Un año para recordar

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Alejandro Castillo

Haciendo valer su posición monopólica en la explotación de un recurso estratégico como es el petróleo, año con año Pemex ocupa el primer lugar en la lista de las 500 empresas de Expansión. En 1999, sus ventas fueron más de tres veces las de Telmex, que ocupa el segundo lugar en ese listado.

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Sin embargo, no todo es alegría para la paraestatal. Debe soportar una pesada carga fiscal, además de contribuir a garantizar  el suministro de energéticos y materias primas en el país, en momentos en los que difícilmente puede invertir para operar con eficiencia. Más aún, en 1999 debió superar el cambio de su director general. En lugar de Adrián Lajous, que en reiteradas ocasiones demandó un cambio en el trato fiscal que se da a Pemex, entró Rogelio Montemayor, ex gobernador de Coahuila.

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Más ingresos, menos recursos
Gracias a que mejoró sustancialmente la cotización del petróleo en el mercado internacional, los ingresos por ventas de Pemex tuvieron un crecimiento real de 10%. Las ventas de exportación, que le aportan cerca de 30% de sus ingresos, aumentaron casi 25%, en tanto que los ingresos obtenidos en el mercado interno sólo crecieron 5%.

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Como ha hecho en los últimos años, en 1999 la compañía adoptó diversas medidas para reducir sus costos. Entre 1989 y 1998 redujo su personal de 164,744 a 131,433 empleados –en 1999 su plantilla bajó todavía más, a 129,159 personas–. Como resultado de esas medidas, disminuyeron sus renglones de costos de ventas (4.2%), de distribución (7.7%), de administración (16.5%) e, incluso, sus gastos corporativos (10.6%).

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Lo que aumentó fueron su costo financiero (35%) y sus pérdidas cambiarias (249%), como sucedió con muchas empresas privadas exportadoras en México, debido al incremento de las tasas internacionales. Como saldo de esos ahorros y gastos, la utilidad antes de impuestos mejoró 15%, hasta sumar $206,665 millones de pesos. Sin embargo, con el pago de impuestos la situación se modificó sustancialmente; éstos sumaron $208,102 pesos, por lo que el resultado neto de la empresa terminó en $1,437 millones en pérdidas.

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Más petróleo, menos derivados
Lo anterior evidencia las restricciones que enfrenta Pemex para ampliar su capacidad instalada de transformación, lo que se agrava con su interés de aumentar o mantener su capacidad de extracción.

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En los últimos años se ha observado un importante crecimiento en el número de pozos en actividad, tanto los que continúan con sus labores de exploración como los de extracción. Entre 1994 y 1999 el número de pozos en los que se concluyó la etapa de perforación pasó de 47 a 212 –de éstos, sólo 193 resultaron productivos–.

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El comportamiento de la producción reflejó este esfuerzo. De acuerdo con cifras oficiales, después de crecer a una tasa de apenas 1.3% entre 1989 y 1994, los cinco años siguientes la producción pasó de 2,685 millones a 2,906 de barriles diarios (MBD), un crecimiento promedio anual de 3.4%. Esa evolución muestra cuál es el verdadero interés de la actual política petrolera. (En 1999 la producción disminuyó un poco por acuerdo de los países productores.)

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El esfuerzo por aumentar la extracción condujo a una modificación en la composición de la mezcla producida. En el periodo 1989-1994 se pretendió compensar el bajo crecimiento de la extracción  con una mejor calidad de la mezcla. Como consecuencia, en esos años, el promedio anual de producción de crudo ligero creció a una tasa de 5.6%, la de crudo pesado aumentó apenas 0.48% y la de crudo extraligero bajó 2.47%.

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En el sexenio que está por terminar el incremento en el volumen de producción se ha logrado básicamente por una mayor participación de petróleo pesado, cuya extracción creció a una tasa promedio anual de 7%, y su porcentaje en la mezcla pasó de 41 en 1994, a 52% en 1999.

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La estrategia también implicó un cambio en el papel asignado al gas natural. Mientras que la extracción de este energético avanzó a una tasa promedio anual de sólo 0.3% entre 1989 y 1994, en los cuatro años siguientes se aceleró su explotación a una tasa promedio anual de 7%, con un crecimiento espectacular en la extracción de gas no asociado, cuyo promedio anual se disparó a 20%.

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En cuanto a la transformación, considerando los datos tal como fueron presentados el año pasado en el v Informe de Gobierno, queda claro que esa actividad francamente fue dejada de lado por la actual administración. Mientras que de 1989 a 1994 la fabricación de petrolíferos creció a una tasa promedio de 1.8% y la de petroquímicos a una de 8.5%, en los cuatro años siguientes ambas actividades descendieron con fuerza, a tasas promedio anual de 1.1% y 7.2%, respectivamente.

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El comportamiento a la baja en materia petroquímica se confirma en el informe de Pemex. Según la división Pemex-Petroquímica, el volumen total de productos elaborados cayó de 11.5 millones de toneladas en 1997, a 9.9 millones en 1998, y luego a 7.9 millones en 1999.

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Las consecuencias de ese rezago en la ampliación de la capacidad instalada son costosas para el país. De acuerdo con la balanza comercial del primer trimestre de este año, las importaciones de gasolina crecieron 89% y las de petroquímicos 71%; la suma de ambas representa un gasto de $761 millones de dólares en sólo tres meses.

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Temas de debate
1999 también será recordado en la historia de Pemex como el año en que se suspendió el primer proceso de licitación para la venta de un complejo petroquímico importante, como es Morelos. Casi al terminar el proceso, los postores se retiraron, dejando entrever que, aunque la convocatoria decía lo contrario, 49% de participación ofrecida por la paraestatal no garantizaba, desde su punto de vista, la conducción del negocio.

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También lo caracterizará el proceso para aumentar la extracción de petróleo en la región de Cantarell, proyecto de grandes expectativas en el que se aplicará el método de inyección de nitrógeno y que debió empezar a operar en abril de este año. Se trata de una de las inversiones más fuertes del sexenio. Es demasiado pronto para saber si el yacimiento cumplirá con las expectativas.

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Algo similar ocurre con el plan gubernamental para impulsar el consumo industrial y doméstico del gas natural, y el cual se apoya en la existencia de yacimientos de gas seco en el norte del país –cuyas reservas fueron revisadas a la baja en casi 10% en 1999–. Como sucede con los otros segmentos en los que se aplican nuevas estrategias sin la planeación y la responsabilidad adecuadas, en éste se observa un disparo de 89% en las importaciones. Lo que no ha explicado la Secretaría de Energía es qué pasará si, como ahora, el precio de este energético muestra grandes altibajos –en este momento está a la alza–.

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México en el mercado
A partir de 1996, el precio del petróleo en el mercado internacional inició un fuerte descenso, que alcanzó sus niveles mínimos a finales de 1998. En esas circunstancias, México –con Arabia Saudita y Venezuela– propició un acuerdo entre países productores para recortar la producción y promover una recuperación de las cotizaciones.

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El resultado fue un repunte sostenido de los precios durante casi todo 1999 y lo que va de este año, a tal grado que en marzo se acordó incrementar la producción global a 1.6 millón de barriles diarios para contener el alza. En la reunión de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), celebrada el pasado 21 de junio, este club decidió un nuevo aumento en la cuota de exportación de 708,000 barriles diarios –monto que supera lo recomendado por los analistas– con el propósito de propiciar una baja de precios. Esto abre la posibilidad de que los países productores que no son parte de la OPEP también aumenten su producción.

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La mayor parte de este año los precios de los crudos marcadores –West Texas y Brent– han estado muy cerca de los $30 dólares el barril. Aunque México, Venezuela, Arabia y Noruega han manifestado su interés en que se aumente la oferta para no afectar al mercado, el resto de los productores muestran una gran cautela ante la sospecha de que parte de la fortaleza en el precio del crudo se deba a operaciones especulativas de los refinadores. Si así fuera, en cuanto se renueven los inventarios se observará una fuerte caída de la demanda y los precios.

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En ese contexto, cabe decir que en 1998 culminaron los estudios de valoración de las reservas mexicanas. En ellos se confirma la tendencia descendente. También se establece que, aun cuando al inicio de 1997 las reservas probadas sumaban 36,639 millones de barriles, al cierre de 1999 alcanzaron sólo 34,103 millones de barriles de petróleo crudo equivalente (que suma las de petróleo y las de gas).

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No obstante, al ritmo actual estas reservas soportan la extracción de petróleo durante 24 años. 

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