone al frente junto a sus cinco hijos.

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Todo ha tenido que ser renovado para dar al Prendes el brillo de antaño.

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Francisco Álvarez, uno de los hijos de Enrique, habla con reserva de una inversión “muy grande” y del esfuerzo por conseguir que toda la decoración mantenga intacto el aspecto del local tal como lucía hace unos lustros. Como los Álvarez son dueños del grupo restaurantero Bellinhaussen, el personal ha salido de esta escuela. Deleitar la vista y el paladar y hacer hincapié en un servicio impecable son los objetivos que persigue Prendes. “Por algo tenemos la clientela que tenemos –comenta Florinda Lozano, la contadora– porque actores, toreros, políticos, banqueros o intelectuales nos han buscado desde siempre”.

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Francisco Álvarez se muestra satisfecho del funcionamiento del Prendes en su primer año de reandadura. No en vano fue el gobierno el que pidió a los Álvarez que volvieran a dar vida al restaurante. De todas formas, completa Francisco Álvarez, el negocio del restaurante “es lo único que sabemos”.

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