Un chip para su bolsillo

Un grupo de compañías de servicios financieros y de telefonía introducen en el país un dispositi
Diego Ayala M.

La idea de insertar un chip o microprocesador en una tarjeta se materializó en Francia en 1974, pero fue hasta 1981 cuando iniciaron las pruebas piloto para las aplicaciones prácticas de la primera tarjeta inteligente: como medio de pago en teléfonos públicos (tecnología impulsada por la operadora de telecomunicaciones francesa, France Telecom) y en sustitución de las tarjetas de uso común (de crédito, de identificación personal, etcétera) que operan a base de una banda magnética –más vulnerables a maniobras fraudulentas–.

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La pruebas con el monedero electrónico comienzan una década más tarde, en 1993, por iniciativa de SIBS (Sociedade Interbancária de Servicios, organización de bancos portugueses que emplea el concepto multibanco con el fin de mejorar la eficiencia). A partir de ese momento, surgen una buena cantidad de proyectos en diferentes partes del mundo e inicia la definición de las distintas aplicaciones que podría darse al nuevo dispositivo electrónico.

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La competencia entre las compañías que adoptarían la nueva herramienta en sus operaciones comerciales, así como entre los fabricantes de los plásticos “inteligentes” no se hizo esperar –alentada por su interés por implantar estándares de uso común–.

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Los programas piloto con tarjetas de chip llegan a México en 1991, cuando la recién privatizada Teléfonos de México (Telmex) instaló en Tijuana 5,000 teléfonos públicos configurados para funcionar con la nueva tarjeta; dos años después la telefónica dio el paso hacia la masificación del dispositivo al habilitar otros 250,000 teléfonos públicos en distintos puntos del país –con el paso de los años México se convertiría, con la emisión mensual de 20 millones de tarjetas Ladatel , en el lugar donde el uso de estos plásticos para pagar en teléfonos públicos está extendido como en ningún otro en el mundo–.

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Pero Telmex piensa ir más allá. El año próximo convertirá muchos de estos aparatos de servicio público en cajeros automáticos no dispensadores de efectivo, afirma Juan Mesa Iturbide, director del proyecto de Tarjetas inteligentes en Banco Inbursa (propiedad, al igual que Telmex, de Carlos Slim Helú). Se aprovecharán “las sinergias entre la telefónica y demás empresas de Grupo Carso para la realización de cuantiosas inversiones tecnológicas” que eso requiere.

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La introducción a cargo de Telmex de tarjetas con memoria en la telefonía pública fue exitoso, reconoce Arturo Licón, director de mercadotecnia para México y Centroamérica de Schlumberger, un fabricante y desarrollador de tarjetas de chip, sobre todo porque redujo dramáticamente los costos de operación derivados del maltrato y robo de que eran objeto los aparatos que funcionaban a base de monedas y de la labor que implicaba hacer la recolección de las mismas. El programa fue muy importante para abrir las puertas a nuevos proyectos, agrega Licón, en la medida en que contribuyó a que la población se familiarizara en el uso de los nuevos plásticos.

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Especialistas en tecnología de microcircuito aseguran, sin embargo, que todavía no se le puede considerar el mexicano un mercado maduro en el empleo de tarjetas como medio de pago. Para ello, señalan, hace falta dotar a los chips de funciones múltiples, de modo que puedan usarse, a la vez, como tarjetas de crédito y débito y como monedero electrónico. Pero dado que los bancos no están todavía preparados para llegar a esta fase, advierten que habrá de transcurrir algún tiempo antes de que se pueda pasar de los proyectos de prueba para un público restringido a un uso masivo.

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Eso no implica que, en su calidad de proyectos piloto, resulten irrelevantes. Es el caso de Visa Cash, un monedero electrónico emitido hace 18 meses en el municipio de San Pedro Garza García, Nuevo León, y en el que participan 400 comercios y cinco bancos: Citibank, Banorte, Banco Bilbao Vizcaya (BBV), Serfin y Bancrecer. En la primera etapa se repartieron 10,000 tarjetas, pero hoy –la segunda etapa– suman 100,000, y planean extenderlo a otras ciudades del país. “Hace dos años Visa vio la necesidad de empezar a hacer proyectos piloto a fin de que los bancos pudieran obtener la experiencia necesaria, desde el punto de vista técnico y comercial, para posicionarse como los líderes de esta tecnología”, dice Mauricio Braverman, gerente de Nuevas tecnologías de Visa International México.

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Por las mismas fechas, Banco Inbursa inició su plan (Inbursa/Proton), en el centro comercial Plaza Cuicuilco, al sur de la Ciudad de México. Iniciaron con la emisión de 2,000 plásticos, luego el número aumentó a 120,000 y para finales de año serán un millón (aunque se pretendía que fueran tres millones).

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Existen experimentos más pequeños. Bancomer celebró varios acuerdos; para el manejo de monederos electrónicos en Cinemark (sucursal Pedregal, en el Distrito Federal), para la compra de boletos y el consumo en la dulcería de clientes frecuentes, para la sustitución de vales de despensa de papel por una tarjeta “recargable” en la cadena de autoservicio Gigante, así como para el pago, también mediante una tarjeta, de peaje en algunas carreteras. Banorte impulsa también su programa de monedero electrónico destinado a alumnos de la Universidad de Monterrey (UDM), y Banco Santander Mexicano hace lo propio en la Universidad Anáhuac en la capital del país.

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El caso Mondex
Algo que ha llamado la atención en la industria de medios de pago es la firma, hace unos meses, de un acuerdo entre los tres bancos con mayor número de cuentahabientes, Banamex, Bancomer y Bital (los llamados 3B), para adquirir de Mondex –la división de MasterCard para negocios de dinero electrónico– la licencia para disponer de su infraestructura tecnológica y experiencia en México. Con ello, estas entidades financieras se convierten, a su vez, en la únicas autorizadas para otorgar permisos para la emisión de plásticos con chip montados en la plataforma tecnológica multiaplicación, o Multos. En el medio bancario circulan versiones según las cuales estos bancos invitan a otras instituciones a participar en el proyecto; mientras tanto, preparan los propios con el fin de lanzarlos (aún no definen si independiente o conjuntamente) en algún momento del año entrante.

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Este lanzamiento genera expectativas. A juicio de algunos especialistas, es el detonador que faltaba para popularizar el uso de estos chips en México. Randall Shucken, vicepresidente para América Latina y El Caribe de Tarjeta inteligente y Nuevas tecnologías de MasterCard International, dice por ejemplo que “si en verdad los tres bancos más importantes de México se comprometen con Mondex (empresa filial de MasterCard), esto implicaría una revolución importante en México, y no sólo para la industria de medios de pagos. Seguramente esta plataforma se convertirá en el estándar”.

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Para otros (competidores, por cierto), el de los 3B es un proyecto más. Juan Mesa Iturbide, director del proyecto de Tarjeta inteligente de Inbursa, dice que Mondex no ha podido demostrar en ningún país del mundo la fortaleza que pregona en su publicidad. Más aún, el ejecutivo se dice convencido de que la elección de Mondex a cargo de estos bancos respondió a consideraciones de carácter político. “Mondex está muy urgido por tener presencia en el mundo y, seguramente, algo les ha de haber ofrecido (a los bancos mexicanos) para poder enrolarse con ellos –especula–. El hecho de que Banamex sea un banco (afiliado a) MasterCard y MasterCard posea 51% de la propiedad de Mondex, ha de haber influido de algún modo”. Y agrega: “tecnológicamente Proton es mejor; de lo contrario no lo habríamos seleccionado”.

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El ritmo de los acontecimientos no da tiempo para discusiones. Braverman, de Visa México, dice que lo hecho con Visa Cash es apenas el primer paso hacia la implantación, más adelante, de su tarjeta relacionista, es decir, con distintas aplicaciones. El proyecto de San Pedro Garza García –en consonancia precisamente con esa necesidad– ha cumplido con sus objetivos, entre los que se encuentran el de ayudar a que los bancos participantes conozcan a fondo la tecnología y la manera de aplicarla en operaciones concretas. “Aprendimos que para poder contar realmente con un proyecto masivo necesitamos comenzar con aplicaciones enfocadas a la telefonía y al transporte, de tal manera que sirvan como ancla” de lo que vendrá después. A partir de Visa Cash, asegura, los bancos se han animado a impulsar otros proyectos “inteligentes”, sobre todo en medios universitarios; además de que, apunta, a partir de su desarrollo Visa se dio cuenta de que el monedero electrónico tiene buena acogida entre jóvenes de 15 a 25 años, así como entre las amas de casa, dado que son quienes manejan más dinero en efectivo de poco valor.

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Los universitarios
Visa participa en tres proyectos dirigidos a universitarios. Además del iniciado por Banorte en la UM, interviene en el programa impulsado por Citibank con el Colegio Americano, también en la capital neoleonesa. En la capital del país, este mes de noviembre Banco Santander Mexicano y la Universidad Anáhuac convinieron en promover su propio monedero electrónico. Los términos de estos convenios son similares. Alumnos y empleados de estas instituciones educativas reciben una credencial personal que pueden usar como tarjeta bancaria de ahorro y, dentro de poco, también como monedero electrónico, además de servirles como identificación. “Esto va más allá de la simple implantación de la tecnología del chip –señala Braverman–. Se trata de la unión de las actividades bancaria y educativa por medio de una tecnología costosa y que, por eso mismo, tiene que difundirse para ser rentable.” Los alumnos no sólo usan esta tarjeta-credencial para comprar libros o pagar fotocopias, sino que les da la oportunidad de establecer una relación de largo plazo con los bancos. Desde la perspectiva de los bancos, la situación es todavía mejor. “Como estrategia de marketing es genial –dice el ejecutivo–, (permite) obtener clientes jóvenes que empiezan a solicitar servicios y productos bancarios.”

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Braverman encuentra que las universidades son un terreno de alta fertilidad para la proliferación de las tarjetas inteligentes. Shucken, de MasterCard, tiene otra opinión. Aunque en un plazo mayor, de unos cinco años quizás, opina que su uso será más intensivo en el sector financiero. Lo importante, sesga Rodrigo Serna, director de ventas de Gemplus México, uno de los fabricantes de tarjetas más importantes del mundo, es que la necesidad de todo comerciante de mantener la lealtad de sus clientes hacia sus productos y, en general, la intromisión de las tecnologías de la información en toda suerte de actividades cotidianas generan un ambiente propicio para la multiplicación de estos dispositivos electrónicos. Luis Raúl Vidales, director general de Vilsa DataCard, distribuidor autorizado de productos DataCard, sugiere no olvidarse del papel que tales dispositivos pueden jugar en las numerosas gestiones que los ciudadanos hacen ordinariamente con el sector gubernamental.

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Duelo por ser primero
Carso se mueve en aguas más agitadas. Su proyecto de la Plaza Cuicuilco entra ya en su segunda etapa, consistente en modificar un número creciente de teléfonos públicos para dotarlos de la capacidad para recargar de fondos los monederos electrónicos. Lo hará conforme a un programa, iniciado en octubre pasado, que se propone adecuar, a un ritmo de 1,000 aparatos al día, 250,000 de estos teléfonos hasta julio del año 2000. Como parte del plan, señala Mesa, Inbursa tendrá que instalar los dispositivos para la recepción de pagos con estas tarjetas, afinar los procedimientos de cargo tarjetahabiente-banco-comercio, instalar máquinas expendedoras adaptadas a esta forma de pago e implementar una serie de fórmulas para aprovechar el nuevo dispositivo: controles de acceso, administración de vales, nóminas y cuentas del Sistema de Ahorro para el Retiro (SAR), cajas de ahorro, promociones dirigidas a generar lealtad en los clientes, boletaje electrónico, etcétera.

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Esta infraestructura permite manejar, a partir de un solo número, tarjeta de débito y monedero electrónico, desarrollo de kioscos para pagos de servicios, compras en Internet y depósitos de efectivo.

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Los resultados obtenidos por los diferentes proyectos de introducción de estas tarjetas con chip son, a juicio de sus ejecutores, tan favorables que constituyen el primer paso hacia su masificación. El éxito se basa en cinco elementos básicos, según Licón, de Schlumberger: un estudio-caso de negocio, planeación y desarrollo estructurados, disponibilidad de recursos, celebración de alianzas y visión de largo plazo. Es importante que las pruebas piloto se diseñen pensando en la comodidad de los usuarios, además de proporcionarles un valor agregado, añade. “Los proyectos tendrán futuro conforme se incremente la cultura de los beneficios que representa este tipo de tecnologías y mientras sean rentables y permitan el retorno de la inversión”.

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Para volverse masivos, son necesarios diferentes equipos, como cajeros automáticos, terminales en puntos de venta, así como la migración paulatina y programada de las tarjetas de banda magnética a chip. “Las empresas, instituciones y organizaciones en México ya iniciaron con este tipo de estudios y están en fase de desarrollo –dice Licón–. Estoy seguro de que en cuestión de meses podremos comenzar a ver proyectos verdaderamente masivos”.

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Braverman concuerda en que falta un largo camino por recorrer para generalizar el uso del chip en México, sin embargo, considera que la vulnerabilidad de las tarjetas con banda magnética a los fraudes puede ayudar a la adopción de las tarjetas con chip.

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La primera aplicación realmente masiva se dará con el Registro Nacional Vehicular (Renave), dice Serna, de Gemplus México, que comenzará a operar en junio del 2000.

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Tanto los plásticos manejados por Visa Cash e Inbursa/Proton como los de Mondex México se basan en plataformas tecnológicas diferentes, pero cada uno de estos operadores desearía que fuese la propia la que se imponga en el mercado. ¿Cuál dominará finalmente?

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De acuerdo con Braverman, la estrategia de Visa no es apoyar a un determinado sistema sobre otro. “Queremos que haya una estandarización de la tecnología del chip, en todos los usos: crédito, débito y monedero electrónico. En pocas palabras, queremos lograr la interoperabilidad entre los diferentes sistemas”. El directivo percibe que en el mercado hay una tendencia en ese sentido. “En Europa, que tiene 85% del mercado total de tarjetas de microprocesador, hay varias plataformas y todas son interoperables gracias al estándar EMV (Europa y MasterCard Visa) creado por Europa y (Filial de MasterCard en Europa), MasterCard y Visa”. En crédito y débito, el estándar EMV es compartido por MasterCard, Europay, Visa y Proton. A su vez, más de 90% de los monederos electrónicos en circulación en el mundo funcionan bajo el estándar CEPS (Common Electronic Purse Specification).

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En el caso de Visa Cash, que no es en sí misma una tecnología sino una marca de monedero, “nuestro compromiso es asegurar que cualquier producto que porte la marca Visa Cash sea interoperable –dice Braverman–. Así, cualquier tecnología que cumpla con el estándar CEPS, como es interoperable, podrá portar la marca Visa Cash”.

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Interoperabilidad es el nombre del juego. Al ser Visa International socio de Proton, los estándares y especificaciones que ambos desarrollan son totalmente compatibles para la interoperabilidad, tales como EMV, CEPS y JavaCard, señala Juan Mesa, de Inbursa. “No tenemos ningún inconveniente en que utilicen nuestra tecnología en sus tarjetas, en que los bancos miembros puedan emitir tarjetas Visa Cash y los clientes de los bancos puedan utilizar los teléfonos públicos como puntos de recarga desde sus cuentas bancarias –señala–. Al contrario, eso será grandioso”. De hecho, el ejecutivo vislumbra en un plazo cercano la interoperatividad  entre los monederos electrónicos de Visa Cash con el de Proton y Mondex. “No soy profeta para decir quién va a ganar; lo que sí sé es que Visa, Europay y Proton tienen un mismo concepto, diferente al de Mondex .”

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Inbursa ofrece apoyo a otras instituciones financieras que deseen emitir tarjetas de chip para su programa de eliminación de banda magnética. “La ventaja para los bancos que pacten con nosotros es poder aprovechar para sus clientes la infraestructura que estamos creando, sin tener que hacer inversiones adicionales –comenta Mesa–. Definimos el esquema que más les convenga”.

Terrenos inexplorados
Pero no todo termina con la interoperabilidad de las plataformas. El siguiente paso, dice Braverman, es hacer lo mismo con las aplicaciones de la tarjeta, para rebasar los terrenos bancarios y entrar en otros sectores, como el de las telecomunicaciones. “Será interesante poder meter la aplicación de crédito y débito en un teléfono celular para que el usuario pueda, a través del aparato, consultar su saldo y realizar todas sus transacciones financieras.” Es la siguiente etapa de evolución de la tecnología chip, expresa. “Aquí entran los temas de JavaCard y de la Smart Card para Windows, si es que toma la velocidad que se espera en el mercado. Lo que dan lenguajes como Java es precisamente esa interoperabilidad de códigos.”
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En definitiva, el futuro en torno a los usos del chip es muy alentador en México, dice Mesa, por dos razones. Porque no compiten contra infraestructuras masivas de medios de pagos existentes, como sucede en Europa y Estados Unidos, donde la mayoría de la gente cuenta con una tarjeta y, por lo tanto, es difícil encontrar un valor añadido a lo existente. La segunda razón es que México tiene conocimiento y experiencia en el manejo de esta tecnología, por lo que los proyectos tienen credibilidad y el apoyo de los proveedores para desarrollarlos sin dificultad.

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El futuro es hoy, advierte Vidales, de Vilsa DataCard, y pone de ejemplo el Sistema de Atención Tributaria (SAT), en cuyas aduanas (más de 10) de la frontera norte se utilizan estas tarjetas para aplicar la exención mensual de importación de bienes de consumo para la población local.

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Pero hay una consideración importante, señala Braverman: “implantar la tecnología del chip es una tarea difícil, costosa, compleja, que requiere inversiones importantes”. Por eso es relevante observar, concluye, “que en los países donde se ha logrado masificar su uso, las telefónicas y los bancos apuntan a la misma dirección, comparten las inversiones y los valores agregados de la infraestructura”.

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En otras palabras, la unión hace la fuerza –aún si el tema son los chips.

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