Un catalán universal

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En 1962, tras terminar sus estudios en Dijon, Miguel Agustín Torres puso un laboratorio en la bodega de su padre y empezó a elaborar vinos. Fue un paso importante en la empresa familiar, que hasta entonces sólo los embotellaba y comercializaba para venderlos en España y Estados Unidos. El mismo año que Miguel se puso a experimentar, colocó 20,000 cajas de Sangre de Toro y Coronas.

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Los años de investigación de este productor se inspiraron en la clara meta que su padre definió para la casa: "Mantener su centenaria tradición como firma familiar, con proyección internacional, autofinanciada e independiente."

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A 40 años, las pequeñas instalaciones se han multiplicado. Tienen filiales en California: Russian River-Green Valley y el Viñedo Don Miguel; en Chile: las bodegas de Curicó y Manso de Velasco; en Cataluña: Fransola-Mas Borrás, Mas la plana, Milmanda y Gran Muralles; y en China: Zhangjiakou Great Wall Torres. Actualmente los vinos de la casa catalana se venden en 120 países.

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