Trevira <br>La nueva apuesta de Isaac Sa

Isaac Saba Raffoul sabe cómo hacer dinero en México: ha amasado una inmensa fortuna gracias a sus

Si algo explica el éxito de Isaac Saba en los negocios son sus agallas. Este self-made empresario mexicano, de origen sirio, que comenzó vendiendo carretillas de tela en la Merced, ahora quiere coronar su carrera, a los 75 años, convirtiéndose en el zar mundial del poliéster.

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Se trata de una apuesta fuerte en la que Saba invertirá cerca de $1,000 millones de dólares. Su socio en esta aventura, Charles Koch, un magnate de Estados Unidos, le entrará con la otra mitad para adquirir Trevira, la tercera empresa mundial del poliéster.

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Saba no es ningún improvisado en el mercado de las fibras sintéticas. Comenzó produciendo textiles en los años 40 y fue uno de los primeros en introducir a México el proceso de fabricación del filamento de poliéster, mismo que utiliza en sus compañías.

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Entre sus múltiples negocios, cuenta con 14 empresas de textiles (ubicadas en Jalisco, Nuevo León, Estado de México y Distrito Federal), integradas desde la materia prima. Es el principal socio mexicano de Grupo Celanese y presidente del consejo de administración (con 32% de las acciones) de esta empresa que forma parte de las operaciones de Trevira, además de ser el líder productor nacional de fibras artificiales y sintéticas. Celanese factura anualmente cerca de $1,200 millones de dólares.

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Por todo esto, no es casualidad que los propios ejecutivos de Hoescht se acercaran a Saba para ofrecerle la compra de casi la totalidad de su división mundial de poliéster. Pero, como este empresario ha centrado sus negocios en operaciones regionales, comenzó a buscar un socio fuerte que lo apoyara no sólo con capital sino con el conocimiento necesario de los mercados de commodities.

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Manuel Saba, uno de los hijos de don Isaac, dice que la familia sostuvo pláticas con ejecutivos de varias multinacionales, entre los cuales cita gente de las petroleras Shell y de Chevron. Finalmente los Saba decidieron formar una alianza estratégica con la empresa diversificada Koch Industries, debido a que ésta tiene una estructura operativa muy similar a la del Grupo Xtra, nombre del holding propiedad de la familia Saba. “Decidimos que era importante tener un socio de primer mundo que operara al estilo de la familia Saba”, ratifica Manuel Saba.

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Las partes han estado en pleno cortejo desde hace unos meses. Ambas aseguran que la sinergia del nuevo consorcio aportará una considerable fortaleza y experiencia a Trevira. Isaac Saba está convencido de que su experiencia en el negocio del poliéster, combinada con el conocimiento operativo de Koch permitirá formar “una sociedad realmente global”.

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Pedro Haas, director ejecutivo de Koch Industries para América Latina, coincide con la declaración de Saba, a quien califica como un hombre muy inquieto para los negocios. “Ya presentó unas 400 ideas para mejorar Trevira”, dice. Haas asegura que las empresas de los Saba son “limpias y competitivas”, lo que va de acuerdo con la filosofía de la familia Koch.

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Lo cierto es que grupo Xtra y Koch tienen muchas similitudes. Ninguna de las dos empresas cotiza en bolsa, ambas son operadas por la familia y crecieron en forma exponencial en los últimos años.

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FUTURO SINTÉTICO E INCIERTO
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Pero ni los Saba ni los Koch pueden dar por hecho que el matrimonio funcionará bien. Las perspectivas del mercado del poliéster son sombrías y la caída de la demanda asiática ha exacerbado este panorama. Manuel Saba reconoce que el mercado del poliéster es incierto. “La coyuntura del mercado no es buena y existe una sobrecapacidad mundial”, dice.

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Según varios analistas, los precios del poliéster bajaron en los últimos tres años en casi 35%. Además, al tratarse de un negocio en el que hay que invertir constantemente en tecnología y en medidas ambientales, la apuesta parece aún más riesgosa.

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Para dar una idea de lo mal que está este negocio, se puede decir que Celanese redujo el año pasado sus ventas en casi 13% y para este año los analistas prevén otra contracción de 6%. “Por el momento no existe potencial de crecimiento de Celanese”, dice un informe de Banco Bital. Si bien sus productos se venden en mas de 48 países a mas de 300 clientes, Celanese registró el año pasado una caída de utilidades de 28%.

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Pero la creación del consorcio Saba-Koch tiene su lógica, a pesar de la incertidumbre que existe en torno al mercado del poliéster. Mientras que la mayor parte de los negocios de Saba se encuentran en México –salvo algunos terrenos que tiene en Texas–, los de Koch se ubican en Estados Unidos. Sin embargo, ambas familias buscan formar parte del mercado global y Trevira representa, en este sentido, una buena puerta de acceso.

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Hoy por hoy, esta compañía está entre las tres más grandes productoras de poliéster en el mundo, con cerca de 10,000 clientes. Con sede en Estados Unidos, Trevira tiene operaciones en todo el mundo. Emplea a 12,000 personas, de las cuales 3,400 están en México (como parte de Celanese), 4,300 en Estados Unidos y el resto en otros países. Sus ventas sumaron $3,500 millones de dólares en 1997 y su utilidad operativa fue de $180 millones de dólares.

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Uno de los problemas que deberán resolver los nuevos socios es cómo van a dividir las operaciones de Celanese. Por ahora la compañía está controlada en 51% por Hoescht, 32% por la familia Saba y el resto está atomizado en accionistas de la bolsa. De acuerdo con Manuel Saba, la idea es dividir aquella parte de Celanese que se dedica a la producción de poliéster a fin de que el nuevo consorcio sea dueño total de estas operaciones.

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Este proceso se llevará a cabo paralelamente con la compra del resto de las operaciones de Trevira que tendrá lugar a más tardar en seis meses. El consorcio Saba-Koch piensa adquirir las fábricas de Trevira en Estados Unidos, México, Alemania, Irlanda del Norte, Holanda, China y Turquía. También negocian la compra de las plantas en Canadá, pero las plantas de Brasil y Sudáfrica no están incluidas en el paquete.

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El acuerdo al que llegaron Koch y Saba es muy claro: ambos grupos manejarán la empresa en todo el mundo.

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DE LO TEXTIL A LO DEMÁS...
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Los primeros negocios de don Isaac fueron en alianza con sus tres hermanos: Salomón, Eduardo y Alberto, con los que abrió varias tiendas y fábricas de textiles. Años después, durante los 80, los cuatro hermanos se dividieron los negocios para andar por caminos separados. La razón de esta ruptura ha sido guardada con discreción.

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Salomón y Eduardo continúan en el ramo textilero, mientras que Alberto se asoció en 1993 con la familia Salinas Pliego para la compra de -TV Azteca, a la que apenas el año pasado le vendió sus acciones por el triple de lo que le costaron. Y, al igual que sus demás hermanos, regresó al ramo textilero.

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El único que decidió diversificarse fue Isaac, el primogénito. Además de ser el mayor productor de textiles en México –entre sus posesiones son citadas las fábricas Rovitex y Nueva Leona–, Saba incursionó con éxito en los alimentos, bienes raíces, agricultura, turismo y servicios bancarios.

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Manuel Saba asegura que su padre ha trabajado intensamente a lo largo de su vida. “No es una fortuna instantánea, como muchas que suelen verse en México. Cada peso ha costado sangre.” Agrega que en los primeros años de su vida como empresario, Isaac trabajaba 365 días al año, a veces al pie de sus máquinas textileras para supervisar su operación.

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En los 80, ya con una gran fortuna en el bolsillo, el empresario se interesó por el sector de alimentos y adquirió varios molinos y fábricas en el norte del país. De hecho, es la división de alimentos –totalmente integrada– la que más pesa en las facturas de Grupo Xtra, revela Manuel Saba.

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A través de acuerdos con cooperativas, Grupo Xtra tiene sembradíos de trigo duro y blando y cuenta con ocho molinos de harina para procesar sus propios granos. Esta producción se destina a la fabricación de pastas. Recientemente, abrió la planta de pastas Molisaba, en Monterrey, cuya producción diaria es de 400 toneladas y es considerada la más moderna en tecnología de América Latina.

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Por otro lado, en su división de bienes raíces, la familia Saba cuenta con vastas extensiones territoriales tanto en el Distrito Federal como en zonas turísticas. Este negocio, que empezó a la par con los textiles, se inició con la compra de edificios de oficinas y se fue extendiendo a los centros comerciales, parques industriales, viviendas, bodegas y hoteles.

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De acuerdo con la familia, ellos son líderes en hoteles en la Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara, que en general arriendan a grandes cadenas (aunque algunos los operan directamente a través de Xtra). Además, desde hace algunos años la familia decidió invertir en los polos turísticos de Cancún y Los Cabos, así como en el desarrollo de zonas residenciales en Texas.

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De acuerdo con Manuel Saba, la estrategia de Xtra es ampliar sus cuatro divisiones: textiles, bienes raíces, alimentos y hotelería y turismo. En el corto plazo, además de la compra de Trevira, los Saba tienen pensado aprovechar las nuevas ofertas en el ramo hotelero que saldrán a remate dentro de poco por parte del Fondo Bancario de Protección al Ahorro (Fobaproa). De acuerdo con Manuel Saba, tienen planeado pujar por Hoteles Camino Real. “Estamos en espera de ver las reglas”, dice. Esta cadena de hoteles será una de las joyas más peleadas dentro del paquete que Fobaproa pondrá a la venta.

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Saba y sus hijos tienen también acciones en tres importantes bancos del país. Durante la privatización bancaria, a principios de la presente década, adquirieron acciones en Banco Serfin (el tercero nacional), Banco Inbursa (uno de los de mayor crecimiento en el país) y Promex (en proceso de adquisición por parte de Bancomer).

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El hecho de que su holding Xtra no haya entrado a cotizar sus títulos a la bolsa se debe –según la familia– a que “siempre ha contado con liquidez”. De acuerdo con Manuel Saba, aún en 1995 Grupo Xtra logró pagar sus deudas sin problemas. En la actualidad, los Saba planean financiar la compra de Trevira con el flujo de caja de Xtra.

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A pesar de su inmenso éxito y de su gran fortuna, don Isaac sigue manejando sus negocios como hace 50 años. Según Manuel Saba, su padre continúa supervisando personalmente todos sus negocios; aunque claro, con una ayudadita de sus hijos.

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Entre éstos no existe una división real del trabajo, pero el papá siempre tiene la última palabra. Manuel Saba, lacónico, resume: “Todos estamos en todo”.

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Pero detrás de esta empresa, operada en forma tan tradicional, se levanta un imperio que no deja de crecer. Saba es un empresario acostumbrado a convertir en oro todo lo que toca y esto mismo espera hacer con Trevira. De ser buena su apuesta con Trevira, Saba y sus hijos podrían llegar a duplicar su fortuna en muy pocos años, colocándose entre los hombres mas ricos de México y, quizá, del mundo.

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