Tras una política industrial

El mañana se decide hoy. Con su mención en el Plan Nacional de Desarrollo se empuja aún más la d

Anatemizada, puesta en estricta "cuarentena" por espacio de años, y así excluida del diálogo entre gobierno y empresarios durante la mayor parte del sexenio de Carlos Salinas de Gortari, la política industrial es una idea cuyo tiempo ha llegado.

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Apenas y se recuerdan dos palabras que, juntas, hubiesen generado tanta alergia entre los hombres que diseñaron y encabezaron los esfuerzos económicos de la nación en los años recientes.

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Ciertamente, hubo motivos para introducir el término en el congelador. No pocos lo relacionaban con dirigismo, promocionismo, intervencionismo y otros ismos de cuño estatal. Pensar en una política industrial suponía, desde esta perspectiva, dejar traslucir una premoderna añoranza por los viejos tiempos de proteccionismo apapachador.

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En el ámbito gubernamental también existieron otros motivos pragmáticos para soslayar el asunto Fernando Clavijo, compilador  -junto con José I. Casar- de La industria mexicana en el mercado mundial. Elementos para una política industrial, y coordinador de asesores económicos de la Presidencia de la República en tiempos de Salinas, revela a EXPANSIÓN: "Al principio, en la etapa más difícil de la estabilización, entre 1989 y 1991, no había espacio para pensar en una política industrial. La preocupación central era estabilizar la economía desde un punto de vista macroeconómico, reducir los desbalances más agudos y bajar la inflación".

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Sin embargo, no deja de reconocer que a partir de 1991, "una vez que se diluyeron las expectativas más negativas sobre la actividad económica y se logró entrar en un círculo virtuoso -bajaban las tasas de interés, al bajar éstas se corregía el desequilibrio fiscal, mejoraban las expectativas, bajaban más las tasas, etcétera -, a partir de ese momento sí debieron haberse planteado de manera sistemática los, instrumentos de política industrial, consistentes Con el nuevo modelo económico que se había adoptado".

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"No se puede decir que tener la macroeconomía en orden es el ingrediente importante de una política industrial -apunta Clavijo-. Eso puede haber sido un activo comparado con el México de hace 20 años, pero ya no lo es ahora, cuando todo el mundo o casi todo la tiene en orden. Es una condición necesaria, mas no suficiente."

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El hoy director de Analítica Económica, firma de consultoría, reconoce que quizá se distrajo demasiado la atención "por la necesidad o urgencia" de negociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC), tomando en cuenta que "en el espíritu de su negociación no cabían demasiados instrumentos de política Industrial, pues ese era el discurso del momento" (un discurso que, por lo demás, cambió con la mudanza de William Clinton a la Casa Blanca).

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Pero hoy, el mismo marco del acuerdo trilateral pareciera estimular la discusión en torno al tema. "Yo no estoy de acuerdo y nunca lo estaré con los que dicen que ‘la mejor política industrial es no tenerla’ -dice el consultor-, pues así entraríamos al peor de los mundos, en donde nuestra política industrial la definiría el vecino, pues hay que reconocer con modestia que somos el más chiquito de los tres países."

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El momento de estar cerca. Es en 1994 cuando el tema comienza a discutirse abiertamente, Fernando Cortina Legarreta, entonces, presidente de la Confederación de Cámaras Industriales (Concamin), señalaba un mes y medio antes de que finalizara el año: "Este creciente interés por la política industrial también se finca en un cambio radical de presupuestos y orientaciones básicas. Si bien es cierto que la política industrial, como instrumento de política económica, estuvo fuertemente vinculada al proteccionismo, a la intervención del Estado en la economía y a los enfoques de economía mixta, también lo es que la política de hoy no intenta volver al pasado; al contrario, el enfoque está en el desarrollo regional, en el cuidado ambiental y en la innovación tecnológica".

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Las intenciones y buenos deseos estaban ahí, aún calientes, cuando sobrevinieron los errores de diciembre, y con ellos se desató una nueva edición de la crisis mexicana.

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Este escenario, sin embargo, se ha convertido en el gran acicate para diseñar una política industrial. "Hoy la devaluación y la situación a la que dio lugar crean un nuevo espacio, un respiro para hacer e implantar la política industrial que tanta falta nos hizo, para asegurar que nuestra planta industrial sobreviviente de veras pueda reconquistar y retener el mercado interior. Pero ésta es, en verdad, la tercera y última llamada". Así se expresa Benito Bucay, presidente de la Fundación Mexicana para la Calidad Total (FMCT), haciendo eco de un artículo que publicó en el mensuario Nexos el pasado mes de marzo.

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En efecto, ésta puede ser la última llamada. Y, al menos hasta ahora, se está atendiendo. Para Víctor Manuel Terrones López, presidente de la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación (Canacintra), ya se ganó el primer round: "Que existiera el pleno convencimiento de su necesidad".

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Y esto, en un país como México, significa que el señor presidente se refiera al tema. Esto lo hizo en su discurso de presentación del Plan Nacional de Desarrollo (PND), cuando dijo que "a través de una política industrial clara, aseguraremos que un número creciente de regiones, sectores, cadenas productivas y empresas impulsen y se beneficien del crecimiento de su economía".

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Para Clavijo esto tiene mucho sentido. "El pivote central del PND -recuerda- es el énfasis que se hace en la necesidad de mayor ahorro interno, y en que la inversión debe financiarse en mayor proporción con él, y no tanto con el ahorro externo". Estimular el ahorro para que se convierta en inversión, explica, quiere decir que debe garantizarse una rentabilidad elevada y segura, darle perspectiva de largo plazo a la inversión, y para ello uno de los instrumentos importantes es la política industrial-, ésta define las reglas del juego bajo las cuales los sectores van a operar, las expectativas de crecimiento y los conglomerados que tendrán mayor relevancia en ella.

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"Sin duda -considera-, es un instrumento que ayudaría a que ese ahorro se canalice efectivamente a la inversión productiva. No se trata de generar ahorro para que algunos mexicanos vuelvan a comprar bienes raíces en Boulder, Colorado, o en San Diego, California."

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Víctor Manuel Díaz Romero, actual presidente de Concamín, asegura que la paternidad de la propuesta de atender el ahorro nacional corresponde al organismo que encabeza. Y abunda: "Hoy requerimos una política industrial que reconozca la reinversión de la utilidades como un ahorro en las empresas, y, ofreciendo incentivos, una política fiscal que promueva estas reínversiones. Algo de esto ya lo vemos en el PND; se está respondiendo a planteamientos que hicimos el año pasado en nuestro X Congreso Nacional de Industriales".

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¿Por dónde empezar? "Si ya ganamos el primer round -reitera Terrones-, ahora necesitamos ganar el segundo: instrumentar el modelo al que queremos llegar. El tercero será implementar el mecanismo."

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Bucay, dueño de una destacada trayectoria como ejecutivo de empresas industriales, tampoco reprime la metáfora deportiva: "Tenemos que irnos hasta el fondo de la instrumentación, pues muchas veces todo se nos queda en buenas intenciones y nos pasa como en el fútbol: armamos las jugadas muy bien, llegamos frente a gol y chutamos a las manos del portero."

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Ingeniero químico de perfil humanista, Bucay piensa que el primer escalón con miras a una política industrial moderna es la capacitación y el desarrollo empresarial. "Mucho de mal tenemos por ineficiencia -dice- Por eso creo que las herramientas mínimas de una buena gestión serán el motor para que el propio empresario determine que aspectos debe atender y en qué orden."

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En Concamin, externa Díaz Romero, se piensa en una política industrial que contemple mayor agilidad y simplificación, que no desregulación, "porque desregular no necesariamente es bueno". También se ve la utilidad de un esquema que aliente el desarrollo de claustros ("por ejemplo, en Guadalajara y León, ciudades con gran tradición en la piel y el calzado, deberían existir institutos de investigación para la gente que se dedica al abasto, incentivos a la industria y objetivos claros sobre lo que se quiere llegar a ser").

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El representante industrial también considera necesarios ciertos apoyos ("temporales, no permanentes") para sacar a algunos sectores de su falta de competitividad y darles facilidades para la instalación de plantas, la adquisición de maquinaria y equipo para el desarrollo tecnológico, y la incursión en los mercados de exportación.

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Un aspecto que el presidente de Concamin subraya particularmente es la necesidad de establecer una política para que las grandes empresas desarrollen proveedores entre los pequeños y medianos industriales. "Con los incentivos al exportador indirecto anunciados recientemente, ellos pueden convertirse prácticamente en exportadores directos al montarse en un gran exportador. Es lo que yo llamo una red de poder: el vínculo entre proveedores y el exportador, o entre los mismos chiquitos para formar alianzas nacionales."

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Por su parte, aunque la Canacintra aplaude en voz de su presidente la creación del Consejo Nacional de la Pequeña y Mediana Industria y del Consejo Asesor Fiscal, y los considera pasos apreciables rumbo a una política industrial, el Centro de Estudios Económicos de la misma cámara ha preparado una larga lista de instrumentos específicos que aún brillan por su ausencia.

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Esos instrumentos se refieren a un amplio abanico de aspectos: comercio exterior, compras gubernamentales, desregulación, empresas integradoras, financiamiento, fiscal, formación empresarial, industria y ecología, infraestructura, Ley de Competencia Económica, precios clave, programas sectoriales de productividad, subcontratación, recomendaciones con impacto regional, recursos humanos y tecnología. Aquí se incluyen los instrumentos a mediano plazo en dos terrenos que requieren una atención urgente, el fiscal y el de financiamiento.

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Una cosa es cierta, los puntos a discutir no escasean.

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Ganadores o perdedores, ese es el dilema. En el análisis por sectores -agroindustria, automotriz, electrónica, química y textil- que Clavijo y Casar compilan en su obra se confirma su heterogénea situación.

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"Los resultados en la agroindustria son mixtos -compendia Clavijo- Hay cierta modernización en algunos aspectos y en otros no. El rezago todavía es grande y, en consecuencia, falta mucho por hacer.

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"El comportamiento del sector automotriz y de autopartes es muy favorable. Va en buen sentido. En electrónica, debido a sus condiciones tecnológicas y a ciertos contratos establecidos que tuvieron que respetarse, se han presentado problemas.

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"En química y petroquímica el resultado es mixto, aunque no muy favorable; en particular, debido a la ausencia de una política más clara y definida al nivel de la petroquímica primaria. En cuanto al sector textil, que es el que más sufre en el periodo de ajuste -tal como sucede en todos los países que entran a una apertura muy rápida-, la situación es menos favorable. Además, había particularidades en el sector -su obsolescencia tecnológica- que permitían prever que el ajuste sería doloroso. Pero esto no quiere decir que sea un sector perdido, porque justamente es donde tenemos ventajas comparativas en el contexto regional del TLC (abundancia de materia prima y mano de obra relativamente bien calificada y barata, por ejemplo)."

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Ahora bien, el dilema -así como la gran preocupación de los críticos de la política industrial- se da a la hora de seleccionar sectores ganadores y perdedores. Es decir, ¿a qué sectores se apoyará decidida y abiertamente y a cuáles se dejará en segundo plano?

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"Lo que debemos hacer -sugiere Díaz Romero es tomar un sector y ver qué posibilidades tenemos de ser altamente competitivos a nivel mundial, y qué estrategias debemos seguir para conquistar su mercado. Así creció Italia en calzado e industria farmacéutica y Japón en la automotriz y en la electrónica."

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Bucay, en cambio, se inclina "por alcanzar un punto de desarrollo más o menos parejo". Y argumenta: "No creo que en este momento tengamos el nivel de madurez industrial para decidir esto".

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Clavijo no descarta el complemento entre políticas verticales y horizontales; es decir, la combinación de aquellas que se dirigen a un solo sector con las que benefician por igual a todos. Es más, en el último capítulo de la obra que compiló menciona la concepción asiática de seleccionar ganadores, que consiste en identificar industrias clave en el sentido de su interrelación con otras industrias, esto es, aquellas que aumentan la densidad de las relaciones entre insumo y producto y cuyas externalidades positivas con otros sectores son mayores.

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Abundan los elementos por definir. Las manecillas del reloj siguen girando y el mañana está a la vuelta de la esquina.

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